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REPÚBLICA DE CHILE
DIARIO DE SESIONES DEL SENADO
PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 359ª
Sesión 20ª, en jueves 19 de mayo de 2011
Especial
(De 10:47 a 20:58)
PRESIDENCIA DE LOS SEÑORES GUIDO GIRARDI LAVÍN, PRESIDENTE,
Y JUAN PABLO LETELIER MOREL, VICEPRESIDENTE
SECRETARIO, EL SEÑOR MARIO LABBÉ ARANEDA, TITULAR
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EXTENSIÓN DE POSNATAL


La señora RINCÓN.- Señor Presidente, cuesta entender la lógica del Gobierno y de los señores Senadores de la Coalición por el Cambio. Porque vemos que el debate se ha centrado, como lo hizo presente el Senador Escalona, en un asunto menor.
No daré ejemplos que pueden resultar odiosos, pero, claramente, 35 millones de dólares no son una cifra sideral.
Cuando se repasan las intervenciones del Presidente de la República donde anuncia sus grandes reformas sociales y donde pone la extensión del posnatal a seis meses como una de las más importantes de su Administración, uno no logra entender que se haga cuestión por dicha cantidad de dinero y se le diga al país que nosotros evitaremos que las mujeres puedan disfrutar de esta, "la" reforma del Primer Mandatario.
Pero más me extraña aún que se ignore la historia. Porque este derecho de las mujeres trabajadoras se ganó, como bien indicó el Senador Escalona, en 1924, cuando se reconoció el Convenio N° 3 de la OIT y este pasó a formar parte de nuestra legislación. Luego se incluyó en el Código del Trabajo: seis semanas antes del parto, seis semanas después.
Su financiamiento era distinto. En sus orígenes, era de cargo del empleador. Con posterioridad se incorporó en las cotizaciones de salud, pero, ya que quienes administraban estas cuentas reclamaron que les salía muy caro, finalmente fue asumido como un costo del Estado.
Si uno piensa en la importancia que reviste para el país el que existan más niños, parece justo proteger a las mujeres trabajadoras y aportar al financiamiento de su posnatal.
Hoy, después de una reflexión de carácter económico, se llega a la conclusión de que es necesaria la extensión del posnatal a seis meses, tanto por la necesidad de que las madres pasen más tiempo con sus niños como para transparentar la fórmula con que los médicos y las madres logran dilatarlo a través de una suerte de disfraz de las enfermedades graves del hijo menor de un año.
Pues bien, el 15 de marzo, después de un gran anuncio, el Presidente presenta para su discusión en el Parlamento un proyecto que no se llama "extensión del posnatal", sino "creación de un permiso parental", asociado a la idea de que el padre comparta la responsabilidad por los niños, sustentado en tres principios inspiradores.
El primero, basado en el aumento del tiempo en que las madres permanecerán con sus hijos; el segundo, en la posibilidad de que los padres también sean partícipes del beneficio, y el tercero, en la ampliación de la cobertura.
Es cierto que ninguno de los dos últimos principios fue anunciado como promesa de campaña. Y cuando los leímos, los felicitamos y los compartimos. Después, luego de analizar el texto de la iniciativa, nos fuimos dando cuenta de que la extensión del posnatal, presentada como un tremendo triunfo y, además, como el cumplimiento de una promesa de campaña, traía aparejada la pérdida de derechos.
¿Cuáles? El fuero maternal: este se reducía.
¿Cuál otro? El derecho a amamantamiento durante jornadas parciales.
Nos pareció que eso no correspondía.
Y, adicionalmente, se sancionaba a las mujeres del sector público y se introducían modificaciones en los contratos por obra o faena y a plazo fijo.
Se trata de cosas que nunca estuvieron encima de la mesa, ni en una promesa de campaña, ni en ninguna conversación de café, al menos no en las nuestras.
¿Qué le dijimos al Presidente? Que no podíamos legislar en esas condiciones; que no estábamos dispuestos a engañar al país diciendo, por un lado, que otorgábamos un beneficio -que no era, por cierto, el mismo que hoy tienen las mujeres-, y por el otro, que quitábamos derechos.
Sostuvimos varias conversaciones, algunas por separado, hasta que entendimos que debíamos hablar solo algunos, porque, si no, empezábamos a enredarnos. ¿Y qué ocurrió? Logramos que el Gobierno nos dijera, a través de sus Ministros y parlamentarios, qué se hallaba dispuesto a ofrecer.
Señor Presidente, en esta hoja aparecen las notas que tomamos con el Senador Rossi ayer en la mañana. En ellas no figura lo mismo que se dijo que nos habían ofrecido en una conferencia de prensa realizada hoy, a las cuatro de la tarde, ofrecida por parlamentarios de la Coalición más algunos independientes, aunque aún no tenemos certeza de quiénes son los independientes que firmaron el acuerdo.
En concreto, lo que a nosotros se nos ofreció en la mañana no coincide con lo que se comunicó al país como un acuerdo con ciertos independientes.
Sin embargo, había un avance. La cobertura aumentaba del 40 por ciento -era lo que nos habían señalado como tope- al 60. Pero no se aceptaba algo que considerábamos importante: disminuir de ocho a seis la exigencia de cotizaciones. ¿Por qué? Porque todos sabemos que las mujeres y los hombres temporeros de nuestro país no alcanzan a registrar ocho cotizaciones en el período establecido y que, por tanto, quedan fuera de la posibilidad de acceder al beneficio.
Les pedimos rectificar aquello. Y no solo eso: además, cambiar la forma de calcular el subsidio, pues, tal como se halla dispuesta en el proyecto, si un trabajador gana el sueldo mínimo (172 mil pesos, aproximadamente), con 8 cotizaciones divididas en 24 meses no sacará un subsidio superior a 57 mil pesos.
De eso estamos hablando.
Nos parece, igual que a ComunidadMujer, un "poquitito modesto". Y creo que esta entidad ha sido suave en el calificativo usado. Nosotros hemos dicho "mezquino", y otras cosas también.
¿A qué voy, señor Presidente? A que se puede hacer más, y a que se puede hacer sin quitar derechos.
Aquí se ha sostenido que nosotros nunca hicimos nada al respecto. Pero quiero señalarles a mis colegas que realizamos muchas cosas en materia de protección social. La Presidenta Bachelet implementó un plan de salas cunas que permitió incrementar la tasa de participación femenina en el mercado laboral. Sacamos adelante una tremenda reforma previsional, que cambió la situación de las pensiones, que de asistenciales pasaron a ser básicas solidarias. A nuestros adultos mayores, que después de postular podían permanecer en listas de espera durante meses y años sin calificar, les modificamos su situación: de 47 mil pesos, en el mejor de los casos, a 75 mil pesos, monto entregado ya no por familia, sino por persona.
Pero no solamente eso. También en dicha reforma se incluyó, con todos los beneficios de la seguridad social, a los trabajadores independientes, quienes a partir del próximo año deberán cotizar un 40 por ciento de su renta; al siguiente, un 70 por ciento, y, al tercer año, un 100 por ciento.
Esas son cosas que realizamos nosotros, los miembros de la Concertación.
Sin embargo, este Gobierno insiste en decir que no hicimos nada.
¡No es verdad!
Y también insiste en señalar que ellos, cuando fueron Oposición, nunca chantajearon ni presionaron para sacar adelante iniciativas que les parecían mal planteadas.
Al respecto, solo quiero recordar dos casos.
Cuando el Presidente de la República era Senador, y la Ministra del Trabajo, Senadora, votaron en contra la idea de legislar sobre las reformas laborales del año 93, y lo hicieron aduciendo que no había ninguna garantía de que el acuerdo logrado en la Comisión de Trabajo fuera refrendado en la Cámara de Diputados.
Igualmente, cuando el Presidente Lagos presentó la reforma de la salud, el AUGE, que tanto ha cambiado la realidad de chilenos y chilenas, obra de la Concertación, esta Derecha, que hoy día es Gobierno, exigió, para aprobar en general la iniciativa, que se sacara lo relativo al Fondo Solidario. Y lo tuvimos que sacar. Pero, ¡por Dios que hace falta en la actualidad para enfrentar tantas situaciones injustas en nuestro país!
Señor Presidente, el proyecto ahora en discusión es distinto del que entró al Congreso el 15 de marzo. Fue mejorado. No es el que nos habría gustado votar hoy, pero, claramente, fue perfeccionado: no obliga a las mujeres a renunciar a sus derechos; aumenta la cobertura; reconoce los derechos de alimentación, que tanto nos ha costado mantener, y no cambia la situación jurídica de las mujeres sujetas a contratos a plazo fijo o por obra o faena.
Por eso, señor Presidente, y porque el Gobierno entendió y acogió muchas de las cosas que le propusimos formalmente en un documento público que le entregamos hace casi ya dos semanas, hemos decidido votar, tal como lo hicimos ayer, a favor de la idea de legislar.
He dicho.