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REPÚBLICA DE CHILE
DIARIO DE SESIONES DEL SENADO
PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 361ª
Sesión 72ª, en martes 26 de noviembre de 2013
Ordinaria
(De 16:15 a 19:46)
PRESIDENCIA DE LOS SEÑORES JORGE PIZARRO SOTO, PRESIDENTE;
JOSÉ ANTONIO GÓMEZ URRUTIA, VICEPRESIDENTE, Y CARLOS KUSCHEL SILVA, PRESIDENTE ACCIDENTAL
SECRETARIO, EL SEÑOR MARIO LABBÉ ARANEDA, TITULAR
____________________
CREACIÓN DE CONSEJO PARLAMENTARIO DE FUTURO EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA


El señor PIZARRO (Presidente).- Corresponde tratar el proyecto de ley, iniciado en moción de los Senadores señor Girardi, señora Alvear y señores Chahuán, Larraín Fernández y Letelier, en primer trámite constitucional, que crea el Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología, con informe de la Comisión de Desafíos del Futuro.
--Los antecedentes sobre el proyecto (7906-07) figuran en los Diarios de sesiones que se indican:
Proyecto de ley (moción de los Senadores señor Girardi, señora Alvear y señores Chahuán, Larraín Fernández y Letelier):
En primer trámite, sesión 49ª, en 6 de septiembre de 2011.
Informe de Comisión:
Desafíos del Futuro: sesión 41ª, en 17 de julio de 2013.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- El objetivo de la iniciativa es crear un Consejo de Futuro que vincule la labor parlamentaria con las ciencias básicas, humanidades y ciencias sociales, disciplinas tecnológicas y artes, entre otras manifestaciones del mundo del conocimiento.
La Comisión de Desafíos del Futuro discutió este proyecto solamente en general y aprobó la idea de legislar con los votos favorables de los Senadores señora Rincón y señores Cantero y Girardi, y el voto en contra del Honorable señor Novoa.
Cabe tener presente que el artículo único del proyecto requiere, para su aprobación, el voto conforme de 22 señores Senadores, por incidir en una norma de rango orgánico constitucional.
El texto que se propone aprobar se transcribe en las páginas 7 a 9 del primer informe de la Comisión y en el boletín comparado que Sus Señorías tienen a su disposición.
El señor PIZARRO (Presidente).- En discusión la idea de legislar.
Tiene la palabra el Senador señor Girardi.


El señor GIRARDI.- Señor Presidente, esta iniciativa permite que nuestro Congreso -tanto el Senado como la Cámara de Diputados- se ponga al día respecto a los desafíos que vienen hacia delante.
Tal vez una de las causas de los conflictos que hemos vivido es la falta de visión prospectiva para anticipar los problemas y prever cómo serán la sociedad y el mundo que vienen; más aún, cuando los cambios científicos y tecnológicos en la actualidad tienen una velocidad mayor a la que existía en el pasado.
Al evaluar cómo la ciencia y el desarrollo tecnológico han ido transformando a la humanidad, se aprecia que uno de los hechos más relevantes desde que somos bípedos fue la capacidad de nuestros ancestros de encender el fuego y usarlo. Ese constituyó un acto de ciencia maravilloso que fue replicado y que data de hace un millón y medio de años. Tal evento cambió el desarrollo de nuestra especie: hizo crecer el cerebro del ser humano y provocó lo que, desde el punto de vista evolutivo, se llama "el salto hacia delante".
En forma muy posterior, quizás con cierta lentitud, se produjo otro avance relevante: la elaboración de las primeras hachas, la utilización de piedras para hacer puntas de lanzas, lo cual data de hace un millón de años.
Después vino otro salto evolutivo, cuando nuestros ancestros lograron cultivar las plantas y domesticar a los animales, lo que ocurrió hace solo 10 mil años. Tal acto de ciencia fue muy importante y llegó aparejado de la invención de la rueda, que marca el comienzo de la civilización.
Entonces, la sociedad comienza a especializarse: unos se dedican a la acumulación y producción de alimentos; otros, al desarrollo del pensamiento, de las instituciones, de la religión. Justamente, en función de esto, nacen la escritura y las matemáticas.
Luego llegan la imprenta y la máquina a vapor. Y así, sucesivamente, hasta evolucionar en lo que somos hoy.
El desafío ahora es mayor porque los cambios se dan a una velocidad muy distinta de la que mostraban en el pasado. La capacidad de memoria se está duplicando cada 18 meses. Los avances científicos y tecnológicos están quedando fuera del ámbito del control de la ciudadanía y de las instituciones. Son tan veloces, acelerados y profundos (los que produce Internet o los que se generan gracias a la biotecnología, la nanotecnología, la astronomía, la astrofísica, la medicina) que muchos de ellos quedan fuera del alcance de la capacidad regulatoria de los Estados a nivel global y, evidentemente, de los ciudadanos.
Hay una brecha democrática. Las personas debieran poder incidir y decidir respecto del destino del planeta; pero, si no están interiorizadas acerca de cómo será el mundo que viene, difícilmente podrán hacerlo. Lo mismo ocurre con los parlamentos: están lejos de la posibilidad de abarcar la magnitud de los procesos, problemas y conflictos que se avizoran, vinculados a la ciencia y la tecnología, todo lo cual va a marcar el siglo XXI.
Este será el siglo de la ciencia y la tecnología, de los avances que se suscitarán a una velocidad tal que, muchas veces, superarán la capacidad de las instituciones democráticas, las que se verán impedidas de contenerlos, absorberlos y direccionarlos. Por eso es tan importante contar con instrumentos de apoyo que permitan enfrentar tales desafíos.
Uno de los grandes debates que se dan hoy día se gestó en 1980, cuando se tomó la decisión de que el patrimonio genético se podía patentar. Pasaron casi treinta años para que recién se empezara a discutir en los parlamentos si tal acto de patentar sería o no en beneficio de la humanidad. Se debate si el ámbito genético es un patrimonio de la humanidad, si es un invento o un legado que dice relación con la historia evolutiva y maravillosa de la vida, desde los primeros seres vivos hasta ahora.
Con treinta años de retraso en los parlamentos del mundo -en el nuestro no; sí en los de países desarrollados- se discuten materias como estas. Se debaten dimensiones éticas en cuanto a la clonación; a que estamos en la frontera de la vida artificial, con posibilidades de crear vida, como lo hizo Craig Venter a partir de una codificación de un genoma humano en un computador; a que el ser humano se halla en la frontera de la inmortalidad, tema que ya recibió Premios Nobel en 2009 y 2012; a la inteligencia artificial.
En el próximo Congreso del Futuro participarán cuatro premios nobel que vienen a hablar de neurociencia -hemos estado en contacto con Miguel Nicolelis, un científico de renombre mundial- y del gran problema que nos depara la inteligencia artificial, que va a evolucionar más rápidamente que la biológica. Muchos científicos piensan que de la inteligencia artificial va a emerger una inteligencia con emociones y conciencia, la que podría superar, incluso, a la inteligencia humana.
Todos esos desafíos implican no solo dificultades económicas y brechas, sino también problemas éticos sobre los cuales se debe intervenir. Sin embargo, ¿cómo lo hace un Congreso que no tiene tiempo para escudriñar y conocer esos desafíos? Hoy día, disponemos de la Biblioteca del Congreso Nacional y de asesorías que ni siquiera nos permiten acercarnos a la magnitud y profundidad de esos cambios.
Por eso, un conjunto de parlamentarios creamos, con el apoyo unánime del Senado, la Comisión de Desafíos del Futuro, que es permanente. Pero también se encuentra en tramitación un proyecto de ley que crea el Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología, que es un chasis de asesoría permanente, para que este Congreso pueda disponer de los instrumentos y elementos necesarios para decidir e incidir en las determinaciones del futuro. El objetivo es que el Parlamento no se transforme en una institución irrelevante por no ser capaz de discutir y profundizar un debate de sociedad contemporánea, pertinente al siglo XXI.
Por otra parte, quiero destacar que está a disposición de Sus Señorías un boletín denominado "Consejo Futuro", que informa que el Presidente de la Cámara Alta brasileña, el Senador Calheiros, uno de los parlamentarios más importantes de Latinoamérica, con altos conocimientos en ciencia, en su oportunidad, señaló: "el desarrollo de nuestra población, depende, en cierto grado, de las respuestas que podamos obtener de las discusiones sobre importantes asuntos de futuro. Con el ejemplo de lo que hace el Congreso chileno, que fue el que nos inspiró, el senado brasileño podrá detenerse en esos o cualquier otro asunto que juzguemos importante".
El Senado brasileño, imitando lo realizado por nosotros con la Comisión de Desafíos del Futuro y el Consejo de Futuro, creó instituciones paralelas que ya están funcionando, y lo hizo sobre la base, justamente, de la experiencia chilena. Lo mismo está ocurriendo en el Congreso argentino. Nos visitaron representantes del Parlamento del país vecino porque van a instaurar una Comisión de Futuro y un Consejo de Futuro, casi como un espejo de lo que hemos hecho nosotros.
Por eso es tan importante que el Senado apruebe en general el proyecto.
Por su parte, estamos dispuestos, evidentemente, a revisar cómo puede funcionar el sistema de la mejor manera posible. De hecho, en el proyecto original habíamos establecido una dependencia de la Biblioteca del Congreso Nacional, pero después de mucha reflexión cambiamos de parecer.
No obstante, lo que no puede haber es la ausencia de una discusión seria sobre cómo un Congreso que quiere ser líder a nivel nacional e internacional puede avanzar en cuanto a decidir e incidir en el mundo que viene.
Tenemos que democratizar el siglo XXI. Y para ello es preciso democratizar el conocimiento y la ciencia, haciendo que el desarrollo tecnológico -que es producto de esta ciencia- esté a disposición del bien colectivo de la humanidad, con el respectivo resguardo de ciertos planteamientos y principios éticos. Porque no se puede llevar a cabo todo lo que la ciencia realice.
Por mi parte, por ejemplo, he sido un firme opositor a la clonación de seres humanos. Pero esta ya es una realidad. Incluso, se podría efectuar en cualquier laboratorio chileno. Y eso, evidentemente, no justifica que lo debamos hacer porque la ciencia lo permite. De manera que aquí la ciencia implica desafíos éticos que tienen que ver también con desafíos económicos.
Por eso, llamamos al Senado a aprobar el proyecto que crea el Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología, que empezó su tramitación en la Comisión de Constitución, Legislación, Justicia y Reglamento, pero que, luego, se radicó en la Comisión de Desafíos del Futuro, porque consideramos que es un aporte al debate, a la pertinencia, al Congreso.
Esto se hace realidad a partir de un trabajo conjunto entre la Cámara de Diputados y el Senado, para que nuestra política no sea irrelevante mañana; para que nuestra política sea pertinente; para que nuestra política pueda gobernar el futuro y hacerse cargo no solo de los problemas que hemos heredado, sino también de las dificultades actuales, a fin de que podamos anticipar los desafíos de un mundo que está cambiando a una velocidad tal que muchas veces no nos damos cuenta de las consecuencias que tendrán esos cambios en los ámbitos sociales, éticos y culturales ni en la forma de llevar a cabo un desarrollo humano sostenible que, al mismo tiempo, esté inspirado en la preservación de valores fundamentales, en la primacía del bien común y en una sociedad más igualitaria y más equitativa.
La brecha que puede deparar la ciencia posiblemente sea aún más profunda que la que hemos vivido en el siglo XX, y de nosotros depende cambiar esa realidad.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra la Senadora señora Alvear.


La señora ALVEAR.- Señor Presidente, el proyecto en discusión persigue crear un Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología que vincule la labor del Congreso Nacional con el mundo del conocimiento.
Me refiero a las ciencias básicas, humanidades y ciencias sociales, disciplinas tecnológicas y artes, entre otras manifestaciones que requieren una vinculación cada vez más estrecha con el Parlamento.
En ese sentido, debemos entender que el legislador se enfrentará a escenarios nacionales e internacionales marcados por mayores grados de incertidumbre y complejidad en las más diversas materias y que le exigirán especial pedagogía y retroalimentación con la ciudadanía, en cuanto a los impactos que esos avances pueden tener en las personas.
En ese mismo orden de ideas, resulta indispensable que la ciudadanía comprenda los mecanismos y regulaciones pertinentes, provenientes de materias altamente especializadas y que tendrán expresión en leyes cada vez más complejas, cuestión que exige de nuestra parte generar los mecanismos que permitan a la ciudadanía una adecuada adaptación y comprensión de la magnitud que esas transformaciones implicarán en la vida diaria de nuestros compatriotas.
Así, entonces, la creación de un Consejo Parlamentario de Futuro que vincule la labor parlamentaria con los mundos del conocimiento pretende contar con un foro de interacción permanente e intelectualmente autónomo que se haga cargo de la compresión de los temas del futuro, a fin de superar las brechas entre el conocimiento experto, la experiencia de los ciudadanos y la decisión legislativa.
En concreto, señor Presidente, dicho Consejo Parlamentario de Futuro persigue ser una estructura jurídica de carácter permanente que le otorgue mayor sustento al trabajo que realiza la Comisión de Desafíos del Futuro del Senado con el mundo de la ciencia.
De esta manera, compartiendo o no lo planteado por el Senador Novoa en la Comisión durante la discusión en general de la iniciativa, respecto a cuál sería efectivamente la naturaleza jurídica de dicho Consejo, me parece fundamental que este Congreso Nacional sea asesorado en profundidad respecto al impacto que tienen y tendrán en la sociedad los avances científicos y tecnológicos que se experimentan día a día, y en concreto, la capacidad de ponderar los alcances que puede tener una u otra normativa en materias altamente especializadas y que requieren de un sólido sustento técnico y científico.
Señor Presidente, democratizar la ciencia y el conocimiento es tarea de todos, porque justamente ahí descansa uno de los pilares de la equidad social.
Por último, me parece que también es posible y necesario en la discusión en particular de este proyecto analizar la factibilidad de extender la labor de ese Consejo a áreas tan importantes como la ambiental, de suyo compleja y de impacto capital en el crecimiento económico, la salud de las personas, la justicia social y la protección del medio ambiente, como también la naturaleza jurídica precisa que este órgano tendrá al interior del Congreso Nacional.
Por esas razones, hago un llamado a los colegas a votar a favor el proyecto en general y a contribuir decididamente a su perfeccionamiento en el debate en particular que se llevará a cabo en la Comisión y, luego, en la Sala.
He dicho.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Sabag.


El señor SABAG.- Señor Presidente, como se ha señalado, este proyecto de ley se inició en moción de los Senadores señora Alvear y señores Girardi, Chahuán, Larraín Fernández y Letelier. Su propósito es establecer una vinculación entre el Congreso Nacional y el mundo del conocimiento en lo que se refiere a ciencias básicas, humanidades y ciencias sociales, tecnología y artes, y es consecuencia de la preocupación por tales temas a raíz de las actividades de la Comisión de Desafíos del Futuro.
En ese órgano técnico la iniciativa se aprobó por 3 votos a favor y uno en contra, y en el curso del debate se hicieron presentes dos asuntos que será necesario ver en detalle durante la discusión en particular: en primer lugar, la naturaleza jurídica del Consejo, que sería bicameral, y en segundo término, el alcance de los campos del conocimiento con los cuales se vincularía.
De todos modos, y teniendo en cuenta que en la normativa se proponen como funciones del Consejo su rol como evaluador del impacto de las innovaciones tecnológicas, proponer políticas públicas, sugerir cambios normativos y administrativos, recibir proposiciones de personas naturales o jurídicas y fomentar el debate público sobre la ciencia y tecnología moderna, se hace imprescindible considerar la posibilidad de dotar a este organismo de mayores facultades y de cierto grado de autonomía, todo lo cual tendríamos que verlo en la discusión en particular, para enriquecer el texto original.
Como se ha señalado, este Consejo de Futuro ha sido imitado exitosamente por Brasil y por varias otras naciones, pues han estimado que realmente el Parlamento debe tener también una visión de futuro en este aspecto.
Por lo tanto, la Comisión recomienda votar la iniciativa solo en general. Y naturalmente se presentarán las indicaciones correspondientes para mejorarlo y hacerlo más efectivo en cada una de sus instancias.
Gracias.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Carlos Larraín.


El señor LARRAÍN (don Carlos).- Señor Presidente, quiero referirme a la posibilidad de la creación de este Consejo, sobre el cual tengo una opinión matizada.
Sí es bueno que el Senado y en general el Parlamento tengan un respaldo para su trabajo legislativo. Mientras más conocimiento y mayor información posea, es probable que mejoren las leyes. Y, francamente, nadie puede estar contra eso.
En reunión interna se nos ha dicho que la creación de este Consejo no aumentaría el gasto, sino que se financiaría con una redistribución del presupuesto interno del Senado. Y me parece que ello abona la idea de instaurarlo.
Sin embargo, me asisten algunas dudas sobre su objetivo general, al que aludió en su intervención el Senador Girardi.
Se plantea que el Consejo servirá para avizorar el futuro.
Según mi humilde experiencia, ninguna porción del futuro es adivinable ni previsible. Además, me parece que aquí hay cierto retintín o aureola de maridaje entre la ciencia y la política, que es una combinación absolutamente letal y que fue muy practicada especialmente por los regímenes totalitarios. Hay que tener una desconfianza negra de que se produzca esa fusión. Ello, por los efectos de Darwin.
Sé que hay asuntos científicos que a mí se me escapan y que hablan muy bien en favor de Darwin, pero ha habido efectos sociales muy dañinos. Por lo pronto, entre los críticos del sistema de mercado se habla mucho del darwinismo social que implica el capitalismo y la competencia que genera. Y eso fusionado con cierto postulado de Nietzsche ha producido cosas penosísimas, porque resulta que todos los ricos de este mundo tienen que ser más ricos precisamente porque están mejorando la especie. Creo que eso es muy malo.
Pero el darwinismo asociado a la política puede generar cosas como la lucha de clases y efectos muy muy negativos en la convivencia. No por nada en la tumba de Carlos Marx, en un cementerio de Inglaterra, la estela dice: "Así como Darwin descubrió las leyes que regulan la evolución de las especies, Carlos Marx ha descubierto las leyes que regulan el avance de la sociedad".
Eso terminó como todos sabemos: con un eufemismo. Se habla del "socialismo real" para resumir matanzas del orden de -no conozco la cifra exacta- 40, 50, 70, 100 millones de personas. Y no todas de una vez. Hace cuatro años murieron 2 millones en el lapso de dos años, en Corea del Norte.
Entonces, yo hago la siguiente advertencia, que puede parecer retórica, pero el tono general de esta discusión ha sido más bien retórico: ¡Ojo con el matrimonio entre la ciencia y la política! No es una buena combinación. Es como el matrimonio entre una lagartija y un gorrión: va a salir una cosa rara y negativa. ¡Puede salir un grifo!
Pienso que hay que estar advertido de esto.
En seguida, me atrevo a decir que los antecedentes de respaldo intelectual se pueden obtener a través del trabajo académico de las universidades, que tienen autonomía, que tienen libertad y que seguramente estarán interesadas en proporcionar esa información a quienes tratan de legislar en áreas tan complejas como la del conocimiento, la de las ciencias y sobre todo la de anticipación del futuro. Se me ocurre que esta última es de las cosas más duras de practicar. El oficio de profeta ya era muy mal visto en el Antiguo Testamento. Y en la actualidad, no digamos nada. Yo creo que, por el contrario, hay que favorecer la continuidad del esfuerzo intelectual universitario. Por ahí estarían mejor gastados los fondos de la nación.
También se ha mencionado la preservación de los valores éticos. No puedo estar contra eso. Desde luego, me gusta oír la palabra "valores" entre personas que normalmente dicen que no hay valor en ninguna cosa y para quienes el relativismo parece ser la regla. Deduzco que cuando se habla de la ciencia se afirma, de manera rotunda y enfática, el valor de las conclusiones de la ciencia.
Por consiguiente, si el objeto del Consejo es afirmar el valor de la dignidad humana, la intangibilidad de la vida, cualquiera que sea su etapa de desarrollo, juzgo que ese organismo podría estar muy bien encaminado.
Concluyo manifestando que me inclino por votar a favor del texto propuesto, en el entendido de que no significa un gasto adicional, pues carecemos de facultad en la materia, y de que se echará mano al acervo de conocimiento universitario, donde pienso que hay material, por decirlo de manera un poco vulgar.
Eso sí, yo esperaría que la dirección del Consejo fuera rotativa, porque la utilización política de un órgano de este tipo le quitaría todo prestigio.
Ojalá en otra etapa de la tramitación del proyecto se pudiera establecer el ejercicio rotativo de la dirección del Consejo, manteniendo los gastos en un mínimo y, de ese modo, ir produciendo un mayor acervo de conocimiento para legislar mejor.
Y eso también se podría aplicar, por ejemplo, a cuestiones jurídicas, porque muchas veces se legisla con claro desconocimiento de lo que establecen la Carta Fundamental, las leyes orgánicas constitucionales e incluso las leyes simples.
Es cuanto puedo expresar sobre esta iniciativa, señor Presidente.
Muchas gracias.
El señor PIZARRO (Presidente).- Senador señor Chahuán, ¿desea hacer uso de la palabra?
El señor CHAHUÁN.- Sí, señor Presidente.
El señor PIZARRO (Presidente).- Según el orden de inscripción, falta todavía para su turno.
Señores Senadores, han llegado a la Mesa dos solicitudes de Comités para abrir la votación. Y como estamos en la discusión general¿
El señor NOVOA.- No hay acuerdo.
El señor PIZARRO (Presidente).- Hay oposición.
En un rato más volveré a recabar la anuencia de la Sala para tal efecto.
El señor NOVOA.- Deseo intervenir por el tiempo que me corresponde, señor Presidente.
El señor PIZARRO (Presidente).- Está en su derecho.
La propuesta era para abrir la votación, pero sin reducir el tiempo de que dispone cada uno de los señores Senadores en la discusión general.
Se halla inscrito a continuación -¡qué coincidencia!- el Honorable señor Novoa.
Tiene la palabra Su Señoría.


El señor NOVOA.- Señor Presidente, en realidad, yo me opuse a que se abriera la votación, no por molestar, sino porque creo que es importante debatir en general el tema y resolverlo en esta instancia. Porque cuando la estructura de un proyecto está equivocada, no es cosa de aprobar la idea de legislar para arreglarla después, durante la discusión particular: en tal caso no es factible corregir ese error original.
Estamos frente a una iniciativa que puede tener la mejor de las intenciones, pero está mal planteada y, en definitiva, no va a lograr ninguno de los propósitos que se persiguen.
Mis antecesores en el uso de la palabra han planteado que el Consejo propuesto tiene por objeto una función asesora y una de vinculación con el mundo de la ciencia.
Y se crea dicho ente dentro del ámbito del artículo 3° de la Ley Orgánica Constitucional del Congreso Nacional.
¿Qué dice esa norma? "Para el ejercicio de las facultades y atribuciones que les corresponden, la Cámara y el Senado tendrán sus propias Secretarías y los demás servicios que requieran¿".
Y un servicio que se requeriría sería el Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología.
Lo cierto es que si solo se está buscando asesoría y vinculación con el mundo de la ciencia, no se precisa tal Consejo, pues nosotros tenemos un organismo, la Biblioteca del Congreso Nacional, cuyo objeto es asesorar al Parlamento. Y si estamos disconformes con la forma como ella cumple sus funciones, corrijámosla.
Sucede que disponemos de una Biblioteca con presupuesto millonario y más de 100 profesionales. No obstante, en la idea de mejorar nuestra función para conseguir mayor comprensión del mundo, se descarta todo eso y se plantea la creación de un Consejo que, atendida su estructura, de ninguna forma podrá asesorar al Congreso Nacional.
Por lo tanto, si el propósito es la asesoría, no me parece justificado el establecimiento del Consejo en cuestión.
Se habla de vincularse con el mundo de la ciencia.
Bueno: el Congreso tiene la obligación de vincularse con el mundo de la ciencia, con el mundo de la cultura, con el mundo de la producción, con el mundo del comercio, con el mundo de la educación. Todas nuestras funciones tienen contrapartes en la sociedad civil, y respecto de ellas es muy relevante la vinculación.
¿Vamos a crear un consejo especial cada vez que necesitemos aquello? ¿La ciencia y la tecnología son más importantes que la cultura? ¿Son más importantes que la educación? ¿Son más importantes que las organizaciones sindicales en un país?
¡Para qué tener, entonces, este Consejo ad hoc, con una estructura que no será capaz de asesorarnos!
De ello no cabe la menor duda. Se trata de un ente integrado por personas muy notables. Empero, para entregar asesoría en cuestiones tan especiales como las señaladas debiera contar con profesionales en la materia, presupuesto, estructura.
En consecuencia, se va a duplicar la estructura que tenemos hoy porque se piensa que, a lo mejor, lo que existe no funciona.
Ahora, si uno analiza el proyecto observa que mediante él se está creando, más que un consejo asesor del Parlamento, una especie de ente, de organismo del Estado.
Porque tiene como funciones "Analizar, debatir y evaluar las consecuencias sociales, económicas y medioambientales de las innovaciones científicas...".
¿Qué tiene que ver eso con nuestra función específica de aprobar leyes?
La materia es muy significativa. Veamos las consecuencias sociales, económicas y medioambientales de las innovaciones científicas. Pero si queremos crear una estructura asesora del Parlamento, la propuesta no lo es. Podrá ser necesaria en el Estado; sin embargo, no podemos establecerla haciéndola pasar como asesora del Congreso.
Desde ese punto de vista, estamos creando una especie de organismo sin tener facultades para el efecto, y también, diciendo que ello no genera mayores gastos. Sin embargo, irroga mayores gastos. Si no, va a ser un ente absolutamente incapaz, insuficiente.
Por otro lado, señor Presidente, debo señalar que durante este año he participado en la Comisión de Desafíos del Futuro, y tengo una opinión crítica acerca de la función que allí realizamos.
Ha habido en esa instancia una serie de debates muy interesantes, pero de lo más disperso que hay: desde el descubrimiento del fuego hasta la teoría de las neuronas, por ejemplo.
Es algo muy atrayente. No obstante, la realidad es que, un poco a costa del erario, se destinan 200 millones de pesos a esa Comisión, en circunstancias de que hay otras que a lo mejor también requieren presupuesto.
Se trata de la única Comisión que tiene personal propio, aparte el de Secretaría.
Y la experiencia, a mi modo de ver, no ha sido buena. No conozco ningún aporte de la Comisión de Desafíos del Futuro a los temas científicos que se debaten en la Comisión de Energía, o a la Comisión de Agricultura o a la de Minería, donde se ven materias de gran repercusión y en las que la contribución de la ciencia podría ser muy significativa.
Entonces, con todo respeto, pido no aprobar en general este proyecto, porque de hacerlo estableceremos una estructura que, en vez de prestigiarnos, nos debilitará, ya que no vamos a cumplir con las expectativas que se están creando.
Si queremos una buena asesoría para el Parlamento en temas de futuro, de ciencia y tecnología, exijámosle a la Biblioteca del Congreso que la preste.
Si deseamos una instancia que se preocupe del desarrollo científico y tecnológico a nivel del país, veamos si puede ser CONICYT o analicemos el rol de las universidades.
Pero no pretendamos, con este proyecto, generar una instancia que, a mi modo de ver, no está adecuadamente concebida.
Por eso me opongo a la aprobación en general de la iniciativa, pues creo que, si ella se concreta, en la discusión particular no vamos a corregir los defectos en comento, que, a mi entender, son muy serios.
Gracias, señor Presidente.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Zaldívar.


El señor ZALDÍVAR (don Andrés).- Señor Presidente, en primer lugar, reconozco que la presentación de este proyecto de ley nos motiva una discusión, que puede ser interesante, acerca de cómo nuestro país afronta en su conjunto el futuro de las nuevas tecnologías, las invenciones, etcétera.
Ello me genera una interrogante en cuanto al papel que cumple al respecto el Congreso Nacional.
Porque si fuera una comisión, podríamos pensar más bien en un ente bicameral destinado al cumplimiento del objetivo planteado y que integrara en su labor a asesores que fueran adaptando la actividad parlamentaria a la modernidad del próximo tiempo.
Este tema se trató en la Unión Interparlamentaria Mundial. Incluso, nos nombraron a 12 personas y durante dos años participamos en un trabajo consistente precisamente en ver cómo adaptar los Parlamentos a los nuevos tiempos. Y se recomendó que estos tuvieran acciones en tal sentido.
En el caso de Japón existe el denominado "Comité de sabios", donde participan 15 a 20 personas de muy alta calidad que piensan en el tiempo futuro y le plantean al Estado las líneas que hay que seguir.
Es otro camino.
Señor Presidente, yo me inclino a aprobar en general el proyecto. No estoy de acuerdo con el planteamiento del Senador Novoa de decir que no, sino que soy partidario de que la idea que se nos propone, que es buena, la implementemos en forma adecuada, evitando las críticas de ese y otros colegas, quienes, a no dudarlo, pueden formularlas con pleno derecho.
No me parece que aquello implique duplicar el papel de la Biblioteca del Parlamento, la que deberá actuar como ente de apoyo a la actividad que desarrolle el Consejo.
Entonces -reitero-, yo propicio aprobar la idea de legislar, para luego meternos a fondo en la forma de incorporar en todo el aparato del Estado -Congreso Nacional, Ejecutivo, Poder Judicial- la existencia de un ente dedicado a pensar el próximo tiempo. Porque la ciencia va exigiendo cada día más, e incluso, los propios Parlamentos deben ponerse al día en el ámbito tecnológico.
Sobre el particular, recuerdo las reuniones que tuvimos en la Unión Interparlamentaria Mundial. Y si leemos el informe pertinente veremos que se hace un reconocimiento al Parlamento chileno por haber tomado acciones conducentes a modernizar su plataforma tecnológica e informática.
En lo personal, cuando se formulaba ese tipo de observaciones, sentí mucho orgullo por pertenecer al Congreso Nacional.
Por consiguiente -insisto-, soy partidario de aprobar en general el proyecto, pese a las observaciones del Senador Novoa, y de adaptar el texto a lo que deseemos realmente.
A lo mejor, podríamos crear una comisión bicameral que cumpliera el objetivo propuesto y que la Biblioteca del Congreso la respaldara incorporando en su trabajo a comités de apoyo integrados por las personas a las que en esta iniciativa se sugiere como integrantes del Consejo cuya creación se plantea.
En tal sentido, reconozco en la observación formulada por el colega Novoa que la composición del referido Consejo parece un tanto híbrida con relación al significado de la sola tarea legislativa, en la medida que para ejercer las funciones pertinentes se incorpora a elementos de la sociedad civil y a parlamentarios.
Pero insisto en que por la vía que propongo es factible hacer correcciones y obtener algo positivo.
Ahora, entiendo que el Ejecutivo algo tiene al respecto. Fernando Flores, quien fue Senador, integró durante este Gobierno un consejo vinculado con algo similar a lo que ahora se plantea.
Entonces, veamos ambas cosas: lo que ha tratado de implementar el Ejecutivo -por lo demás, no ha tenido gran funcionamiento ni ha logrado demasiados resultados concretos- y la forma como el Parlamento lo replica.
En mi concepto, es bueno para nuestro país pensar en el futuro y visualizar cómo respondemos desde nuestras instituciones, sea el Parlamento, el Ejecutivo o el Poder Judicial.
Por lo expuesto, votaré que sí, pero sobre la base de la línea de acción que expuse.
He dicho.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Coloma.


El señor COLOMA.- Señor Presidente, nos hallamos ante un proyecto de ley mediante el cual se crea un Consejo Parlamentario. No estamos simplemente reflexionando sobre cómo deben ser las políticas públicas futuras en materia de ciencia, ni tampoco divagando en torno a cómo podemos ir modernizando nuestro pensamiento acerca de la evolución del mundo.
Se trata de instalar una institución nueva -no existe; por ello se está formando- que no tiene precedente. He estado viendo si ha habido en Chile un consejo parlamentario de esta naturaleza, pero no he encontrado ninguno. O sea, esto es una innovación total.
A mí me surgen, señor Presidente, tres reflexiones que me hacen dudar del contenido final de la iniciativa en debate.
El primero, en la perspectiva del Parlamento: cuál es el rol de esta institución, para qué fuimos elegidos.
Básicamente, se nos eligió para legislar, para fiscalizar (Cámara de Diputados-Senado, una como fiscal, otro como jurado) y para representar a nuestros electores, quienes son, sin duda, la parte más relevante de nuestra función como parlamentarios.
Ahora, no da lo mismo cuáles son los roles: la cuestión estriba en si estos encajan dentro de la institución que se propone crear: una institución que no legisla, que no fiscaliza y que no representa ciudadanamente, sino que debe analizar, debatir, evaluar, sugerir (esto último, en el caso de los cambios normativos y administrativos).
Si queremos que el nuevo ente tenga sentido, honestamente, debo decir que ninguna de esas funciones, por relevantes que sean, corresponde a la creación de una institución donde el Parlamento esté involucrado, pues de alguna manera alteran el recto entendimiento de la función parlamentaria.
Pongo un ejemplo.
Si en determinado momento se sugieren cambios normativos, ¿cuál es la capacidad del Consejo Parlamentario en comento para "Sugerir cambios normativos que permitan fomentar el desarrollo científico y tecnológico del país y corregir sus consecuencias negativas"? ¿Cómo se adoptan las decisiones?
Las decisiones las toman -así se concluye de la integración del nuevo ente- trece miembros, de los cuales solo seis son parlamentarios.
Así las cosas, será perfectamente factible que los siete miembros restantes concluyan algo distinto de lo que opinen los seis parlamentarios en materia de cambios normativos, varios de los cuales pueden ser legislativos.
Entonces, no capto mucho el sentido último de la institución que se crea.
Sí entiendo la necesidad de estar al día en los adelantos científicos.
No hay que reiterar que el mundo va cambiando, pues el Senador Girardi lo dice permanentemente. Y ya no sé de quién descendemos. Porque antes era del mono, y ahora -según escuché-, de las arañas o de los ratones: ¡Su Señoría nos va modificando el origen del hombre...!
Sé que siempre hay que estar debatiendo en torno a las repercusiones sociales, éticas y políticas de la ciencia. Lo asumo.
Pero hay algo que no capto.
Si se estima necesario crear un Consejo Parlamentario y se quiere que tenga presencia real, debe tomar decisiones. Pero en tal caso no entiendo cómo puede adoptarlas haciendo prevalecer por sobre la opinión de seis parlamentarios la de siete miembros que no revisten este carácter.
Trato de entenderlo, y con el mejor espíritu. Pero, al menos desde mi perspectiva, aquello no funciona.
Ahora bien, uno plantea dudas de tal índole no por ser contrario a la ciencia, o a la evaluación, o al debate político. De alguna manera, el propósito es ser cuidadoso y no crear instituciones que al final terminan, o fracasando, o no siendo útiles, o sucumbiendo ante otro tipo de realidades, o -esto puede ser peor- siendo instrumentalizadas por mayorías circunstanciales para instalar en la opinión pública conclusiones que pueden ser muy complejas.
Porque si el día de mañana, tras una votación estrecha, el Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología (¡imaginen lo que eso significa!) evalúa negativamente una política pública del gobierno de turno, eso va a ser un problema no menor.
No hay problema alguno en que hagan aquello la Cámara de Diputados o el Senado, pues cuentan con institucionalidad para ello. Por último, tienen facultades para debatirlo y resolverlo.
Sin embargo, esto puede ser utilizado políticamente o en aras de causas aparentemente nobles y, con el transcurso del tiempo -porque no estamos legislando para los próximos meses, sino para las décadas venideras-, terminar en cualquier cosa.
Yo pregunto cómo se elige a los representantes de las academias de ciencias, cuál será el nuevo rol del Consejo de Sociedades Científicas de Chile.
Señor Presidente, quiero hacer reflexionar en el sentido de que esto, más allá del espíritu original, tiene una complejidad práctica extraordinariamente difícil de resolver.
No alcanzo a entender lo indispensable que resulta el Consejo en cuestión. Y dejo de lado -ello fue abordado por otros señores Senadores- lo del eventual costo que se enfrentaría; lo de cuál es el rol de la Biblioteca. Me parece que no son aspectos menores y que quizás no se hallan bien resueltos.
Y si creamos por unanimidad la Comisión de Desafíos del Futuro -entiendo que además es objeto de visiones distintas de parte de sus mismos miembros, porque acabamos de escuchar a uno de ellos muy partidario de su actividad y a otro más bien contrario- y la tenemos funcionando y reflexionando, no comprendo el sentido del Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología. Lo anterior, más allá de la buena fe de quienes han inspirado la legislación en proyecto.
En consecuencia, llamo aquí a considerar el punto. La cuestión no tiene nada que ver con un tema partidista del momento. Puede tener muchos efectos políticos -¡ojo!- respecto de los roles de los parlamentarios, pero a través de personas que no invisten esa calidad, y eso me provoca una profunda inquietud.
Por eso es que manifiesto estas visiones, en lo personal, más bien contrarias a la iniciativa en debate.
He dicho.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Chahuán.


El señor CHAHUÁN.- Señor Presidente, Honorable Sala, esta es una de las más relevantes discusiones a las que tiene que abocarse el Congreso. Ello obedece al carácter de la política que queremos construir: ¿de carácter minimalista, que enfrenta la contingencia, el día a día, o bien, capaz de generar perspectiva, de generar futuro, de generar un norte, de abrir espacios institucionales para el diálogo social y la construcción de un proyecto colectivo de país?
La iniciativa, como he señalado, reviste suma importancia. Con Marco Enríquez-Ominami, con Álvaro Escobar, con "Teo" Valenzuela, presentamos en la Cámara de Diputados una iniciativa similar, pero no tuvimos la suerte, a diferencia de lo ocurrido en el Senado, de que se creara una comisión permanente de Desafíos del Futuro.
Hoy día contamos con una experiencia que se ha ido implementando, conforme a la cual enfrentamos por primera vez de manera holística las problemáticas del futuro de Chile, sobre la base de la cual integran estas comisiones rectores de universidades, premios nacionales. Y hemos sido capaces de empezar a vislumbrar que podemos originar acuerdos nacionales para llegar a un futuro compartido.
Ha sido también la Comisión de Desafíos del Futuro la que logró dar un paso en términos de crear un Consejo del Futuro, de carácter técnico, que pudiera trabajar, en las materias que nos ocupan, en el sentido de dar lugar a una perspectiva.
Quisiera contar que esta es una experiencia poco conocida incluso por parlamentarios que se encuentran en el Hemiciclo, en la cual hemos podido congregar, en los meses de enero, a miles de estudiantes, de académicos, y compartir con premios Nobel. El Congreso Nacional ha sido patrocinante en esa instancia. Ha sido en ese contexto, con discusión de premios nacionales, con premios Nobel, con la sociedad científica, que efectivamente hemos podido empezar a vislumbrar la concepción de perspectivas para Chile.
¿Por qué lo planteo? Porque, lamentablemente, ¡la coyuntura se come a la política! Hemos visto que, en definitiva, las discusiones en el Hemiciclo, en el Congreso Nacional, terminan siendo impulsadas por las urgencias del Ejecutivo, y ha habido imposibilidad de dar lugar a un espacio institucional para el diálogo social.
Para este último efecto han desarrollado precisamente instancias países afines que han dado el salto al desarrollo, cualitativa y cuantitativamente. Podría mencionar tan solo a Portugal, Nueva Zelandia y, por supuesto, Finlandia, nación esta última que ha sido el modelo para concebir el Consejo Parlamentario de Futuro. Y en estos ejercicios ha sido posible congregar a la sociedad civil, a los empresarios, y también a la dirigencia, a las autoridades, al objeto de abocarse a generar los grandes acuerdos que se necesitan.
Deseo mencionar simplemente el ejemplo del Parlamento finés, que comenzó con una Comisión de Futuro que tras largos años de ejercicio logró institucionalizar y donde fue posible que un cambio radical germinara en veinte años. Fue ahí donde surgió un acuerdo sobre una matriz energética sostenible. Finlandia dependía del petróleo ruso y estaba sometida a los vaivenes de las decisiones de una autoridad que cerraba la llave del petróleo y la dejaba sin combustible. Finalmente llegó a un acuerdo nacional.
En materia de calidad de educación, ese país registraba una de las peores en la Unión Europea, y luego del ejercicio de acuerdo nacional dio el salto cualitativo y cuantitativo que le permitió llegar a ser uno de los que exhiben mejor resultado en el mundo.
Y se podría seguir en cuanto a inmigración, a reformas laborales.
La conclusión es que, cuando los Estados no tienen las posibilidades de abrir espacios de diálogo, no se lleva a cabo la construcción de un proyecto colectivo. Y esto es lo grave.
Advierto que en la sociedad chilena estamos viviendo un proceso complejo, un proceso de cambio de eje en el que hemos visualizado cómo el movimiento social se ha ido radicalizando, por ejemplo, básicamente por la falta de permeabilidad de la institucionalidad. Y cuando ello no existe en el Congreso, en el Ejecutivo; cuando no hay diálogo; cuando irresponsablemente se impulsan expectativas, en último término la sociedad civil comienza a desbordar y a sobrepasar la estructura vigente.
Aquellos que creemos en la democracia representativa, en la democracia de las instituciones, pensamos que es preciso establecer espacios justamente para escuchar a los ciudadanos. Por eso, uno podrá debatir si la estructura contenida en el proyecto de ley respecto del Consejo Parlamentario de Futuro es o no la adecuada respecto de la integración. Eso podría ser materia de un acuerdo parlamentario. Pero lo que no puede ser objeto de discusión es la necesidad de abrir el Congreso Nacional a los ciudadanos. De lo contrario, a este el tsunami va a pasarle por arriba.
Difiero de la opinión de uno de los miembros de la Comisión en el sentido de que el asunto simplemente podría ser resuelto con una unidad técnica en la Biblioteca del Congreso Nacional. El Senador que habla, al menos -y estima compartir el punto con la mayoría de los miembros de la Comisión-, cree en las visiones holísticas, en grandes acuerdos nacionales sobre materias respecto de las cuales la ciudadanía los está pidiendo urgentemente.
Matriz energética: ¡acuerdo nacional ahora!
¿Quién está pensando en el Chile de los próximos veinte años?
Distribución del ingreso: ¡acuerdo nacional ahora!
Ello, al igual que lo que dice relación con dignificar el trabajo, por lo que también se requieren las modificaciones necesarias y las reformas laborales pertinentes.
Por supuesto, hemos de ser capaces de incorporar los avances de la ciencia y la tecnología, para el desarrollo de la medicina y de todos sus campos asociados.
¿Cómo comprender, en definitiva, que el país es de todos y que lo construimos entre todos? Visiones sesgadas, minimalistas, que solo ven los procesos desde una perspectiva economicista, le hacen mal a Chile.
Y, por eso mismo, la invitación es a aprobar en general el proyecto y a buscar un acuerdo político. La materia, a diferencia de lo que creen muchos, es de la mayor trascendencia. Esta es de las iniciativas de mayor importancia; de aquellas que, en definitiva, representan un cambio acerca de qué política queremos construir para los próximos veinte años. Y también dice relación con la circunstancia de si los parlamentarios estamos a la altura de los tiempos.
He dicho.
El señor GIRARDI.- Solicito abrir la votación.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- ¿Habría acuerdo sobre el particular?
No lo hay.
Tiene la palabra el Honorable señor Ignacio Walker.


El señor WALKER (don Ignacio).- Señor Presidente, comparto todas las dudas expresadas en el Hemiciclo acerca de la estructura, la conveniencia, de tal o cual forma jurídica; pero votaré decididamente a favor del proyecto, y quiero explicar por qué.
En primer lugar -hay que afirmarlo con mucha claridad-, la cultura y la ciencia son, en Chile, las invitadas pobres en el proceso de desarrollo. Hemos hecho, como país, muchas cosas de las cuales debemos enorgullecernos. Pero, en un sentido de futuro, registramos un tremendo déficit en el campo de lo más inmaterial, de los grandes temas, como el de la cultura, nivel del espíritu, y el de la ciencia, nivel del conocimiento. Son las dos grandes falencias en nuestro proceso de desarrollo.
En segundo término, en Chile hemos carecido -y hablo en primera persona plural, con un sentido autocrítico, sin apuntar al Gobierno ni jactarnos de lo que hemos hecho o no como Oposición- de una mirada estratégica, de futuro, de mediano y de largo plazo. Vivimos en un cortoplacismo muy vinculado al ingreso per cápita, a cifras que resultan muy estimulantes en muchos sentidos, pero que no dan cuenta de un proyecto de país, de una visión de futuro.
Como Ministro de Relaciones Exteriores del Presidente Lagos, visité Finlandia y asistí a una sesión de la Comisión sobre el Futuro. Me sorprendió que en un Parlamento existiera un órgano semejante, llamado, mucho más allá del ámbito de la ciencia o la tecnología, a abrir nuevas avenidas para el país en su desarrollo a 30, 40, 50 años plazo, y con implicancias muy concretas en ciencias aplicadas, tecnología, desarrollo empresarial, cuestiones ambientales y energéticas, etcétera.
Por lo tanto, ahí se me hizo un primer click acerca de cómo un Parlamento, en forma heterodoxa, puede crear una entidad llamada "Comisión del Futuro". Y confieso que me entusiasmé y me sigo entusiasmando con la idea.
Tercero, todos los estudios de envergadura de los grandes organismos -OCDE, Fondo Monetario Internacional, etcétera- concluyen en que, en Chile, el verdadero talón de Aquiles del desarrollo lo constituyen la innovación, la investigación, el capital humano, la ciencia, la tecnología.
Ahí observamos un déficit, muy acuciante en el caso del sector privado. En lo personal, admiro a este último, así como la capacidad empresarial, el emprendimiento, pero no está invirtiendo en ciencia, en ciencia aplicada, en tecnología. En nuestro país, la relación de inversión en ciencia y tecnología es de dos a uno entre el sector público y el privado. En Europa es al revés: dos en favor del sector privado y uno en favor del sector público. Y es especialmente lo que sucede en Estados Unidos y en Gran Bretaña. Entonces, tenemos un vacío en este aspecto. Es el talón de Aquiles -repito- de nuestro desarrollo.
Más allá de todas las dudas razonables aquí planteadas -son las mismas que me surgen- acerca de la mejor estructura, del mejor organigrama, votaré a favor, porque creo que las buenas ideas hay que aprobarlas. Y no podemos cortarles las alas a iniciativas de esta misma Corporación que van dando resultado.
Con el Senador señor Girardi he mantenido muchas diferencias, en numerosos asuntos, pero Su Señoría sabe que el año pasado asistí los tres días al Congreso del Futuro, en su segunda versión. Suprimí mis otras actividades. Y realmente fue una experiencia extraordinaria, de nivel mundial, el contacto con premios Nobel, con grandes científicos, intelectuales, académicos de las mejores universidades del mundo. Haberlos tenido en la sede del ex Congreso, lleno de jóvenes menores de 22 años -el auditorio estaba repleto-, indica el camino que tenemos que seguir. Y ahí no hubo ninguna estructura ni un gran financiamiento, sino iniciativa, visión, convocatoria.
Ello enriquece el acervo cultural de Chile, en particular en ciencia, en este caso. Es más, quisiera un Consejo Parlamentario o una Comisión de Futuro en esa área. A lo mejor, ni siquiera en tecnología ni en ciencia aplicada: en ciencia pura.
Lo anterior tiene implicancia, por supuesto. Porque realmente tenemos que apoyar lo que están haciendo nuestros académicos. Contamos con muchos que son muy buenos, varios de ellos de clase mundial. Y cuesta establecer redes, porque nos encontramos lejos, aunque sabemos que hoy día estamos todos conectados. Mas hay que crear espacios y desarrollar iniciativas, con visión, para reforzar el esfuerzo que el país ha de hacer en la materia.
Es posible discutir que en vez de un Consejo puede ser una Comisión permanente. Se plantea la limitante de que los integrantes solo podrían ser parlamentarios. Veo que también se propone incorporar, por ejemplo, investigadores. Sin crear una gran burocracia, sin grandes demandas financieras, por la vía de readecuar presupuestos asignados al Congreso Nacional, pienso que podemos costear una idea de esta envergadura.
Por lo tanto, estimo que hay muchas y muy buenas razones para crear una entidad como la que nos ocupa. Ni siquiera hago referencia a una estructura, porque se trata de la aprobación en general. Es algo perfectible. Después vamos a discutir en particular el proyecto.
Como Senador, al menos -creo interpretar también a mi Partido, la Democracia Cristiana, que en 2007 realizó un congreso con todo un capítulo dedicado al asunto-, considero que realmente hay que ponerle ruedas al proyecto. Con mucho gusto, entonces, y a pesar de todas las dudas planteadas, que comparto, votaré a favor de la idea de legislar.
He dicho.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- Puede intervenir la Honorable señora Rincón.


La señora RINCÓN.- Señor Presidente, mi colega Ignacio Walker, Presidente de la Democracia Cristiana, ha relatado de manera muy completa lo hecho por esta Corporación en la Comisión de Desafíos del Futuro. Eso se relaciona con la iniciativa de los Senadores señor Girardi, señora Alvear y señores Chahuán, Hernán Larraín y Letelier, por la importancia que reviste el contar en el Congreso con un Consejo en Ciencia y Tecnología.
A diferencia de quien me precedió en el uso de la palabra, no sacaría la palabra "tecnología". Además, agregaría el concepto de "innovación". Lo hemos conversado muchas veces en la Comisión de Desafíos del Futuro, la cual integro. Creo que un país que apunta a ser desarrollado requiere obviamente ahondar en ciencia, tecnología e innovación.
Este año, a diferencia de los anteriores, en la Comisión decidimos organizar un conjunto de seminarios particulares, especializados en distintos ámbitos. Y en este aspecto, algunos de sus integrantes tenemos una mirada distinta, porque obviamente todo el trabajo que se realice enriquece la labor legislativa de nuestros órganos técnicos.
Hace poco más de dos o tres semanas efectuamos un seminario sobre alimentación saludable en la comuna de Colbún, en el que participaron centros de innovación en materia de ciencia y tecnología del país: acudieron organismos de las Regiones Quinta, Novena, Octava, y el de la Séptima Región organizó el encuentro en conjunto con el Senado. Y quiero rendir homenaje al único funcionario pagado externo de la Cámara Alta, don Juan Walker, quien nos ayudó a que esa actividad fuera posible.
En dicha instancia discutimos no solo de las políticas públicas, de los presupuestos de ciencia y tecnología, sino también de cómo aprovechar los conocimientos en beneficio del desarrollo de Chile, de cómo hacer que los alimentos que nuestros niños consumen y que contribuyen a la obesidad (somos quintos en el ranking mundial de obesidad en población infantil) pueden ser transformados en favor de ellos.
Me explico: si los menores comen completos, pues que estos pasen a ser saludables; que el kétchup que le echan sea un alimento y no un condimento que empobrezca su alimentación.
A mi juicio, el hecho de que el Parlamento -la Cámara de Diputados y el Senado- cuente con un Consejo de las características del que nos proponen los colegas resulta fundamental. La ciencia y la política no son antagónicas: ellas deben conversar, y en forma urgente. El Chile que vamos a construir depende de cómo nos relacionamos con nuestros expertos, con nuestros científicos, con el mundo académico, con los empresarios y con los trabajadores.
Obviamente, en dicho ámbito hay mucho que mejorar en la iniciativa que discutimos hoy día en general, pero sin lugar a dudas, estimo que esta contribuye a construir ese país desarrollado con el que soñamos y por el que -creo- trabajamos todos y todas.
En tal sentido, formulo un reconocimiento a los Senadores señores Cantero y Girardi, quienes han estado empecinados en sacar adelante el Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología.
Gracias.
El señor GÓMEZ (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Hernán Larraín.


El señor LARRAÍN.- Señor Presidente, pienso que la que analizamos es una muy buena y necesaria idea. Hoy día resulta impensable que instituciones públicas con responsabilidad en las definiciones de las políticas del país no estén muy fuertemente imbricadas con el lenguaje del futuro. La ciencia y la tecnología son, al final, un lenguaje, que no solo perfila lo que ocurre actualmente en el mundo, sino que también modela el futuro. Y el anticiparnos a él debería ser parte de la reflexión de los órganos del Estado, pero sobre todo de aquellos que, como el Congreso Nacional, tienen particular responsabilidad en el diseño de las políticas públicas.
Por eso, me he sumado a la moción de los Senadores señores Girardi y Chahuán (entre otros), quienes me invitaron a participar en este proyecto que considero de la mayor importancia, porque creo que debemos generar dentro de nuestro Parlamento una instancia adecuada para abordar estas materias.
Eso sí, en una etapa ya más de detalle en particular me gustaría entrar al análisis más pormenorizado de cuál debe ser la forma estructural del organismo en cuestión. Comparto que tiene que ser bicameral, del Congreso Nacional, sin embargo, siento que ha de ser una instancia muchísimo más parlamentaria.
Conocí la experiencia de Finlandia: estuve reunido con los integrantes del órgano respectivo de ese país, y puedo decir que es esencialmente una comisión parlamentaria. Si mal no recuerdo, se halla formada por diecisiete miembros, que cuentan con asesores, y realizan un gran trabajo que alimenta sus decisiones: toman temas de futuro de mucho interés y ven cómo estos pueden incidir en las definiciones de políticas del Estado, pero particularmente en el propio ámbito legislativo.
Porque ese es su sentido. No nos corresponde a nosotros, como Congreso, hacer difusión de la ciencia y la tecnología, sino que analizar situaciones que estimemos prioritarias como Parlamento, de cara al futuro, a fin de saber cómo se presentarán, qué tipo de dificultades originarán, y sobre esa base anticipar normativas o ir conversando con los otros órganos del Estado, como el Gobierno, sobre las políticas y lo que haya que hacer para prevenir y tomar oportunas medidas de resguardo.
Por lo tanto, más que rechazar la idea de legislar -así lo plantearon algunos-, considero que tenemos que asumir este desafío como Congreso e intentar particularizarlo: examinar qué debe hacer realmente el Parlamento para anticipar esta discusión científica y tecnológica en forma interna, a fin de institucionalizar ese debate.
A mi entender, sería una gran tarea orientar al Consejo más concretamente hacia el análisis de tales situaciones y hacia su impacto en las principales realidades sociales, económicas, culturales, éticas de hoy.
En segundo lugar, debe ser esencialmente una instancia parlamentaria, en la que sus integrantes participen no como miembros de la misma entidad o como consejos asesores vinculados con los comités o grupos parlamentarios, sino de una manera que les permita sostener la conversación, pero en donde la responsabilidad sea legislativa.
Ello, porque el propósito de la institución no es innovar en la ciencia, lo cual es tarea de los científicos junto con el desarrollo y la innovación tecnológica, sino que aprender qué pueden darnos la ciencia y la tecnología para ver cómo proyectar políticas públicas o anticipar el futuro dentro de nuestro ámbito de competencia.
Pienso que tenemos aquí una oportunidad para conversar en esa perspectiva y para avanzar en un proceso que espero dé origen a situaciones como la de Finlandia, pero también en muchas otras legislaturas de distintas maneras. No hay un modelo. Y no se trata de copiar ese sistema, sino de ver, a partir de las propias experiencias que ya hemos estudiado en la Comisión de Desafíos del Futuro y en los eventos a que se refirió el Senador señor Chahuán, entre otros, si ellas nos permiten proyectar un espacio que puede alcanzar gran importancia para el trabajo parlamentario.
Los legisladores vivimos muy concentrados en el día a día, en proyectos contingentes y concretos, y no tenemos mucho tiempo -ni siquiera cuando hablamos de materias científicas- para profundizar en toda la proyección de esos temas, porque nos hallamos comprimidos por un texto legislativo sobre el cual debemos pronunciarnos.
Probablemente, hay muchas áreas donde uno quisiera buscar un espacio para pensar más allá, pero por lo menos hacerlo en esta, que quizás es la que más incide en la vida cotidiana, no de los chilenos sino de los habitantes del mundo, me parece algo de mucho valor.
Por eso, voto a favor de la iniciativa que nos ocupa, y espero poder participar en un debate en particular que nos permita aterrizarla en el sentido que acabo de expresar.
He dicho.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Cantero.


El señor CANTERO.- Muchas gracias por su gentileza, señor Presidente.
En primer lugar, me parece muy positiva la iniciativa y creo del todo necesario votar a favor de ella.
Cuando uno toma el texto, y habiendo escuchado los argumentos, no deja de sorprenderse. Un Senador ha calificado esto como un gasto superfluo. Lo anterior me llama la atención porque el proyecto propone intercalar una frase en el inciso segundo del artículo 3° de la Ley Orgánica Constitucional del Congreso Nacional, entre la expresión "Auditoría Parlamentaria" y una letra que sigue. Pues bien, da la casualidad de que el mismo Senador no tuvo ningún reparo en promover la creación de este Comité de Auditoría Parlamentaria, que por cierto irroga gastos, ¡y gastos millonarios!: solo el Presidente gana más que un parlamentario.
O sea, para fiscalizar a los parlamentarios -en este caso, a los Senadores- no hay ningún problema en poner recursos. Eso no es un gasto superfluo.
Tampoco considero que tengan mucha aplicación cuestionamientos como "¿Para qué crear este Consejo?", "Habría que crear muchas otras cosas". Bueno, si es así, entonces por qué creamos un Comité de Auditoría Parlamentaria.
Quería dejar establecido eso porque advierto que los mismos pensamientos se aplican de una manera para un lado y de manera muy distinta para el otro.
A mi juicio, crear un Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología resulta del más alto interés.
Quiero destacar un informe recientemente publicado por el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad, que hace referencia precisamente a esta materia. Se denomina "Surfeando hacia el futuro", y recoge una serie de reflexiones del Consejo para adecuar la institucionalidad en ciencia y tecnología, innovación y competitividad, con miras a abrir una reflexión que dé respuesta al angustiante derrotero que ha tenido esta institucionalidad, que, de haber estado en un lugar de avanzada, pero vinculada al Ministerio de Economía, ha terminado en la nada misma, desarticulada completamente, casi en el subterráneo, sin ninguna proyección, sin ningún sentido.
El ejemplo que estoy dando recoge efectivamente lo que ha sido esta materia para el Estado chileno. Y frente a eso, ¿qué hace el Parlamento? ¡Nada! Simplemente sigue las urgencias que nos relataba el mismo Senador que cuestionaba este Consejo. ¿Y quién impone esas urgencias? El Ejecutivo. O sea, lo inmediato no deja ver lo urgente, lo trascendente.
Eso debiera ser observado por la Sala y tendría que votarse de modo coherente en el sentido de dar un fuerte espaldarazo para que el Parlamento en su conjunto, Cámara de Diputados y Senado, tenga una estructura que le permita efectivamente una mirada mucho más sistémico-relacional; que rompa con la linealidad, con el sectorialismo, con el cartesianismo que se observa en el trabajo legislativo; que le dé capacidad de reacción en forma proactiva, un poco más eficiente que aquello que conocemos como los proyectos de acuerdo, que en realidad son simple pirotecnia sin ningún efecto real.
Se trata de disponer de un área donde podamos reflexionar en torno a la ciencia y la tecnología, a la innovación y la competitividad.
Considero interesantes los objetivos que mueven esta iniciativa, de la que he sido promotor. De hecho, participé en todas las etapas de su formulación.
El primero de ellos es: "Analizar, debatir y evaluar las consecuencias sociales, económicas y medioambientales de las innovaciones científicas y las nuevas tecnologías".
Es decir, se propone abrir una reflexión, un foco, una atención hacia lo que ocurre en estas áreas y que impacta desde el mundo global hacia lo local; esto es, hacia la cercanía y proximidad territorial de nuestro país, nuestra región, nuestra comuna.
El segundo dice: "Proponer al Gobierno la elaboración de políticas públicas que fomenten programas, planes y proyectos destinados a la innovación científica y tecnológica".
¡Cómo no va a ser interesante esto! Más aún, cuando observamos que, por ejemplo, en materia de institucionalidad no hemos avanzado, sino antes bien, retrocedido.
¿Qué pasa con el Ministerio de Ciencia y Tecnología? ¿Dónde debiera estar? ¿Qué ocurre con el Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad? ¿Qué sucede con los recursos generados por el royalty, que hoy día deben alcanzar a unos 800 millones de dólares y que tenían por objeto dar cuenta de esta línea de desarrollo? Vemos que el Parlamento es simplemente una caja de resonancia de este, sin saber exactamente cómo influir en el destino de tales dineros.
Tales temas me parecen muy relevantes.
Un tercer objetivo: "Sugerir cambios normativos y administrativos que permitan fomentar el desarrollo científico y tecnológico del país y corregir sus consecuencias negativas".
¡Cómo no va a ser importante romper estos estímulos tan perversos que hoy día tiene todo el desarrollo científico y tecnológico en nuestro país!
Incentivamos la publicación de papers. Las universidades han caído en el descrédito, en el desprestigio. La industria mira con desconfianza y con un criterio de mediocridad lo que se efectúa en ellas. ¿Y por qué se hace lo que se hace? Porque el Parlamento y el Ejecutivo no han sido capaces de darse cuenta de que solamente hemos estimulado la publicación de papers en revistas indexadas.
¿Y qué pasa con la transferencia tecnológica? ¡Nada! ¿Por qué? Porque no hay ningún estímulo para hacerla. Al universitario, al académico, al investigador se le paga por publicar en revistas indexadas.
Es decir, estamos contribuyendo al desarrollo de ciencia y tecnología de países desarrollados, sin ningún aprovechamiento para el nuestro. ¡Eso pretende cambiar esta norma!
¿Cuánto patentamiento tenemos en nuestro país? Un número marginal, sin ninguna relevancia. ¿Por qué? Porque sostenemos un enfoque equivocado.
Por eso, estimo muy significativo que el Parlamento dé saltos y avance en esta línea.
Discrepo profundamente del inmediatismo, del reduccionismo, del minimalismo que observo en algunos parlamentarios cuando cuestionan este tipo de materias, un poco en la idea de no hacer reflexión, análisis crítico, prospectiva. Vamos a lo inmediato, a lo urgente; es decir, a lo que pone en la tabla simplemente el criterio del Ejecutivo. ¡Mala cosa!
Se propone también: "Fomentar el debate público sobre las repercusiones sociales, éticas y políticas de la ciencia y tecnología moderna".
Ya se ha dado cuenta de la importancia de esto. Las reuniones llamadas "Cumbres del Futuro", organizadas por el Senado de Chile a través de la Comisión que se ha establecido, han sido hitos históricos donde se ha convocado a un conjunto de los mejores pensadores del mundo, quienes han venido a reflexionar, a compartir, a aportar, a enriquecer. Incluso, después se han distribuido por distintas regiones para potenciarlas. ¡Solo ese evento ya justificaría de por sí este tipo de iniciativas!
¿Qué vamos a hacer con CONICYT? ¿Cómo la vamos a perfeccionar? ¿Qué vamos a hacer con el capital humano? ¡Por Dios! ¡Mil jóvenes salen cada año a sacar su doctorado! ¿Dónde van a trabajar? ¿Qué harán? ¿Cuál es la institucionalidad que les hemos preparado?
El destino que les espera es bastante precario. Van a ir a las universidades a tomar tiza y pizarrón y a hacer clases. En el mejor de los casos, dispondrán de un laboratorio precario. No tenemos una infraestructura, una institucionalidad que actúe efectivamente para dar respuesta a esos miles de jóvenes que volverán con sus doctorados con la aspiración de contribuir al desarrollo.
Me parece muy potente el Consejo Parlamentario de Futuro. Felicito la iniciativa. Me congratulo de haber participado en su gestación y anuncio mi voto a favor.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Tuma.


El señor TUMA.- Señor Presidente, escuché las intervenciones de varios Senadores, sobre todo las de los autores de esta moción -a quienes aprovecho de felicitar-, en especial a los Honorables señores Girardi y Chahuán, así como también a los miembros de la Comisión señores Cantero y Rossi y señora Rincón, que fueron quienes llevaron la delantera en cuanto a motivar al resto de Sus Señorías respecto de una iniciativa inédita en este Parlamento y quizás también en muchos países.
Sin embargo, me decidí a pedir el uso de la palabra tras la intervención del colega Carlos Larraín, quien, a pesar de señalar que va a votar a favor, expresó que la iniciativa podría constituir un atentado en contra de las ideas, de la política, del quehacer político. Y, a mi parecer, está muy lejos de ello.
Los parlamentos modernos se están adelantando a lo que va a ocurrir. No decimos que este consejo va a tener una bola de cristal para conocer el futuro. Lo que sí sabemos es que las naciones se anticipan a los acontecimientos probables en materia de ciencia y tecnología.
Si como país hubiésemos anticipado el futuro del salitre, tal vez nuestro desarrollo, por muchos años, hubiese sido diferente. Lo mismo va a ocurrir seguramente con el cobre, con el petróleo. Es una previsión que tiene que ver con la investigación, con la ciencia, con la tecnología. Y ni este Congreso ni ningún otro pueden estar ajenos a tal avance.
Hubo observaciones acerca de que este consejo estaría compuesto por parlamentarios y por miembros que no lo son. Considero que la gracia de este órgano se halla precisamente en que lo conforman personas de alto prestigio y de gran aporte en materia científica y tecnológica.
Se propone que este consejo lo integren nada menos que "Tres investigadores que hayan sido distinguidos con el Premio Nacional de Ciencias Exactas, o con el Premio Nacional de Ciencias Naturales o el Premio de Ciencias Aplicadas y Tecnológicas".
¡Qué parlamento se puede dar el lujo de contar con un órgano cuyos miembros, aun cuando no sean parlamentarios, tienen un nivel de conocimiento y un reconocimiento en determinadas materias por parte de la ciudadanía o la sociedad que les permite llevar a cabo un trabajo serio que avala o garantiza un buen destino para sus conclusiones!
Creo que precisamente la composición del consejo hace que se cumpla el objetivo para el cual fue diseñado, ya que no legisla, sino que analiza, debate y evalúa; propone políticas públicas; sugiere cambios; recibe proposiciones; fomenta el debate. Es decir, carece de la tuición que tienen las Comisiones permanentes del Senado y de la Cámara Baja para legislar, para normar. Este consejo no norma; tal como está definido, posee carácter asesor. ¡Y qué bueno que se preste en el Congreso una asesoría de ese nivel que permita a los parlamentarios legislar con seriedad y con una mirada de futuro!
En cuanto al resto de sus integrantes, se decía: "Esto se puede complicar, porque cómo vamos a saber quiénes serán sus demás miembros". La respuesta es fácil: el Director de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) es uno solo. Por el solo ministerio de la ley y en virtud del cargo que ocupa va a conformar el Consejo. Y cuando deje el cargo, lo reemplazará la persona que lo suceda.
También lo integrarán:
-Un representante de la Academia Chilena de Ciencias. Esta institución determinará a quién nombrará.
-Un representante del Consejo de Sociedades Científicas de Chile. Idéntica situación que en el caso anterior.
-Un Representante de la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales. Lo mismo.
Es sencillo para esos organismos colegiados escoger un representante ante el Consejo.
¡Qué duda cabe de que el Presidente del Senado es uno solo y de que cuenta con legitimidad para integrar el nuevo órgano! Lo mismo sucede con el Presidente de la Cámara de Diputados.
Además, habrá dos Senadores y dos Diputados elegidos por cada una de las ramas del Congreso. ¿Cuántas veces en el Parlamento escogemos representantes o parlamentarios para distintas misiones o Comisiones? ¿Qué dificultad va a revestir la elección de dos Senadores y dos Diputados por las respectivas Corporaciones, para representarlas ante este consejo asesor parlamentario y de gobierno en materias de futuro?
Creo que los autores de esta moción han sido visionarios.
Felicito a quienes se han involucrado en este proyecto, a los que lo respaldan y a todos los Senadores que han expresado su intención de voto favorable porque, de verdad, me parece que con esto el Congreso se pone pantalones largos en lo relativo a participar con una mirada más de futuro.
Por esa razón, señor Presidente, sin duda y en forma entusiasta, voy a votar que sí.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Espina.


El señor ESPINA.- Señor Presidente, lo cierto es que cuando debatimos este proyecto entre los Senadores de la Alianza tenía serias dudas acerca de él, por varias razones.
La primera, porque me parecía natural que este órgano se constituyera en una Comisión permanente del Senado. Nuestra estructura de trabajo está hecha sobre la base de esos órganos, que tienen facultades y posibilidades de desarrollar iniciativas tan importantes como aquellas orientadas a analizar los avances del mundo en materia de ciencia y tecnología.
Dos de los autores de la moción, los Senadores señores Girardi y Chahuán, expresaron su voluntad y su disposición a perfeccionar el texto tal como viene concebido.
Asimismo, escuché atentamente la intervención del Honorable señor Hernán Larraín, otro de los autores, relativa a que la idea matriz es contar con alguna institucionalidad interna que nos permita avanzar en el desarrollo de la ciencia y la tecnología.
En lo personal, no me queda claro que la estructura planteada sea la mejor.
También tenía un reparo en el siguiente sentido. Sin duda, un órgano de esta naturaleza, bien aprovechado, sin utilización política contingente, constituiría un enorme avance, que podría colaborar muchísimo al prestigio del Parlamento y a la labor que este realiza. Pero, mal utilizado -es decir, con una institucionalidad que dé una visión sesgada de lo que se piensa sobre la evolución de la ciencia y la tecnología-, resultaría más bien un punto de discordia que de progreso.
Así que anuncio que me pronunciaré a favor de la moción, aunque sobre la base del compromiso de sus autores -por lo que valga mi voto- en cuanto a perfeccionarla.
Por ejemplo, me parece que la integración del Consejo no es correcta; que un órgano de este tipo debería tener una composición diferente, con mayor número de parlamentarios; que se tendría que establecer una forma distinta para elegir a sus integrantes, incluso a quien lo va a presidir; que debería analizarse con mayor claridad cuántos representantes van a participar de los organismos vinculados a la investigación, como CONICYT, la Academia Chilena de Ciencias, el Consejo de Sociedades Científicas de Chile, la Academia Chilena de Ciencias Sociales, Políticas y Morales, y otros.
De manera que, como se trata solo de la idea de legislar, al contrario de lo que pensaba hacer antes de este debate y dado que finalmente existe voluntad para perfeccionar o mejorar el proyecto, reitero que voy a votar a favor, fundamentalmente porque si, a pesar de las discrepancias que se expresen y de las tensiones surgidas en la discusión, logramos establecer una institucionalidad que avance, más allá de las consideraciones de la política partidista contingente, en el estudio, análisis y visión de lo que está pasando en el mundo de la ciencia y de la innovación, este consejo podría convertirse en un importante aporte para el país.
Por estas razones, señor Presidente, votaré a favor.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Kuschel.


El señor KUSCHEL.- Señor Presidente, nuestro régimen es presidencialista y el Senado chileno es distinto al de Finlandia, donde existen un esquema parlamentario y una situación, a mi juicio, totalmente diferentes de lo que podemos apreciar aquí.
Yo también soy partidario de avanzar y de dar pasos importantes en materia de tecnología, innovación, competitividad, ciencia. Pero me parece que el Consejo no va a funcionar si queda radicado aquí, donde pasará a ser otra Comisión más de las que ya se han conformado.
Creo que los seminarios científicos que se han hecho y las invitaciones que se han cursado pueden seguir realizándose. Sin embargo, dudo que agregar una estructura como la que se plantea pueda significar avances especiales. Nosotros trabajamos acá sobre la base de Comisiones.
Tengo dudas también, señor Presidente, en cuanto al aspecto constitucional. Bueno, en esta etapa el proyecto es constitucional porque se argumenta que será financiado con recursos de la Biblioteca. No obstante, pienso que a poco andar vamos a estar pidiendo, como siempre sucede, fondos especiales del presupuesto del Ministerio de Hacienda.
Además, considero que las funciones, en la forma en que están descritas en la iniciativa, se alejan de las que corresponden a este Senado. Las nuestras son muy específicas y han sido indicadas claramente por otros Honorables colegas. Nosotros contamos con instancias y mecanismos dentro de las atribuciones y funciones que la misma Constitución señala y, en mi opinión, no nos corresponde incrementar la burocracia parlamentaria so pretexto de ideas, necesidades y funciones insuficientes.
Finlandia es un país que funciona sobre la base de empresas muy importantes y generadoras de tecnología -Nokia, por ejemplo- y otras de menor envergadura, que han configurado un cluster. Y me parece que en esa nación, que se pone como modelo, el Parlamento, en vez de estimular tales iniciativas, en algunos aspectos incluso ha sido un freno para el progreso de las empresas.
Por ello, considero que tenemos que estimular los estudios en materia de ciencia, tecnología, innovación y competitividad, pero sobre la base de la libertad que los propios científicos e innovadores quieran, sin generar un marco rígido -como irremediablemente ocurrirá con esto- en función de las ideas o preferencias de las autoridades del momento.
Por último, señor Presidente, puse mucha atención a las expresiones del Senador Cantero respecto de cómo nosotros hoy día estamos priorizando solamente la publicación de papers en determinadas revistas y fallando -en sus palabras- en la distribución, transferencia y aprovechamiento masivo de ese conocimiento. Este, a mi juicio, debemos promoverlo como país a través del Gobierno, de todos los ministerios, pero no mediante la instancia que se propone instalar aquí, en este Congreso.
Gracias.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Orpis.


El señor ORPIS.- Señor Presidente, voy a votar a favor de la idea de legislar respecto de este proyecto de ley.
Tal como señalaron quienes me antecedieron en el uso de la palabra, no solo el Parlamento, sino, en general, la actividad política está muy inmersa en la coyuntura política. Y es lícito y legítimo que así sea. Sin embargo, los países se desarrollan y se consolidan en la medida en que tengan miradas de mediano y largo plazo.
Quizás eso le falta a la actividad pública y al quehacer político y parlamentario. Por lo tanto, yo valoro el hecho de que pueda existir una instancia en la que, saliéndonos de la coyuntura, exista una mirada de mediano y largo plazo.
Dicho esto, señor Presidente, anuncio que presentaré un conjunto de indicaciones, porque, al examinar la experiencia que ha habido con el actual sistema, siento que en una nación como Chile no puede tratarse de cualquier tema de ciencia o de cualquier tema de futuro. Sobre la base de un diagnóstico que se haga del país, el gran aporte que puede realizar un órgano como el que se está proponiendo es influir en la toma de decisiones en ámbitos donde existen debilidades.
Y lo quiero graficar con un ejemplo muy concreto.
En la Comisión de Minería y Energía de este Senado hemos procurado no solamente ver la coyuntura energética, sino también ser capaces de mirar lo que viene hacia el futuro. En esa línea, nos tocó visitar varios países, particularmente Estados Unidos (Silicon Valley) y Corea, donde hoy la tecnología y la innovación se encuentran en torno a las redes inteligentes. Y eso no se halla presente en el debate chileno. Es una nomenclatura que no existe acá.
Coloco este ejemplo, señor Presidente, porque, si el nuevo órgano pretende efectuar algún aporte, lo primero que debe hacer es definir una agenda temática que gire en torno de determinadas prioridades del país y perseguir como objetivo influir en áreas específicas, no solo en el trámite legislativo, sino también en los gobiernos de turno, para que tengan miradas respecto de ciertos asuntos. Porque el futuro es algo que nos debería acercar más, transversalmente, a diferencia de la coyuntura, que normalmente nos divide.
Con estos reparos, señor Presidente, voy a aprobar la idea de legislar. Considero indispensable que el esquema que estamos aprobando en este proyecto de ley dé garantías de que habrá una agenda temática en función de las prioridades que presente el país, para influir donde se toman las decisiones, que es el Gobierno o el mismo Parlamento, en torno a determinadas iniciativas, ya sea que se estén tramitando en el Congreso o que se impulsen a partir de la propia instancia que se cree. Ese es el único sentido que puede tener, en mi opinión, un consejo en esta materia.
Creo que las abstracciones son muy valorables, pero, cuando enfrentamos desafíos de importancia, en que se requieren iniciativas, no podemos desperdiciar un aporte de esta naturaleza, con la estructura que estamos creando mediante la ley en proyecto. De lo contrario, nos vamos a quedar, tal como lo dije antes, en disquisiciones de carácter dialéctico, abstracciones, en circunstancias de que lo que necesitamos es que estas reflexiones se traduzcan en cosas muy concretas, como la capacidad de influir en decisiones de mediano y largo plazo respecto de ciertas prioridades del país.
He dicho.
El señor PIZARRO (Presidente).- Puede hacer uso de la palabra el Honorable señor Rossi.


El señor ROSSI.- Seré muy breve, señor Presidente, porque en realidad lo más sustantivo ya se ha dicho.
Me quedo con las palabras del Senador Orpis, quien decía que ojalá esta fuese una instancia resolutiva, que avanzara en cosas concretas y que influyese en las decisiones de mediano y largo plazo. Tal orientación constituye el principal fundamento político para que hoy día en el Senado se discuta la creación de una institucionalidad con las características descritas.
Uno nota que existe una profunda disociación -esa es la realidad de nuestro país- entre el mundo científico (por ejemplo, quienes trabajan en los ámbitos académico, de la innovación, del desarrollo tecnológico) y el mundo político. La verdad es que tal disociación hace imposible que quienes debatimos, reflexionamos y decidimos ciertas políticas públicas para el desarrollo de la nación podamos vincularnos de manera fuerte con todo ese ámbito del conocimiento tan importante en Chile.
Por eso es relevante que se haya formado la Comisión de Desafíos del Futuro. Con ella se han realizado seminarios tremendamente interesantes. Hemos abordado temáticas que nos afectarán más adelante y otras que ya nos han golpeado fuertemente, como ocurre con todo lo relativo a la cuestión energética, a los avances en inteligencia artificial, al desarrollo científico, al calentamiento global, al cambio climático y al aumento del envejecimiento en las personas.
Este último tema me fascina mucho. La población envejece a ritmo creciente. La expectativa de vida en el siglo pasado, en 1920 o 1930, en Santiago de Chile, era de 40 a 45 años. Hoy día se halla por sobre los 80. Y esto tiene implicancias desde el punto de vista de la salud, del gasto del Estado, de la calidad de vida, en fin.
Y, así, se han debatido muchas materias, como el desarrollo de las ciudades, etcétera.
Por ello, resulta fundamental que exista una instancia de este tipo, que nos permitirá discutir, reflexionar y proponer cambios legislativos con una mirada de futuro.
Asimismo, nos facilitará establecer un vínculo con el trabajo que realizan, como ya dije, diversas organizaciones e instituciones del mundo académico y científico, con el objeto de producir un diálogo fluido en el día a día para iluminar la generación de políticas públicas y proyectos de ley en consonancia con tales materias.
En consecuencia, con mucho entusiasmo anuncio que voy a votar a favor de la iniciativa, sin perjuicio de las modificaciones pertinentes que se efectúen durante la discusión en particular.
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Quintana.


El señor QUINTANA.- Señor Presidente, a mi juicio, una de las pocas buenas noticias que se han dado con relación a la educación superior en Chile tiene que ver con lo que está ocurriendo en muchas regiones. En los últimos años se ha comenzado a hacer ciencia de alto nivel gracias a la aplicación de algunos programas del Ministerio de Educación, concretamente, el de Mejoramiento de la Calidad y la Equidad de la Educación Superior (MECESUP).
Ello implicó dotar de talleres, de laboratorios, de aulas a muchos centros de investigación en Chile, especialmente en regiones -insisto en eso y lo subrayo-, lo cual, sumado al hecho de mejorar el capital humano avanzado, permite concluir que se están empezando a lograr resultados bastante interesantes.
Sepan ustedes que en La Araucanía se hace ciencia básica de altísimo nivel y, también, ciencia aplicada en áreas tan sensibles como la medicina, la biotecnología, las ciencias pecuarias, la informática, la neurociencia, la psicología experimental, a partir de núcleos de especialistas que muchas veces se relacionan no con el nivel central, sino directamente con algunos circuitos internacionales. La Universidad de La Frontera y la Universidad Católica de Temuco han sido pioneras en esta materia.
La investigación tanto en ciencia como en tecnología poco a poco comienza a salir de la Región Metropolitana. Es bueno destacar el punto. Pero ello no se refleja en el proyecto en debate con la claridad que me gustaría.
Por supuesto, voy a votar a favor de la idea de legislar.
Valoro el esfuerzo que han hecho en esta materia muchos Senadores: los señores Girardi, Chahuán, Rossi, entre otros.
Sin embargo, llama la atención la mirada centralista que esta iniciativa tiene sobre la institucionalidad de la ciencia y la tecnología en nuestro país, pues se trata de dotar al Congreso Nacional de un ente especializado que lo asesore.
Existe la duda conceptual de no saber qué será este órgano finalmente. No queda claro si se trata de un consejo de ciencias, de un ente asesor del Congreso Nacional o de un espacio de discusión y análisis prospectivo.
Otra inquietud que persiste es qué pasa con las ciencias sociales y las humanidades. ¿Acaso los sociólogos, antropólogos, politólogos, filósofos, psicólogos, historiadores no tienen nada que decir respecto del futuro de Chile? Porque el futuro no es solo ciencia aplicada y tecnología, con todo el valor que eso conlleva, especialmente en regiones -lo subrayo-; también es nociones del hombre y de la sociedad.
Por eso, creo que en la discusión particular debiéramos revisar el contenido del proyecto, incluso desde el punto de vista conceptual.
Chile presenta un déficit en capacidad de generación de pensamiento e inteligencia estratégica. Tal carencia dio sentido a la creación de nuestra Comisión de Desafíos del Futuro, entidad que existe en otros parlamentos del mundo (Suecia, Finlandia). Sin embargo, no vemos que ella esté haciendo una contribución en tal sentido ni que la propuesta que se plantea vaya a resolver el problema.
Hoy día el desarrollo de ese pensamiento estratégico lo realizan en nuestro país consultores privados, nacionales y extranjeros, quienes venden sus estudios a decisores privados. Me atrevería a decir que la SOFOFA y la Corporación de la Producción y el Comercio saben más de los escenarios futuros que el Gobierno o el Congreso Nacional.
Desde ese punto de vista, estoy dispuesto a aprobar el proyecto. Creo que el Parlamento no se puede quedar atrás, pero tampoco se trata de crear por ley una oficina en la Biblioteca con dos profesionales. Eso no es un consejo de futuro ni mucho menos lo que esperamos que sea: un espacio prospectivo.
Con todo, estimo que esta iniciativa podrá ser mejorada en la discusión particular.
En consecuencia, la votaré a favor.
He dicho.
El señor PIZARRO (Presidente).- Si le parece a la Sala, se abrirá la votación.
Acordado.
En votación la idea de legislar.
--(Durante la votación).
El señor PIZARRO (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Lagos, para fundamentar su voto.


El señor LAGOS.- Señor Presidente, de las intervenciones de mis colegas, percibo que hay una opinión favorable en orden a avanzar en este derrotero. Si bien se han planteado muchos cuestionamientos razonables respecto de la estructura de este Consejo y de cómo operaría, lo central es determinar si el Congreso chileno puede hacer una contribución y estar a la altura de los desafíos que vienen.
Lo que nos propone el proyecto ya se ha dado en parlamentos de otras latitudes. Y también ha sido materia de distintos gobiernos en diversas instancias en los últimos 20 a 25 años. Basta revisar la literatura disponible al respecto para conocer las comisiones, los comités, los grupos de expertos que se han establecido en diferentes países para generar una mirada de futuro y pensar en los desafíos venideros. Eso se ha hecho en Inglaterra, en Australia, en Nueva Zelandia, en muchos países de Europa.
¿Y qué plantea la iniciativa? Una posibilidad. Se propone crear una institucionalidad que no se halla claramente definida. Por lo mismo, se ha expresado preocupación por distintos elementos, que habría que mejorar.
También me quedo con lo dicho por el Senador Quintana recién en cuanto a las regiones: dicho Consejo no debe ser una cuestión centralista.
Pero lo fundamental acá es que nunca está de más contar con una institucionalidad que permita pensar en desafíos reales. No cuesta nada festinar el asunto preguntando de dónde venimos, si del mono o de la araña, como sostuvo el Senador Coloma. Lo concreto es que tenemos desafíos como país, y sería interesante que tuviéramos de dónde asirnos para enfrentarlos.
¿Qué hacemos con relación al tema de la migración? Hace 150 años en Chile esta cuestión se veía de una forma y hoy presenta una naturaleza distinta.
¿Qué hacemos con relación al desarrollo en energía y medio ambiente?
¿Qué hacemos con relación al tema demográfico en nuestro país? Ocurre que los chilenos cada día tienen menos hijos, lo cual va a influir en nuestro desarrollo futuro. Hay países con una población que crece en forma exponencial en comparación a nosotros. Esto afecta nuestra capacidad de desarrollo: tenemos mercados más reducidos, somos menos atractivos, generamos una menor capacidad económica. Todo ello causa un impacto en el tipo de nación que construimos.
Por eso, creo que organismos de esta naturaleza nos pueden ayudar en tal sentido.
Alguien dirá: "Tal vez existen mejores fórmulas que esta". Puede ser. Pero esto es lo que hoy día hay sobre la mesa. Y yo pregunto: ¿Por qué no abordarlo responsablemente como Parlamento? Acotemos la iniciativa: veamos cómo se va a componer el Consejo que se crea y cuál será su estructura.
Ahora bien, tengamos claro que aquí se puede producir un problema de precedente, que es preocupante. Habiendo una buena razón para acoger esta propuesta, tal vez terminemos con un número importante de consejos en otras áreas, lo cual no sé si sería deseable.
En todo caso, no me parece adecuado que, de buenas a primeras, cercenemos el proyecto a partir de preocupaciones legítimas. Si se llegara a ese extremo, nos haríamos un flaco favor.
Advierto que una cantidad significativa de parlamentarios mira esta idea con buenos ojos. De hecho, todos los que han participado en la Comisión de Desafíos del Futuro -salvo uno, según lo que he escuchado hoy en este Hemiciclo- tienen una opinión razonablemente buena de lo que se ha producido en su interior.
Algunos dicen que las materias que aborda dicho órgano son dispersas. Bueno, yo pienso que los temas de futuro -se lo señalo al Senador Novoa, por su intermedio, señor Presidente- son muy dispersos.
Tal vez los miembros de esa Comisión deberían involucrarse aún más para enrielar mejor su funcionamiento y darle un hilo conductor. Es deseable que ella esté integrada por Senadores motivados en esta área, a fin de generar un conjunto de propuestas y desarrollar tareas a futuro que permitan llevar a cabo una labor más productiva.
Por último, a diferencia de otros parlamentarios, en esta oportunidad, voy a concurrir con mi entusiasta apoyo a la propuesta del Senador Girardi.
El señor PIZARRO (Presidente).- ¡Eso sí que es extraño, Su Señoría¿!
Tiene la palabra la Honorable señora Allende, para fundamentar el voto.


La señora ALLENDE.- Señor Presidente, deseo reafirmar mi voto positivo a esta iniciativa.
Considero importante la discusión que se ha dado en la Sala y también, desde luego, la creación de la Comisión de Desafíos del Futuro, cuyo nombre lo dice todo. Valoro su existencia y felicito a sus integrantes por las actividades que se han desarrollado.
Pienso que con la creación del Consejo Parlamentario de Futuro en Ciencia y Tecnología estamos dando un paso más, que, probablemente, es perfectible.
Pero hay una realidad dada.
Chile cuenta con un buen nivel de científicos. Obviamente, no podemos compararnos con el que exhiben los países más desarrollados, que invierten muchísimo más en esto. Pero igual es bueno el nivel que presenta nuestro país, en general, en desarrollo de ciencia y calidad de investigadores.
El problema radica en la gran disociación que existe entre el mundo científico y el mundo político o el resto de la sociedad. Estimo que nosotros, como legisladores, estamos llamados a reducir esa brecha y a propiciar un diálogo permanente entre esos ámbitos, el cual hoy día no se realiza, sobre todo, con relación a temas de futuro.
Asimismo, como país, no nos damos cuenta de nuestras falencias.
Hace poco conversé con unos biólogos, quienes me comentaron lo absurdo que resulta, considerando que las investigaciones científicas son a largo plazo, que CONICYT financie los proyectos por dos o tres años. Ese tiempo es absolutamente insuficiente para conseguir resultados científicos y hacer el seguimiento necesario.
Debemos hacernos cargo de esas realidades.
Muchas veces hemos sostenido que el país invierte poco en investigación. Con todo, como dije, hay una cantidad importante de buenos científicos. Sin embargo, el mundo político no dialoga con ellos. Por eso el nuevo Consejo será una ayuda en ese sentido. Es un paso adelante que generará ideas y abordará temas y desafíos hacia el futuro, todo lo cual resulta extraordinariamente importante.
Señor Presidente, voto a favor de la idea de legislar.
Me parece que el proyecto es totalmente perfectible. Algunas inquietudes se podrán analizar y resolver en la siguiente etapa legislativa. Pero lo relevante es que estamos dando un paso hacia delante. Y celebro que lo hagamos.
Deseo, sí, que esto vaya acompañado de lo que a mí me preocupa -espero que lo tomemos en serio-: de instancias de diálogo, de mayor contribución y participación.
Como legisladores, que nos hacemos cargo de ciertas políticas públicas, requerimos tener más conocimiento -y bien fundamentado- sobre distintas materias, algunas de alta complejidad y supersensibles para el futuro del país. Normalmente, no contamos con un espacio tan acabado a ese efecto. Está la posibilidad de las asesorías, pero ellas nunca llegan al nivel de profundidad o de conocimiento complejo que se requiere.
En consecuencia, señor Presidente, estimo que lo propuesto es positivo para el Congreso Nacional, especialmente, para el Senado.
Esperamos que en la discusión particular se realice un análisis más detallado del articulado, a fin de resolver las dudas que han surgido.
Voto afirmativamente, porque me parece bien el paso que estamos dando.
El señor LABBÉ (Secretario General).- ¿Algún señor Senador no ha emitido su voto?
El señor PIZARRO (Presidente).- Terminada la votación.
--Se aprueba en general el proyecto (23 votos a favor, 5 en contra y 1 pareo), y se fija plazo para presentar indicaciones hasta el lunes 13 de enero de 2014, a las 12.
Votaron por la afirmativa las señoras Allende, Alvear y Rincón y los señores Bianchi, Cantero, Chahuán, Espina, Frei (don Eduardo), García, Girardi, Gómez, Lagos, Larraín (don Hernán), Larraín (don Carlos), Muñoz Aburto, Orpis, Pizarro, Quintana, Rossi, Sabag, Tuma, Walker (don Ignacio) y Zaldívar (don Andrés).
Votaron por la negativa la señora Von Baer y los señores Coloma, Kuschel, Novoa y Prokurica.
Se abstuvo el señor Pérez Varela.
El señor HORVATH.- Señor Presidente, solicito que se agregue mi voto positivo.
El señor PIZARRO.- Se deja constancia de su intención de voto favorable, señor Senador.