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Lunes 9 de Marzo de 2026

El vínculo republicano de la ceremonia del cambio de mando presidencial y el Congreso Nacional

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Desde 1826, la investidura presidencial se realiza ante el Congreso Nacional, institución que encarna la soberanía popular y legítima la transferencia del poder en Chile.

Congreso Nacional en el siglo 19

Desde los inicios de la República, el cambio de mando presidencial ha sido una de las ceremonias más significativas de la vida política chilena. Más que un acto protocolar, representa la continuidad del poder, la estabilidad institucional y, sobre todo, el rol central del Congreso Nacional como depositario de la soberanía

En la década de 1820, Chile atravesaba un periodo de incertidumbre constitucional y política, pero al mismo tiempo definía instituciones clave para su desarrollo futuro. Entre ellas, la Presidencia de la República.

En 1826, durante una sesión del Congreso Nacional, se adoptó formalmente la figura de la Presidencia, dejando atrás la etapa del Director Supremo. Ese mismo año asumió Manuel Blanco Encalada, convirtiéndose en el primer mandatario bajo esta nueva institucionalidad.

Junto con la creación del cargo, se estableció el ceremonial de investidura y el juramento presidencial ante el Congreso. Desde entonces, el traspaso de mando quedó íntimamente ligado al Poder Legislativo, reforzando la idea republicana de que es la nación, representada en el Congreso, la que otorga legitimidad al Presidente.

 

EJECUTIVO Y LEGISLATIVO

Según cifras de la Biblioteca del Congreso Nacional, casi el 90% de quienes han ocupado la Presidencia han tenido trayectoria parlamentaria previa. Solo cuatro de los presidentes en más de 200 años no ejercieron cargos en el Congreso antes de asumir.

Como señala el historiador de la Biblioteca del Congreso, Pablo Rubio Apiolaza, esta cifra revela de forma clara la relación histórica entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo. No se trata solo de una coincidencia biográfica, sino de una manifestación concreta de la conexión estructural entre ambos poderes del Estado.

El Congreso no es únicamente el escenario del cambio de mando, es su fundamento político. La ceremonia reafirma que el Presidente recibe el poder en representación de la ciudadanía, ante los legisladores que encarnan la voluntad nacional.

 

Ceremonias oficiales excongreso
FECHAS, TRANSFORMACIONES Y CONTINUIDAD

Durante el siglo XIX, el cambio de mando coincidía con el 18 de septiembre, otorgando al acto un carácter festivo y patriótico. En esos años, la ceremonia se realizaba en el antiguo edificio del Congreso en Santiago, donde ambas Cámaras se reunían para constituir un Congreso Pleno.

Posteriormente, las fechas variaron, con la Constitución de 1925, el mando se recibía el 23 de diciembre, generando una descoordinación entre los periodos presidenciales y parlamentarios. Mientras que, entre 1946 y 1970, los presidentes asumían el 3 de noviembre, a diferencia del Parlamento que iniciaba sus funciones cada 21 de mayo.

Esta falta de sincronía se mantuvo hasta 1973. Tras el quiebre democrático y el cierre del Congreso Nacional, la tradición republicana del juramento ante el Legislativo se interrumpió por 17 años. Recién en 1990, con el retorno a la democracia, el cambio de mando volvió a coincidir con el inicio de la legislatura, reafirmando el rol central del Congreso en la ceremonia.
 

Salón de Honor sin el cuadro de Subercaseaux
SITUACIONES EXCEPCIONALES

Aunque la tradición ha sido estable, existen episodios excepcionales. Tras el incendio de 1895 y el terremoto de 1906, la ceremonia no pudo realizarse en la sede del Congreso.

En 1895, un feroz incendio destruyó severamente las dependencias del Congreso, lo que obligó a cambiar el lugar donde se celebró la ceremonia de investidura del entonces Presidente electo, Federico Errázuriz Echaurren, el 18 de septiembre de 1896. Siendo el escenario la actual Casa Central de la Universidad de Chile, en la Alameda de Las Delicias.

En 1906, debido a los daños provocados por el terremoto del 16 de agosto de ese año, el traspaso de mando se efectuó en la Sala de Actos del Colegio Sagrados Corazones de la Alameda. Allí, Pedro Montt recibió los símbolos de mando. Sin embargo, no logró finalizar su periodo, falleciendo en 1910, un mes antes del Centenario de la República.

Pese a estos traslados, el principio se mantuvo inalterable, el Presidente debía prestar juramento ante el Congreso reunido en Pleno.
 

SÍMBOLOS REPUBLICANOS

El cambio de mando también está marcado por símbolos que refuerzan su significado histórico.

La piocha de O’Higgins, atribuida a Bernardo O'Higgins, habría sido entregada a José Argomedo, presidente de la Corte Suprema en la década de 1820, según la versión sostenida por el historiador Bernardino Bravo Lira.

Décadas más tarde, la pieza llegó a manos de Benjamín Vicuña Mackenna, quien la entregó al presidente Federico Errázuriz Zañartu, institucionalizándola como símbolo republicano del traspaso de mando.

En torno a la piocha surgieron mitos, como el atribuido a José Manuel Balmaceda, a quien se le habría caído durante el cambio de mando, teniendo un trágico fin de su mandato, otro que sufrió lo mismo es Arturo Alessandri Palma. Eventos que han alimentado al mito de que la caída de la piocha indica un gobierno difícil o inestable.

Tras el bombardeo a La Moneda en 1973, la pieza original se extravió y desde 1990 se utiliza una réplica, coincidiendo con la reapertura del Congreso.

Por su parte, la banda presidencial comenzó a utilizarse en la década de 1830 durante el gobierno de Joaquín Prieto. A diferencia de la piocha, cada presidente manda a confeccionar la suya, pero es ante el Congreso donde adquiere su carácter oficial.