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REPÚBLICA DE CHILE
DIARIO DE SESIONES DEL SENADO
PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 361ª
Sesión 55ª, en martes 10 de septiembre de 2013
Ordinaria
(De 16:15 a 20:4)
PRESIDENCIA DE LOS SEÑORES JORGE PIZARRO SOTO, PRESIDENTE,
Y JOSÉ ANTONIO GÓMEZ URRUTIA, VICEPRESIDENTE
SECRETARIO, EL SEÑOR MARIO LABBÉ ARANEDA, TITULAR,
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REFORMA CONSTITUCIONAL SOBRE INTEGRACIÓN DE CÁMARA DE DIPUTADOS


La señora RINCÓN.- Señor Presidente, no dejan de sorprender ciertas intervenciones hechas en el Senado.
Buscar razones -y algunas, de las más increíbles- para resistirse a cambiar un sistema que claramente no tiene reconocimiento ni validación por parte de la ciudadanía, en verdad, sorprende.
El intento por tapar el sol con un dedo puede corresponder a una ilusión óptica que quizás apacigüe algunos espíritus, pero solo da una paz momentánea.
¿De dónde viene el binominal? ¿Cuál es su origen?
El sistema electoral que hoy nos rige se estableció en nuestro país, para las elecciones parlamentarias, por la ley N° 18.799, de 1989, que modificó la ley N° 18.700, de 1988, Orgánica Constitucional sobre Votaciones Populares y Escrutinios. Ambas normativas fueron promulgadas durante la dictadura.
Dicho sistema no es una creación propia de nuestro país. Fue inspirado en la reforma electoral introducida en Polonia, en la década de los 80, por el general polaco Wojciech Jaruzelski, militar retirado; político; último líder de la Polonia comunista, desde 1981 a 1989; Primer Ministro entre 1981 y 1985; Jefe de Estado entre 1985 y 1990; Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, y Secretario General del Partido Comunista.
Jaruzelski dejó el poder tras el acuerdo de 1989, que llevó a Polonia a las primeras elecciones democráticas después de 40 años.
¿Y por qué se registraron esas elecciones democráticas? Porque hubo un colapso en la institucionalidad y se logró un gran acuerdo, producto de la negociación entre los comunistas polacos y la oposición liderada por Solidaridad, que terminó con los acuerdos de la mesa redonda de abril de 1989.
Se estableció un sistema único, diseñado para uso individual, de elecciones segmentadas, determinándose que 65 por ciento de los escaños se asignara a los comunistas y a los aliados y que el 35 por ciento restante fuera de competencia abierta.
En el Senado se instauró un sistema de elecciones libres, no restringidas.
¿Qué pasó con esa primera elección libre, no restringida, después de 40 años en la Europa del este? El Partido Solidaridad ganó todos los escaños, menos uno, que fue obtenido por los comunistas.
Señor Presidente, cuando uno revisa la historia no deja de sorprenderse, pese a conocerla.
En nuestro país ha habido muchos intentos de reformas políticas y enmiendas al sistema electoral.
Al examinar el Gobierno de Aylwin (año 1992), el del Presidente Frei Ruiz-Tagle, el del Presidente Lagos y el de la Presidenta Bachelet uno se da cuenta del sinnúmero de iniciativas presentadas sobre la materia (para aumentar la cantidad de Senadores, para mantener el número de Diputados, para restringir los escaños, para variar fórmulas), todas las cuales tuvieron el mismo destino: el rechazo, con todo tipo de explicaciones.
Señor Presidente, la historia nos demuestra que, cuando somos capaces de acordar las transformaciones, el clamor de la ciudadanía se impone finalmente.
Recién escuchamos al colega Novoa, quien dijo que existen estudios de connotados concertacionistas que sostienen que se trata de un sistema representativo. Sin embargo, uno tiene la más profunda convicción de que, si nuestro sistema electoral fuera distinto, otra sería la composición del Parlamento.
También sorprende escuchar a algunos colegas cuando expresan que las asambleas constituyentes en el mundo han terminado en sistemas populistas.
Si uno recorre la historia y revisa los diversos casos puede darse cuenta de que no siempre sucede así.
¡Qué mejor ejemplo que el de Colombia!
El Presidente Virgilio Barco, frente al descrédito de reformas que propuso y no prosperaron, se enfrentó al movimiento encabezado por los estudiantes que iniciaron la campaña de la séptima urna.
¿Qué ocurrió?
En las elecciones de marzo del 90, más de 2 millones de votos pedían la realización de una asamblea constituyente.
¿Qué dijo la Corte Suprema (porque el sistema colombiano no tenía una salida institucional para una situación de tal índole)? Que en las elecciones presidenciales del 27 de mayo de aquel año debían escrutarse formalmente las papeletas que llamaran a la asamblea constituyente.
¿Cuál fue el resultado del conteo? ¡Más de 5 millones de colombianos pidieron asamblea constituyente!
¿Qué sucedió, entonces? La Corte Suprema fijó el 9 de diciembre del mencionado año como día de la elección de los delegados a la asamblea constituyente, la cual dio origen a la Constitución del 4 de julio de 1991.
No se quebrantó la institucionalidad ni hubo colapso alguno en Colombia, pues se enfrentó la situación de manera civilizada y se logró remplazar la más que centenaria Constitución, que regía desde 1886.
Lo mismo ocurrió en España después del Régimen franquista y en otros países desde 1789, año de la Revolución Francesa.
Señor Presidente, nuestro sistema electoral ha sido objeto de grandes y fuertes controversias en Chile.
No podemos afirmar a ciencia cierta que lo conseguido en materia de crecimiento, de desarrollo, es producto del régimen electoral existente.
Tampoco podemos sostener lo contrario. Y lo digo porque escucho por ahí la reacción de algunos colegas.
Una de las críticas más importantes al sistema binominal vigente en nuestro país emana del hecho de que no plasma la decisión de las mayorías e impide generar cambios estructurales en la legislación al crear dos grandes bloques con gran representación de Diputados y Senadores.
Como todos sabemos, dicho sistema electoral, muchas veces perverso, permite poner candidatos fuertes acompañados de otros más débiles. Esto se ha visto reflejado en la circunstancia de que en la mayoría de los distritos o de las circunscripciones ninguna coalición ha alcanzado el doblaje.
Y una última reflexión, señor Presidente.
No solo ese es el problema que enfrentamos con el binominal.
Yo no quiero seguir con un sistema que claramente no es representativo.
Pero, además, debemos hacernos cargo de algo que este sistema no recoge: el apoyo a la participación de las mujeres en política.
La presencia de mujeres en el Parlamento chileno es de solo 14 por ciento, cifra baja si se compara con la de Estados Unidos, que alcanza a 17 por ciento, o con la de los demás países de la OCDE, que llega a 25 por ciento.
Cabe connotar que la escasa actuación de las mujeres chilenas en política no se debe únicamente al machismo, sino también a su exclusión histórica del círculo de poder y al sistema electoral vigente, que nada aporta a dicha participación.
En comparación con los estándares mundiales, la presencia de mujeres en nuestro Congreso Nacional es claramente deficiente. El promedio está fuera de los rangos internacionales.
Por ello, si se aprueba esta reforma constitucional, plantearé el punto durante la discusión de la ley orgánica respectiva.
Voto que sí.