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REPÚBLICA DE CHILE
DIARIO DE SESIONES DEL SENADO
PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 360ª
Sesión 36ª, en miércoles 18 de julio de 2012
Ordinaria
(De 16:18 a 20:26)
PRESIDENCIA DE LOS SEÑORES CAMILO ESCALONA MEDINA, PRESIDENTE,
Y ALEJANDRO NAVARRO BRAIN, VICEPRESIDENTE
SECRETARIO, EL SEÑOR MARIO LABBÉ ARANEDA, TITULAR
____________________
MODIFICACIÓN DE LEY SOBRE DONACIONES CON FINES CULTURALES


El señor LABBÉ (Secretario General).- Proyecto, en segundo trámite constitucional, que modifica la Ley sobre Donaciones con Fines Culturales, con informe de la Comisión de Hacienda y urgencia calificada de "suma".
--Los antecedentes sobre el proyecto (7761-24) figuran en los Diarios de Sesiones que se indican:
Proyecto de ley:
En segundo trámite, sesión 19ª, en 22 de mayo de 2012.
Informe de Comisión:
Hacienda: sesión 34ª, en 11 de julio de 2012.
El señor ESCALONA (Presidente).- Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- El objetivo principal de la iniciativa es fortalecer y perfeccionar la señalada ley, ampliando la base de donantes, aumentando el universo de beneficiarios, reduciendo las restricciones a la ejecución de los proyectos y simplificando los procedimientos.
La Comisión de Hacienda aprobó la idea de legislar por la unanimidad de sus miembros presentes (Senadores señora Rincón y señores García, Lagos y Novoa).
El texto que se propone aprobar en general se transcribe en el primer informe de la referida Comisión y en el boletín comparado que está a disposición de Sus Señorías.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- En discusión general el proyecto.
No hay ningún inscrito para intervenir.
Ofrezco la palabra.
Tiene la palabra el Senador señor García.


El señor GARCÍA.- Señor Presidente, en mi calidad de Presidente de la Comisión de Hacienda, deseo informar a la Sala acerca del tratamiento de que fue objeto el proyecto en dicho órgano técnico, donde fue aprobada por unanimidad la idea de legislar.
Cabe señalar que el contenido de la iniciativa se puede resumir de la siguiente forma:
Primero, incorpora nuevos beneficiarios a la Ley de Donaciones Culturales, entre ellos, la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, y sus entidades dependientes; los propietarios de inmuebles que hayan sido declarados Monumento Nacional, y las empresas de menor tamaño que tengan como giro exclusivo lo artístico o cultural.
Segundo, amplía la base de los donantes. Ya no solo podrán ser los contribuyentes del impuesto de primera categoría, las empresas, sino también todos los del impuesto global complementario, incluyendo los que declaran sobre la base de renta presunta. Además, se incorporan los contribuyentes del impuesto único de segunda categoría; determinados contribuyentes del impuesto adicional, y los del impuesto a las herencias.
Tercero, modifica las condiciones que deberán cumplir los beneficiarios para poder recibir donaciones conforme a la Ley sobre Donaciones Culturales. En líneas generales, se aumenta el plazo máximo de ejecución de los proyectos a tres años, el que se contará desde la fecha que el beneficiario señale al Comité. Y, en el caso de las empresas de menor tamaño que califiquen como beneficiarias de donaciones culturales, se sujetarán a las mismas regulaciones de las fundaciones y corporaciones.
Cuarto, regula espectáculos y otros eventos pagados que podrán acogerse a los beneficios de esta ley.
Quinto, incluye los proyectos que tengan por objeto la publicación de libros. Se autoriza la venta de estos al público y, en cada caso, deberá entregarse gratuitamente una fracción de los mismos a las bibliotecas públicas y a establecimientos educacionales del país que reciban aportes del Estado u otras entidades sin fines de lucro.
Asimismo, modifica la composición del Comité Calificador de Donaciones Privadas. Se propone que el representante de la Cámara de Diputados y el del Senado sean elegidos por los dos tercios de cada Cámara, respectivamente. Y se agrega, además, como nuevos integrantes, a un representante del Presidente de la República y a otro del Ministerio de Hacienda.
Se otorgan nuevas atribuciones al Comité Calificador de Donaciones Privadas. La iniciativa legal señala que los beneficiarios de donaciones culturales deberán informar al Comité, antes del 31 de diciembre de cada año, acerca del estado de avance de los proyectos aprobados y del resultado de su ejecución.
Y, finalmente, en cuanto a los beneficios tributarios para las donaciones que se hagan al amparo de la nueva Ley de Donaciones Culturales, establece un nuevo límite global; por supuesto, otorga beneficios tributarios que, como ya señalé, son para contribuyentes del impuesto global complementario, sin excepciones.
Por lo tanto, reitero que la Comisión de Hacienda aprobó la idea de legislar acerca de esta importante materia por unanimidad, y le sugiere a la Sala que proceda de la misma forma.
Muchas gracias, señor Presidente.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Sabag.


El señor SABAG.- Señor Presidente, este proyecto, iniciado en mensaje del Ejecutivo, fue aprobado en la Cámara de Diputados por 86 votos a favor, 4 en contra y 3 abstenciones y se acogió por unanimidad -como ya se dio a conocer- en la Comisión de Hacienda de nuestra Corporación.
La iniciativa tiene como propósito fortalecer la Ley sobre Donaciones con Fines Culturales, mediante la ampliación de la base de donantes y el universo de beneficiarios, la reducción de las restricciones a la ejecución de los proyectos y la simplificación de los procedimientos.
Sobre el sentido del proyecto, el Ejecutivo valoró el funcionamiento de la normativa actual; pero indicó que existen algunos problemas en la práctica que han llevado a que las donaciones a través de la ley vigente representen menos del 10 por ciento del total que aporta el Estado a los programas culturales, por lo que se busca ampliar los montos donados por entidades privadas.
En el informe de la Comisión se menciona, además, que la iniciativa fue preparada con el acuerdo de numerosas organizaciones culturales, varias de las cuales concurrieron al órgano técnico a expresar su conformidad.
Dentro de los nuevos beneficiarios se cuentan la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos y sus entidades dependientes; los propietarios de inmuebles que hayan sido declarados monumento nacional -como se señaló aquí- y las empresas de menor tamaño que tengan como giro exclusivo el artístico o el cultural.
En cuanto a los donantes, se agrega a todos los contribuyentes del impuesto global complementario -los colegas que estamos aquí pagamos ese tributo y a cada uno nos descuentan casi dos millones de pesos mensuales, por lo cual todos vamos a tener la posibilidad de ser donantes, de destinar parte de esos recursos a actividades culturales-, no solamente a los que declaran rentas efectivas, como hace la ley actual. Además, se incorpora a los contribuyentes del impuesto único de segunda categoría, a ciertos contribuyentes del impuesto adicional y a los del impuesto a las herencias.
Respecto a las exigencias, se aumenta a tres años el plazo máximo de ejecución de los proyectos. Aquí había una limitante muy grande, porque se obligaba a ejecutarlos dentro del año, lo cual impedía la implementación, por supuesto, de aquellos de mayor envergadura y que necesitaban más tiempo.
Se permiten las donaciones para espectáculos y otros eventos pagados y para la publicación de libros, autorizándose su venta al público y la entrega gratuita de una fracción de ellos a las bibliotecas públicas y a los establecimientos educacionales.
A mi juicio, la Ley sobre Donaciones con Fines Culturales -todos sabemos que tuvo su origen en un gran Senador como lo fue don Gabriel Valdés- hoy día se está perfeccionando. Así, se amplía a todos los sectores que hemos mencionado e, incluso, nosotros mismos podremos decidir mañana a qué institución cultural o de otro orden queremos beneficiar con los impuestos que pagamos.
Naturalmente, nos hallamos solo en la discusión general y, por supuesto, votaré a favor de la idea de legislar del proyecto.
Gracias, señor Presidente.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Lagos.


El señor LAGOS.- Señor Presidente, quiero agradecer y compartir las palabras del Presidente de la Comisión de Hacienda, el Senador García, sobre el proyecto que nos ocupa.
Esta iniciativa fue discutida -yo diría- con bastante esfuerzo y buena voluntad por los integrantes de la Comisión, con sus técnicos y el Gobierno, para mejorar su texto y, asimismo, llegar a ciertos entendimientos.
Valoro también la disposición del Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, quien puso sus profesionales a disposición para llegar a acuerdos e identificar aquellas áreas que generaban diferencias y preocupaciones.
Dicho eso, y si bien es cierto que la Comisión de Hacienda aprobó por unanimidad la idea de legislar, debo anunciar que el proyecto contiene aspectos que nosotros seguiremos abordando durante la discusión en particular, por cuanto nos merecen serios reparos acerca de la forma como se han presentado.
En seguida, me concentraré en los temas que nos preocupan y no en los que encontramos valerosos, porque sobre ellos hay consenso.
Creo que un primer punto radica en que no se debiese permitir la donación con franquicias tributarias a empresas con fines de lucro.
El proyecto establece como una modalidad nueva, como un acierto al menos, la posibilidad de que las donaciones vayan a empresas que tengan como giro el lucro.
Lo anterior sienta un precedente único. Entiendo que dentro del sistema tributario ello no ha ocurrido de esa forma, y que acá se innova en cuanto a que empresas que persiguen fines de lucro puedan ser objeto de donaciones.
No hace falta decir que eso tal vez pueda generar un problema serio de fiscalización a nivel del Servicio de Impuestos Internos. Es posible que haya empresas relacionadas: que algunas que entreguen las donaciones y gocen de un beneficio tributario se encuentren vinculadas con las que reciban esos recursos y los usen para su propio fin.
Creemos, además, que no hemos logrado concordar una voluntad o mirarnos a los ojos con la autoridad en una materia muy importante: que un porcentaje de la donación vaya a un fondo común de donaciones similar a los que establecen otros instrumentos como la ley Nº 19.885, sobre donaciones con fines sociales.
¿Por qué? Porque de lo que se trata, al final del día, es de evitar que suceda lo que se da muchas veces: que gente que dispone de recursos decida no pagar impuestos y efectúe donaciones a actividades de su propio y único interés.
Ha ocurrido en el pasado que, para obtener beneficios tributarios, algunas empresas terminan financiando actividades deportivas, como equipos de fútbol o sus sindicatos, que tienen personalidad jurídica y no persiguen fines de lucro. A mí me parece muy bien que lo hagan, pero con fondos propios y no de todos los chilenos.
La señora RINCÓN.- También las universidades.
El señor LAGOS.- Y algo similar ocurre con las universidades que se hallan relacionadas con ciertos grupos empresariales.
Entonces, algunos miembros de la Comisión -si no me equivoco, también el Senador Frei, a quien le pido excusas de no ser así- hemos señalado la conveniencia de eliminar a las universidades como posibles donantes.
¿Cuál es el fondo de este debate, señor Presidente? Una exención tributaria es un impuesto que el Estado chileno deja de recaudar, y la pregunta que surge es por qué dejar de cobrar impuestos que se necesitan. Nos hallamos discutiendo una reforma tributaria para recaudar 700 millones de dólares y, simultáneamente, tenemos una serie de disposiciones, incluyendo las del proyecto de ley en debate, cuyo propósito es disminuir la recaudación tributaria.
Por lo tanto, si vamos a acordar esa disminución, cabe preguntar ¿quién define en qué se invierten esos impuestos que el Estado no recibe?
Nuestras preocupaciones apuntan precisamente a establecer algunos criterios para acotar esa discrecionalidad y lograr el bien común; es decir, a que los tributos vayan a actividades que generen una externalidad positiva sin que, al mismo tiempo, esto se convierta en una forma de eludir derechamente el pago de impuestos.
Hace poco se llevó a cabo un seminario, al cual concurrió Ricardo Escobar, ex Director de Impuestos Internos, donde se planteó avanzar hacia lo que se llama "un régimen único de donaciones".
Existen donaciones para actividades deportivas; otras para actividades sociales, y ahora estamos tratando un proyecto de ley para actividades culturales. Y, al final, todos estos cuerpos legales lo único que hacen es establecer criterios distintos.
Explíquenme por qué para materias culturales el tope es de 20 mil unidades de fomento, mientras que para el caso de donaciones deportivas u otras, este llega a 10 mil o 15 mil unidades de fomento. ¿Por qué en materias culturales se pueden hacer donaciones a empresas que persiguen fines de lucro, y no cuando se trata de actividades deportivas u otras?
En consecuencia, soy partidario de avanzar hacia un régimen único de donaciones pero, sobre todo, de asegurar que los impuestos se paguen. Porque, a mi juicio, con esta propuesta legal -y no es solo mi opinión, sino también la de un técnico como el ex Director de Impuestos Internos al que me referí- y con el sistema existente en Chile, el Estado terminará subsidiando las donaciones.
Y voy a hacer una cita, señor Presidente. El señor Escobar manifiesta que "La ley actual funciona prácticamente como un subsidio a la donación. Si alguien hace una donación de $ 100, al final, con todos los beneficios" del sistema tributario chileno y los créditos que otorga, "el Estado termina donando un total de $ 60 y el particular, $ 40".
Así, el particular dice "voy a donar 100 pesos" -y se piensa: "¡Bravo! Es un generoso donante"-. Pero de esos 100 pesos, solo 40 salen de su bolsillo, porque los otros 60 provienen de las exenciones tributarias. Entonces, en definitiva, el que dona es el Estado, y no aquel, que lo hace en una cantidad inferior.
Señor Presidente, este proyecto lo aprobamos en general. Hemos debatido bastante el tema, o conversado -si se quiere-, con el Ministerio y con el titular de la Cartera, que son los técnicos en la materia. Y esperamos tener la posibilidad de encontrarnos en ese punto en algún minuto de la discusión en particular. De lo contrario, según la experiencia de lo ocurrido con legislaciones anteriores, los impuestos terminarán yéndose a los intereses que persiguen únicamente los donantes, tratándose de actividades que, tal vez, deberían ser financiadas mediante donaciones, pero no con cargo a los impuestos que pagan todos chilenos.
Por supuesto, votaré favorablemente.
El señor CANTERO.- ¡Abra la votación, señor Presidente!
El señor PROKURICA.- Sí, que se abra.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Si le parece a la Sala, se abrirá la votación, manteniendo los minutos de intervención.
Acordado.
En votación.
--(Durante la votación).
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Tiene la palabra la Senadora señora Rincón.


La señora RINCÓN.- Señor Presidente, la verdad es que tuvimos un largo debate en la Comisión de Hacienda en torno a este proyecto de ley. Y, pese a que no logramos traducir los acuerdos en una minuta que fuese rubricada por el Ejecutivo y nosotros, decidimos aprobarlo en general. Pero en la discusión en particular vamos a precisar varios de los puntos que relató mi colega el Senador Ricardo Lagos.
Solo quiero agregar a lo expresado por él que dentro de los aspectos críticos de la iniciativa que, a nuestro juicio, deben ser abordados por la vía de la presentación de indicaciones por el Ejecutivo, cuando corresponda, y por los parlamentarios, idealmente con él, está lo que dice relación con lo siguiente:
Las retribuciones a la sociedad por los proyectos que reciban donaciones con franquicias debieran estar normadas en forma mucho más explícita en la ley y no quedar sujetas tan flexiblemente a la determinación del Comité Calificador de Donaciones Privadas, en conformidad a los criterios que establezca un reglamento.
En concreto, la normativa debiese contemplar ciertos pisos mínimos de retribución.
En los ejemplos que se conversaron en el Comité técnico formado al efecto, donde participaron asesores de los señores Senadores y del Ejecutivo, se analizó la posibilidad de que, cuando se realizaran espectáculos o exposiciones, se donara a lo menos la mitad de las entradas por cada función. Y de que, en el caso de la publicación de libros con cargo a la Ley sobre Donaciones con Fines Culturales, se pudiera destinar el 30 por ciento de los respectivos ejemplares a bibliotecas públicas, a establecimientos educacionales que reciban aportes del Estado o, bien, a otras entidades sin fines de lucro.
También se abordó como punto crítico el poder fijar un plazo de vigencia de la ley no superior a cinco años y mandatar la realización de un estudio de impacto de la normativa a expertos, encargado por el Ministerio de Hacienda, para que en el plazo de dos años se evacuara un informe completo, similar al esquema que se ocupó en la franquicia tributaria que fomenta la inversión en investigación y desarrollo, contemplado en la ley N° 20.570, de 2012, que modificó la ley N° 20.241, del año 2008.
Creemos que eso debe ser discutido y fijado en la legislación, al objeto de disponer de antecedentes que nos permitan ver cómo sigue la normativa en el futuro.
Además, señor Presidente, se consideró como criterio o aspecto por discutir en particular lo relativo a la existencia de la obligación del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes en orden a realizar una publicación anual sobre las donaciones acogidas a esta legislación. Porque nos parece que, en aras del resguardo de los recursos públicos que digan relación con los beneficios de la Ley de Donaciones es importante que se sepa cuáles instituciones han donado y para qué se ha utilizado dicho aporte.
Y, finalmente, otro tema que parece relevante analizar en la discusión en particular se refiere a que se vele por una adecuada valoración de las donaciones en especies, lo cual también se debatió en la Comisión.
Señor Presidente, si bien es cierto nosotros apreciamos la disposición del Ministro y del equipo de su Cartera, en cuanto a poder revisar esos aspectos, pensamos que es importante, en función de la transparencia y del buen uso de los recursos, que llevemos a cabo una discusión tremendamente acuciosa en torno a estas materias.
Por cierto, el Parlamento tendrá que revisar el proyecto sobre ajuste tributario, que pretende recaudar 700 millones de dólares para el Fisco, y resulta que en esta iniciativa le estamos impidiendo al Estado recibir recursos por la vía de la exención tributaria a las donaciones culturales.
Consideramos que es necesario impulsar las donaciones y, asimismo, que resulta relevante rescatar la cultura en nuestro país. Sin embargo, eso debe hacerse conforme al sentido de la legislación surgida años atrás.
En la década de los noventa se aprobó la iniciativa del Senador Gabriel Valdés, la cual ha sufrido modificaciones en el tiempo. Esta ley puede ser mejorada; pero creemos que ello no debe hacerse mediante una fórmula que desvirtúe su sentido original, cual es impulsar el desarrollo de la cultura y las artes en nuestro país, transformándola en un mecanismo para evadir los compromisos que todos tenemos.
Por eso, señor Presidente, vamos a aprobar en general el proyecto, pero en la discusión en particular seremos tremendamente acuciosos y exigentes en estos y en otros aspectos.
Voto que sí.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Chahuán.


El señor CHAHUÁN.- Señor Presidente, Honorable Sala, el proyecto de ley para el cual se nos ha convocado es de suma importancia para la institucionalidad cultural, y constituye un gran avance por el que siempre he instado en mi labor parlamentaria, tanto en el actual Gobierno como en el anterior, ya que permite flexibilizar la rigidez que hasta ahora ha evidenciado la Ley de Donaciones con Fines Culturales, conocida como "Ley Valdés".
Ella, sin lugar a dudas, fue un instrumento eficiente para generar donaciones con tal propósito; pero, con el tiempo, fue rigidizándose y perdiendo fuerza.
Las modificaciones introducidas en su texto posibilitarán incentivar a los potenciales donantes para que realicen sus aportes, y con ello se logrará beneficiar a los cultores de las diversas artes.
Indudablemente, durante la discusión en particular habrá que perfeccionar muchas de las disposiciones contenidas en la iniciativa -tal como señaló la Senadora Rincón-, con el objeto de que no se haga mal uso de estas normas, lo cual permitirá disipar y aclarar muchas dudas e inquietudes manifestadas durante el debate en general.
Quiero contarles, adicionalmente, que este asunto reviste especial interés para un importante grupo transversal de Senadores, que hace unos días tuvimos la posibilidad de organizar un seminario, a través de la Fundación Contexto Ciudadano, con el fin de buscar justamente fórmulas que permitieran terminar con el crisol de legislaciones que existe en materia de donaciones y de poder generar una normativa única para tratar de superar, mediante un Estado activador de la sinergia público-privada, problemas como el de la pobreza en nuestro país.
En tal contexto, le hemos planteado al Ministro de Hacienda la posibilidad de avanzar en esta materia y de incluirla dentro de la reforma tributaria. Él señaló que ha recibido el encargo del Presidente de la República para estudiar también fórmulas que signifiquen un adelanto en esa misma dirección.
Además, junto con los Senadores Jaime Orpis, Ricardo Lagos, Juan Antonio Gómez y la Senadora Soledad Alvear, firmamos un compromiso precisamente en esa línea, que apunta a incentivar en el Ejecutivo la búsqueda de un régimen jurídico que permita facilitar el rol activador del Estado y la sinergia público-privada en términos de que sea posible dar un paso decisivo para generar la superación de la pobreza y demás fines loables, como los de carácter cultural, deportivo y otros planteados a través del crisol de la legislación existente.
No obstante la acción que estamos desarrollando con los señores Senadores mencionados, no me resta sino felicitar al Gobierno del Presidente Piñera -el mío- por haber dado un importante paso en beneficio de la cultura mediante el envío al Congreso Nacional del proyecto en estudio, que modifica la Ley Valdés, aprobado ya ampliamente por la Cámara de Diputados. Estoy cierto de que en el Senado también obtendrá un contundente respaldo, al cual me sumaré con mi voto a favor.
He dicho.
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El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Tiene la palabra el señor Secretario.
El señor LABBÉ (Secretario General).- En este momento ha llegado a la Mesa un oficio de la Honorable Cámara de Diputados, con el que informa que aprobó la primera de las observaciones formuladas por Su Excelencia el Presidente de la República al proyecto de ley que reajusta el monto del ingreso mínimo mensual, rechazando las restantes. La urgencia se encuentra calificada de "discusión inmediata".
--Pasa a la Comisión de Hacienda.
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El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Continuando con el debate, puede intervenir el Senador señor Carlos Kuschel.


El señor KUSCHEL.- Señor Presidente, escuché con mucha atención las expresiones de los Honorables colegas que me antecedieron en el uso de la palabra y me preocupa que la iniciativa, en vez de mejorar la situación de las donaciones, pueda complicarlas.
Ella surge por registrarse cada vez más actos de esa índole, pero menos donantes. O sea, personas o empresas que alguna vez las han realizado dejan de hacerlo. Y algunos son expertos o profesionales en la materia, mas se trata de grandes empresas.
¿A qué se debe lo anterior? A lo complejo del sistema actual. Y, por lo que me estoy imponiendo en algunos informes y antecedentes que se piden, parece que esa característica se intensificará.
La cuestión afecta hoy día a 11 leyes -se me perdieron en la pantalla, pero las veía recién-, que dicen relación con monumentos nacionales, juntas de vecinos, municipalidades y asuntos de todo orden, principalmente tributarios, por supuesto.
Entonces, un pequeño o mediano empresario que alguna vez ha donado deja de hacerlo, porque las complicaciones son muchas. En particular, me ha tocado entregar a empresas todos los formularios y la información requeridos para efectuar donaciones a escuelas rurales de mi zona y, después de verlos, expresan: "Te ayudaremos a pintar el establecimiento, instalaremos la escalera, en fin, pero vamos a hacerlo así no más, porque, con tanto papel por llenar, en vez de gastar en pintura vamos a hacerlo en gestiones".
Esa es la situación actual. Espero que ello se corrija en el trámite de la iniciativa y anuncio mi voto favorable desde ya.
Gracias.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Ministro señor Cruz-Coke.


El señor CRUZ-COKE (Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes).- Señor Presidente, en primer término, quiero agradecer a la Comisión de Hacienda, que ha manifestado una gran voluntad con relación al proyecto.
En general, el trabajo realizado ha sido muy transversal. Se registró unanimidad en las Comisiones de Cultura y de Hacienda de la Cámara de Diputados y una espléndida votación en la Sala.
De la misma índole ha sido también la labor con distintas asociaciones gremiales, artísticas, de gestión, Chile Actores, SIDARTE, Unión Nacional de Artistas, Asociación de Directores y Guionistas, Sociedad Chilena del Derecho de Autor, precisamente como un homenaje al gran proyecto que generó el Senador señor Gabriel Valdés y que permitió la operación de un mecanismo nuevo de financiamiento para la cultura y las artes de una manera, además, muy innovadora.
La ley tiene ya más de 21 años y se busca destrabarla. Distintas modificaciones a lo largo del tiempo la fueron haciendo más restrictiva y difícil. Efectivamente, ha funcionado para grandes donantes, con grandes proyectos. Lo que buscamos ahora es que el pequeño donante, el contribuyente del impuesto a la herencia o del impuesto adicional, las empresas que registran pérdidas, puedan hacer también un aporte, porque el de carácter privado, a diferencia de otros países, es aún muy bajo respecto del que efectúa directamente el Estado.
Deseo consignar, adicionalmente y para cerrar -no quisiera extenderme en el tema, ya que muchos de los asuntos que aquí se han tocado se van a ver después en particular en la Comisión de Hacienda-, que tuve la suerte de trabajar personalmente la iniciativa con don Gabriel Valdés. Acompaño a los jefes de bancada una carta con su apoyo al proyecto, y creo que la aprobación de este en los próximos meses va a ser el mejor homenaje que podamos rendir en memoria de quien afirmaba que no había nada más importante que la cultura y que, a fin de cuentas, la que exhibe una civilización es lo único que queda.
Muchas gracias.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Puede intervenir el Senador señor Orpis.


El señor ORPIS.- Señor Presidente, en el curso del debate se han expuesto una serie de puntos y me gustaría hacerme cargo de varios de ellos.
Quisiera partir haciendo constar que la ley en la materia ha sido señera en cuanto a incentivos a la cultura, que es el caso concreto que nos ocupa. Hace pocos días recibí un informe del Servicio de Impuestos Internos con relación a la consulta de cómo habían operado las donaciones en distintos ámbitos. Las hay culturales -son las que estamos modificando hoy-, sociales, deportivas, educacionales. Las primeras son aquellas en que la normativa legal funciona mejor y representan el 32,2 por ciento en el sistema.
¿Qué quiero decir con ello, señor Presidente? Que el tipo de beneficio tributario no es neutro a la hora de legislar.
Y aquellas en que el resultado es peor son las de la pobreza, que importan apenas el 5 por ciento del total de la aplicación de las leyes tributarias.
Cabría preguntarse por qué en un caso la recaudación es el 32,2 por ciento y en el otro el 5. La respuesta dice relación con el hecho de que si nos detenemos a analizar los distintos cuerpos legales sobre donaciones, vamos a poder constatar que, en materia de pobreza, es preciso seguir un Doctorado en Ciencias Ocultas para poder hacer funcionar el sistema.
Si se lee el informe del Ministerio de Desarrollo Social sobre ese sector, se observa que las donaciones entre un año y otro han aumentado en un 56 por ciento, pero la mitad corresponde a una donación y solo cuatro donantes han operado con la ley respectiva.
Por eso, señor Presidente, quiero entregar estos antecedentes, ya que no es neutro -repito- regular en exceso. Cuando eso se hace -no estoy diciendo que no se fiscalice-, al final no se verifican las donaciones. Y es algo que obedece a una cuestión de fondo: se trata de actos voluntarios. Nadie está obligado a efectuar uno de ellos conforme a alguna de las leyes vigentes. Pero, evidentemente, si se colocan excesivas restricciones, si media burocracia, se termina por no donar, sencillamente, o por hacerlo de acuerdo con la normativa que ofrece mayores facilidades y resulta más expedita.
Solo deseo destacar la conveniencia de que en la discusión particular se tenga en cuenta no solo la Ley sobre Donaciones con Fines Culturales, sino también el conjunto de cuerpos legales relativos a los actos de que se trata, para advertir qué ha operado bien y qué lo ha hecho mal. Sin duda, ella es la que mejor ha funcionado, y, por lo tanto, sería un error ir colocándole cortapisas adicionales.
Asimismo, acá se consideró un segundo elemento, señor Presidente. La ley sobre donaciones para la pobreza -por lo menos, es mi interpretación- representa únicamente un 5 por ciento del total por contener un elemento muy nefasto, que es el fondo mixto. El acto, en esencia, es algo personalísimo: se dona a una institución determinada por las personas que la dirigen, por seguir estas una vocación, por tener ellas una causa, y es algo que no se lleva a cabo cuando existe un fondo que no permite saber cuál va a ser el destino final del aporte. Ese es el gran fracaso de la normativa recién mencionada.
Por lo tanto, estimo que se comete un profundo error cuando aquí se plantea, por ejemplo, la creación de un fondo mixto para la Ley sobre Donaciones con Fines Culturales, porque la donación es personalísima, es intuitu personae. La causa reside en la confianza en la institución. No tratemos de incorporar algo ya fracasado en la práctica. El llamado que hago es a no incluir en la discusión factores que, lejos de beneficiar, terminan retrasando.
También se señalaba que el Estado termina financiando el 60 por ciento por el crédito tributario. Eso es efectivo. Y el 40 por ciento es pura filantropía. Pero es preciso hacerse la pregunta al revés: si no existieran un incentivo tributario ni pura filantropía en el 40 por ciento, el Estado tendría que pagarlo todo. Por lo tanto, hay que entender que un complemento de su acción se halla en dichos incentivos. La sociedad civil es su aliada en materia de donaciones.
¿Y qué permite, señor Presidente, ese último porcentaje con tal característica? Que, al gastar el Estado solo el 60 por ciento, puede multiplicar muchas veces las acciones culturales. Si eso es lo que ocurre en la práctica. De lo contrario, tendría que financiar el ciento por ciento, caso en el cual ellas se restringirían, obviamente.
Solo quiero traer a colación este tipo de reflexiones en la discusión general, las cuales me parecen válidas. Porque la gran ventaja radica en que no vamos a legislar en abstracto. Existen distintas leyes sobre donaciones y podemos observar qué instrumentos han causado efecto y cuáles no lo han hecho, por lo que son elementos que se pueden tener muy presentes a la hora de la discusión particular.
Y quisiera señalar un último factor, abordado por el Senador señor Chahuán. Efectivamente, Chile debería tender hacia una ley de donaciones comunes. Hoy día, estas son muchas, distintas. Y, muchas veces, ¿qué me gustaría, en términos personales, porque también formo parte de una causa? Que niveláramos hacia arriba; que contáramos con un solo cuerpo legal en la materia, muy bueno y expedito, y que, al final, se donase por el mérito de los proyectos y no por la clase de beneficio tributario que contemple una ley respecto a un fin determinado.
Se está trabajando sobre el particular. Hace poco se realizó una reunión de la Comunidad de Organizaciones Solidarias, que representa a cerca de un centenar de entidades del mundo social. Y el planteamiento es ir hacia una ley de donaciones. Pero la idea es nivelar hacia arriba.
El parámetro de lo que ha resultado mejor en la materia es, sin duda, la donación de carácter cultural, correspondiendo el gran mérito, como se ha señalado en el curso del debate, al ex Senador señor Valdés. Hoy día la estamos profundizando, actualizando.
Estamos permitiendo que no solo los grandes donantes, sino también los pequeños puedan ser parte de la ley. Esa debe ser la vara a la hora de legislar respecto de una sola normativa. Porque, de lo contrario, la decisión respecto a qué donar operará en función del beneficio tributario y no de lo que realiza la sociedad civil en distintos ámbitos y que es un complemento necesario del Estado.
He dicho.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Carlos Larraín.


El señor LARRAÍN (don Carlos).- Señor Presidente, voy a referirme en términos genéricos a la iniciativa que modifica la posibilidad de hacer donaciones para fines culturales, porque ella será objeto de un análisis detallado en la Comisión, y quisiera, simplemente, dejar ideas más amplias flotando en el ambiente.
Primero, el texto tiene por objeto, sobre todo, descentralizar. Y esta es una cosa buena per se. Constituye un bien absoluto.
Como lo expresaba recién el Honorable señor Orpis, lo importante no es el monto de una donación, sino el que se posibilite el reclutamiento de voluntarios y voluntades para llevar adelante un proyecto determinado. Esa es la gran virtud potenciadora, multiplicadora, del acto. Se alista gente que de otro modo se encontrará pasiva y se la potencia para llevar a cabo un objeto de bien general. ¿Cómo se define que reviste ese carácter? Porque es materia de un proyecto de ley que pasa por el Congreso y define cuáles son los objetivos que se apalancan.
Refiriéndome a la descentralización, juzgo que la iniciativa sirve, sobre todo, para acentuar el rol de la persona y la sociedad frente al del Estado. Ello también es muy valioso, y creo que en eso estamos todos, no solo los de este lado del Hemiciclo. "Agrandar", por así decirlo, el pulmón societario es algo muy importante. Si lo que mejor guía la vida social son los controles y filtros de la misma índole. Las normas estatales, las sanciones, el largo del bastón de castigo, no logran estructurar, en definitiva, una vida social constructiva, la buena vida. Esta última existe. Hoy por hoy, parece que esa idea se ha ido perdiendo, porque mucha gente lleva existencias miserables precisamente porque el entorno no la apuntala, no la levanta, no la apalanca.
Ahora, si acaso se quiere, por el camino que nos ocupa y las restricciones esbozadas por algunas personas, "recircuitar" dineros para fines estatales, no vale la pena dar el paso de hacer una donación. Más vale dejar que todo siga corriendo como antes. Porque es preciso pensar que el caso específico de que se trata se refiere a donaciones con fines culturales. Si alguien es partidario de la existencia de una cultura oficial, creo que no se va a atrever a confesarlo. Ella es siempre un fraude impuesto. Ha habido ejemplos notorios de tal sistema en la historia contemporánea. No hay nada más malo. Me atrevo a decir que ello ni siquiera alcanza a ser cultura.
También se ha dicho aquí -y me refiero al punto solo de paso, porque puedo ilustrarlo después con ejemplos numéricos- que se estaría procurando facilitar la donación de fondos del Estado. No hay tal. He hecho un ejercicio detallado de que un contribuyente, cuando desea destinar recursos a objetos de esta índole definidos en un texto legal, pone dinero extra. En lugar de privarse de 100 pesos, la suma asciende a alrededor de 124. Por cada 100 que dona, agrega 24. Es algo que tengo matemáticamente definido y, desde ya, ofrezco ponerlo a disposición de la Comisión que estudie el proyecto. O sea, no se trata de que Pedro, Juan o Diego simplemente digan: "En lugar de pagarle al Fisco, lo haré a mi donatario regalón". No. Al donante le cuesta dinero. Entendamos eso.
Por favor, no simplifiquemos las cosas, porque se podría hacer fracasar el propósito loabilísimo de este proyecto de ley: descentralizar. Se busca animar iniciativas dispersas versus iniciativas estatales. Estas últimas se hallan siempre en una mano y pasan por la burocracia, sea del color que sea, la cual "cobra peaje". Ya lo sabemos.
La virtud central de esta propuesta legislativa es que se podrá reclutar a mucha gente para realizar de manera voluntaria un objetivo compartido. Este es su gran valor. Al atraer la voluntad de un donante, quien contribuye con un poco más de lo que habría gastado si simplemente se limitara a pagar impuestos, se está potenciando la descentralización.
Reitero: voy a entregar estas cifras a los integrantes de la Comisión porque se trata de un aspecto muy importante. No solo se están donando recursos que, de otro modo, van a parar al Fisco, sino que se está agregando dinero extra.
Además, la evolución de los donantes en esta materia no ha sido positiva. Han aumentado los montos absolutos -sobre todo, en el ámbito de la reconstrucción-, pero, estrictamente hablando, la cantidad de donantes se ha ido encogiendo. A muchas personas el solo concepto de la donación les parece repelente.
No estoy para nada de acuerdo con esa idea. Por el contrario, pienso que se debe diversificar el uso de los dineros estatales y privados contemplados en una donación. Así, vamos a tener más riqueza, más variedad; van a florecer cosas que, de otro modo, quedarían en latencia o no llegarían a existir. Y en estas áreas sin cubrir, como hemos visto tantas veces en la historia contemporánea, el Estado ha de correr -entre comillas, porque nunca corre; se arrastra- para suplir una actividad de la sociedad civil que no pudo ver la luz. Y normalmente este lo hace mal.
Con esto no estoy queriendo denostar a nadie. Al Estado lo administran unos y otros y, al final, él es dueño de lo que tiene. Eso de que lo que pertenece al Estado es de todos son puras pamplinas. Lo del Estado es del Estado.
Por lo tanto, anuncio mi propósito de votar a favor de este proyecto y de impulsar, dentro de mis posibilidades, todas las normas que flexibilicen la opción de efectuar donaciones. Entre otras, destaco la relativa a incluir como donantes a las personas naturales, con cargo al impuesto de segunda categoría.
Y hay otras disposiciones que fortalecen la alternativa de llevar adelante las donaciones, las que, a mi parecer, pueden constituir una siembra de cosas muy notables en términos sociales.
Muchas gracias, señor Presidente.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Senador señor Muñoz Aburto.


El señor MUÑOZ ABURTO.- Señor Presidente, solo deseo consultar al señor Ministro si van a ser beneficiarios del crédito tributario los donantes que -valga la redundancia- donen predios o terrenos para que se transformen en parques. Porque estos también forman parte de nuestro patrimonio cultural.
¿Están considerados en el proyecto esos contribuyentes?
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Señor Ministro, puede contestar cuando lo estime conveniente.
Tiene la palabra el Honorable señor Quintana.


El señor QUINTANA.- Señor Presidente, luego de escuchar al Senador Carlos Larraín y, especialmente, al colega Kuschel, me quedan más dudas respecto de este proyecto, el cual, por cierto, tiene un objetivo muy loable.
¡Qué más loable que el espíritu de solidaridad que un país refleja en todo tipo de donaciones!
En todo caso, hemos experimentado una baja general en donaciones de todo tipo: desde las relativas a fundaciones hasta las de órganos, como pudimos ver hace algunos días a propósito del caso de la joven Trinidad Gelfenstein.
En fin, considero que existe un problema en tal sentido.
Ahora, la presente iniciativa constituye mucho más que una arquitectura tributaria, como se ha planteado acá. Durante la discusión en particular, deberemos poner el acento con más claridad en lo que se busca construir a partir de estas donaciones. ¿Qué cosas el Estado no puede financiar? (Concuerdo con lo señalado aquí en esta materia). ¿Qué expresión cultural finalmente vamos a favorecer: el patrimonio cultural, la donación de especies? ¿Se permitirá que muchos museos cuenten con un patrimonio que está en manos de particulares?
A mi juicio, ese debate no lo hemos hecho.
Entiendo que la Comisión de Hacienda -desde luego y como siempre, hizo un trabajo riguroso- no recibió en audiencia a ninguna agrupación cultural o patrimonial, como normalmente se procede cuando se discute la idea de legislar, a fin de ver si las líneas gruesas descritas en el proyecto apuntan al objetivo que se persigue. En cierta forma, este busca reafirmar, como varios Senadores han señalado, una convicción del Presidente del Senado de los noventa don Gabriel Valdés y de los legisladores de aquella época. Estimo que no estamos dando fiel cumplimiento a la idea que inspiró en aquel momento la normativa.
La carta que el propio ex Senador Valdés envió al Ministro Presidente de la Comisión Nacional de la Cultura y las Artes en marzo del año recién pasado plantea fórmulas innovadoras: el fomento a la producción audiovisual, tema que no ha sido recogido ni en esta iniciativa ni en la que se discute sobre televisión digital; en materia de patrimonio cultural inmueble, la restauración y conservación de bienes raíces patrimoniales -a propósito de una invitación que se le hizo al Ministro en Capitán Pastene tiempo atrás, que aún no ha podido atender-; la donación de especies -lo mencioné recién-, mediante la cual colecciones de distinto tipo y objetos artísticos pasan a ser dominios culturales de museos, preferentemente; la posibilidad de que los espectáculos pagados puedan ofrecerse de manera gratuita en otros lugares, mediante la enmienda a normas que hoy día lo prohíben.
En fin, siento que un proyecto de esta naturaleza necesita un poco más de discusión. Se requiere escuchar a muchos actores que en la actualidad se encuentran organizados y esperan, al igual que todos, que esta propuesta genere más donantes y, al mismo tiempo, un universo de beneficiarios mucho más grande, así como acceso a obras culturales que hoy no podemos apreciar por las razones que todos los señores Senadores han manifestado.
Insisto, señor Presidente: la iniciativa que nos ocupa está bien inspirada y va a permitir seguramente concretar obras con fines culturales.
Pero me preocupan algunas cosas, las mismas que expresó el Senador Lagos.
Se va a posibilitar que donen con franquicias tributarias empresas que tienen fines de lucro. Este debate lo hemos sostenido largamente en la Comisión de Educación, Cultura, Ciencia y Tecnología.
A propósito, en este proyecto se modifican al menos dos cuerpos legales: la Ley de Monumentos Nacionales y la Ley sobre Fomento Audiovisual. Por lo mismo, resulta indispensable que en el siguiente trámite legislativo participe la Comisión de Educación. No nos olvidemos de que en el primer trámite constitucional esta iniciativa estuvo radicada prácticamente 10 meses en la Comisión de Cultura y las Artes de la Cámara de Diputados, mientras acá solo ha sido vista por la de Hacienda.
En suma, aunque valoro esta iniciativa y considero que hay un debate interesante por realizar, en esta ocasión me voy a abstener, sin perjuicio de que durante la discusión particular cambie mi opinión.
Me parece indispensable solicitar -lo conversé con los demás miembros de la Comisión de Educación-, que en el siguiente trámite legislativo el proyecto sea visto por las Comisiones unidas de Hacienda y de Educación.
He dicho.
El señor NAVARRO (Vicepresidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Hernán Larraín.


El señor LARRAÍN.- Señor Presidente, me alegro enormemente por la presentación de esta iniciativa.
Considero que este ámbito de actividades, las donaciones con algún tipo de incentivo tributario, es extraordinariamente valioso y positivo.
Si bien en Chile no tenemos una larga tradición en este campo, deberíamos asumir con más fuerza tal expresión cultural de los tiempos modernos.
Estimo que el esfuerzo hecho por Gabriel Valdés en su momento fue muy notable, señero, y abrió un camino que se podrá perfeccionar, como se está haciendo hoy día. Su impronta le da relevancia a la participación privada en el desarrollo de ciertas actividades, en este caso, de carácter cultural.
Sin embargo, pienso que ello nos debería obligar a hacer una reflexión más amplia, como plantearon algunos Senadores -estoy pensando en las palabras de los colegas Chahuán y Orpis-, en orden a impulsar una política de incentivo tributario para compartir el financiamiento de muchas actividades de prioridad social que no cuentan con los recursos suficientes para desarrollarse.
Hay quienes se preguntan por qué se necesita otorgar tales incentivos. Si algún particular quiere realizar tales donaciones, que las haga; si lo mueve la pura filantropía, que la aplique. El problema es que ello no siempre es factible de realizar solo con filantropía. Un estímulo del Estado lograría potenciar esos esfuerzos (tiempos personales y recursos económicos).
En el pasado tuvimos algunos debates en esta materia que nos impidieron avanzar -probablemente por consideraciones de carácter ideológico o de otra índole-, por lo que se negó la posibilidad de fortalecer ese tipo de donaciones. Ante ello, nos preguntamos si el Estado se ha hecho cargo de suplir esa carencia. Si la hubiera cubierto, ¡sería fantástico! No necesitaríamos de estos incentivos.
En realidad, en el ámbito cultural se requiere mucho más. Y aquí se pretende potenciar esta área. Si vemos lo que ocurre en Regiones, lo que queda por hacer es todavía un mar sin orilla.
Y hay otros ámbitos (de lo social, de la pobreza, de los discapacitados, de la rehabilitación de quienes sufren adicciones a drogas, estupefacientes o alcohol, de lo recreacional o deportivo, de lo educativo, de la capacitación, etcétera) que encierran demandas insatisfechas y donde falta mucho por hacer.
Entonces, despertar la solidaridad privada y el interés de la sociedad civil y facilitarle su contribución a través de estos mecanismos constituyen una señal de madurez como país.
Creo que es tiempo de jugársela con más fuerza para lograr un objetivo que no significará un gasto para el Estado, sino una verdadera inversión. En efecto, este dejará de percibir algunos ingresos tributarios -no se meterá la mano al bolsillo- para potenciar el esfuerzo solidario muchas veces.
Yo me pregunto: ¿Cuántas obras de carácter social, cultural, educativo dejarían de realizarse en Chile si no existiera este tipo de incentivo? ¿Y cuántas -cabe ponerse también en una visión proyectiva- se están dejando de hacer porque no invertimos en ellas?
En tal sentido, valoro lo obrado en ese campo. Porque se ha avanzado mucho y recuperado un terreno que estaba perdiéndose.
Pero sigo pensando que deberíamos avanzar en todos los ámbitos.
Comparto lo señalado por los Senadores que antes mencioné, en cuanto a la necesidad de tener -es lo deseable- una legislación base, común, para todos los sistemas de donación, que permita usar este incentivo y no buscar restricciones.
¡Por supuesto que hay que fiscalizar! No solo en el área que nos ocupa se pueden hacer trampas o fraudes. Es posible que ello ocurra en todas las esferas de la actividad humana. Pareciera ser parte de la condición de la persona. Pero ello no debe impedir que avancemos en esta línea.
Y quiero aprovechar esta oportunidad, si existe voluntad de la Sala, para pedir que se oficie al Ministro de Hacienda y al Presidente de la República, a fin de solicitarles que se acelere la instalación de un régimen único en el ámbito tributario, con las especificaciones que se puedan establecer: que no se quite nada de lo que ya hay; al contrario, como señaló el Senador Orpis, que se nivele hacia arriba; que se vea cuál es el sistema que ha dado mejores frutos (al parecer, el de las donaciones culturales es el más rendidor, el de más excelencia), para potenciar un mecanismo de solidaridad social que, de otra manera, no logrará provocar los efectos esperados.
Abundan ejemplos, señor Presidente.
En el ámbito de las donaciones para combatir la pobreza o las de tipo social, recién se señaló que la creación de un fondo administrado por el Estado, que obliga a recortar parte de las donaciones, ha sido un freno para quienes desean realizarlas.
Siendo Presidente del Senado, sostuve muchas conversaciones con organismos beneficiarios de estas donaciones en todas las áreas (educativas, sociales, culturales, etcétera).
Y recuerdo una reunión en la que hice presente estas inquietudes al Ministro del Interior de la época, Francisco Vidal. Les cuento, a modo anecdótico, lo ocurrido en aquella ocasión. Nunca había escuchado expresiones tan duras de una persona muy calificada, de mucha autoridad moral, como el capellán del Hogar de Cristo de la época, el padre Moreira, dirigidas al Ministro del Interior, no a título personal, sino respecto de un Gobierno y un sistema político que no acogían con realismo las donaciones sociales.
El padre Moreira señaló: "¿Usted ha pensado, Ministro Vidal, que las donaciones para la política son más expeditas y más fáciles que las donaciones para la pobreza? ¿Les parece a ustedes" -y me agregó a mí, a pesar de que yo había organizado la reunión; pero era lógico, pues se trataba de una cuestión que apuntaba no a una persona, sino a un sistema político que no se había hecho cargo de tal realidad- "justo que este tipo de situaciones se dé en nuestro país, habiendo tanta carencia social, tanta pobreza, tanta situación por resolver?".
Y en efecto, señor Presidente, las restricciones que se pusieron en la ley, todas prevenciones de desconfianza o de carácter ideológico, han impedido que funcionen bien las donaciones con esa finalidad.
Entonces, creo que la de ahora es una tremenda oportunidad para avanzar y facilitar las donaciones que pueden realizarse con múltiples propósitos.
En líneas generales, este proyecto, a pesar de que puede ser perfeccionado para hacerlo más sencillo y menos burocrático, tiene objetivos muy logrados.
Incentiva efectivamente las donaciones.
Aumenta el número de beneficiarios. Se agrega una lista larga de nuevos beneficiarios que podrán ser objeto de donaciones.
En este punto, aprovecho para manifestar un problema jurídico respecto de los propietarios de inmuebles que hayan sido declarados Monumento Nacional. ¿Están incluidos ahí los propietarios fiscales? Por ejemplo, si se quisiera arreglar el Parlamento -no el edificio que ocupamos ahora, porque no tiene arreglo, sino el antiguo en Santiago-, ¿se podría recibir una donación, en caso de que el Congreso Nacional no tuviera presupuesto para ello?
A mi juicio, es dable abrir esa posibilidad. Hay muchos edificios públicos, municipios antiguos que podrían recuperarse por esa vía. Y me parece que están excluidos de tal opción.
También es positivo incorporar a las personas como donantes.
Asimismo, resulta valioso que se establezca la donación de bienes, en especies, que hasta ahora no habían sido contempladas en la ley.
Se cambia, además, la composición del Comité Calificador de Donaciones Privadas y se le otorgan nuevas atribuciones, para hacer más expedito el trámite y el funcionamiento de dicho organismo.
En resumen, señor Presidente, pienso que nos hallamos frente a una oportunidad para reflexionar, a propósito del régimen de donaciones culturales.
Creo en la conveniencia de aprobar esta iniciativa -por supuesto, la vamos a apoyar-, para potenciar las donaciones con fines culturales, pero también para establecer un régimen único, potente, que ayude a incorporar la solidaridad social en el ámbito de los beneficios que permitan un mayor desarrollo del país.
He dicho.
El señor ESCALONA (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Coloma.


El señor COLOMA.- Señor Presidente, he querido intervenir en esta ocasión porque, en mi opinión, este es el tipo de proyectos que genera una institucionalidad más allá del tema que aborda; en este caso, lo cultural. Es un modelo que puede seguirse en otros ámbitos, donde la participación voluntaria de privados suele entrabarse con una maraña de requisitos que, al final, la hacen virtualmente imposible, como sucede -así se ha explicado acá- con las donaciones para el combate a la pobreza.
Lo que me hace intervenir es relatar las experiencias que he podido reunir en el campo parlamentario en lo que respecta a iniciativas de esta naturaleza.
Represento a la Región del Maule, donde uno de los orgullos importantes es disponer de un teatro muy valioso, el cual se financia obviamente con aportes públicos y algunos dineros privados que no significan lo que uno pudiera esperar, porque todavía hay muchas restricciones en la materia.
De ahí que hace algunos años propusimos con el entonces Senador Gazmuri una glosa en el Presupuesto para permitir que el Fondo Nacional de Desarrollo Regional aportara recursos a ese tipo de acciones culturales, como una forma de enriquecer su capacidad de desarrollo y sus posibilidades de extensión a distintos lugares.
Soy de aquellos que creen que, en aspectos culturales y de formación humana, ese teatro generó un antes y un después. Hoy constituye un motivo de orgullo, un impulso de imitación, una instancia de educación más completa para miles de jóvenes que lo ven como un referente que antes, claramente, no había. De ahí ha surgido un nuevo interés por conocer más de la historia, las tradiciones, la cultura, la música, los libros de nuestro país, y a mi juicio representa el tipo de políticas públicas que acertó en el momento adecuado. Y hoy uno puede comprobarlo.
Menciono dicha experiencia, porque siento que lo planteado por el señor Ministro de Cultura al respecto apunta en un sentido ultracorrecto: definir cómo ha funcionado la legislación en materia cultural, sobre la base de un principio rector para este tipo de actividades.
¿La cultura es de aquellas labores susceptibles e importantes de financiar en el ámbito público? Es la primera discusión que hay que acometer. Algunos podrán responder que no. Yo soy de los que estiman que sí.
Y si se la financia, ¿será bueno concebir incentivos adicionales para que también los particulares puedan participar mediante copago del Estado -por así decir-, en términos de proveer una cantidad mayor para la inversión? Si la respuesta es afirmativa pero hay cosas que mejorar, este es precisamente el modelo al cual aspiro, donde se fijen políticas públicas por parte de la autoridad, pero que asimismo haya espacio para la democracia tributaria, en el sentido de que las personas puedan optar por colaborar con el Estado en aquellas cosas que desde su perspectiva ayudan a una misión prefijada, a la que le da un valor adicional el hecho de disponer de más recursos.
En lo que atañe al proyecto en análisis -ojalá se constituya en referente para otras iniciativas-, se amplían las instituciones beneficiarias, que es una aspiración muy relevante. Quiero dejar en claro que a partir de ahora se puede, por ejemplo, donar al Consejo de Monumentos Nacionales o a los propietarios de inmuebles que hayan sido declarados monumento nacional. Es un drama permanente para zonas afectadas por terremotos o por deterioros de distinta naturaleza producidas por actividad pública el que haya una declaración de monumento nacional. Eso que puede ser una buena noticia para una ciudad suele ser mala para el dueño, quien no recibe en general contribución del Estado para la mantención ni tampoco puede percibir ayuda alguna, porque hasta ahora se hallaba limitado el ámbito de acción.
Lo relacionado con los propietarios de inmuebles ubicados en zonas de patrimonio mundial apunta en el mismo sentido.
En el fondo, implica dar una mano para la mantención del acervo cultural. En Chile somos buenos para declarar monumentos, pero bastante malos para ayudar. Y cuando uno mira un edificio determinado en estado de deterioro, muchas veces sucede que coincide con una declaración en materia de patrimonio -de buena fe- que no recibe la contraprestación adecuada.
El hecho de que se definan nuevos donantes y que se amplíen los ámbitos de acción también va en el sentido correcto.
En legislaciones anteriores -fue parte de la discusión habida en el Parlamento- se partía de la base de que lo único relevante era evitar las trampas -obviamente, hay que sortearlas-, pero la mejor fórmula para lograrlo consistía en no hacer nada. Y a veces se percibe cierta tendencia de no enfrentar desafíos nuevos con otra institucionalidad, sino más bien omitir problemas sin innovar en la materia. Aquí se dan más facilidades, se establecen nuevos mecanismos, se amplía la posibilidad a otro tipo de empresas para que igualmente ellas puedan colaborar con esta misión conjunta de mejorar nuestra acción cultural.
El proyecto aborda además un asunto no fácil: cómo los espectáculos culturales que reciben donaciones también pueden percibir copago ciudadano, sin generar esta especie de compartimento estanco donde era lo uno o lo otro. Lo mismo se aplica con los libros, en materia audiovisual o en distintos aspectos, donde no por el hecho de contar con un apoyo importante del mundo público se va a omitir lo que pueda aportar el mundo privado. Esta armonía, esta sabia conjunción de elementos me parece que apunta en el sentido correcto.
Por otra parte, que se permita al benefactor algún tipo de compensación considero que apunta al fomento de la donación. Alguien me podrá decir: "Esto se puede prestar...". ¡Todo "se puede prestar" para algo! Para eso está la autoridad. Confiemos en que haya acciones sancionatorias al respecto. ¡Pero creamos en la buena fe de las personas! Pensemos un poco en términos positivos: que el ser humano no es intrínsecamente perverso, y que hay opciones para que se manifiesten gestos de generosidad -como en otros países- que son bienvenidos y no combatidos, como a veces pareciera destacarse.
Del mismo modo, me parece positivo el que se pueda colaborar en especies. Me correspondió en mi Región tratar por dicha vía de obtener la donación de elementos físicos para reconstruir, pero al final no se podían incorporar en ninguna ley, lo que hacía que en la práctica se impidieran tales beneficios en materia cultural.
Señor Presidente, estimo que la presente iniciativa puede ser un modelo importante. Creo de buena fe que la sociedad no está constituida solo de intereses individuales, pues también debe considerarse el bien común, donde más personas que las que uno supone se hallan dispuestas a colaborar para hacer una sociedad mejor en los ámbitos cultural, deportivo y de la pobreza, por lo cual este proyecto apunta en el sentido correcto.
Preguntaba hace un rato su opinión al Senador señor Orpis, quien para estas bancadas es un referente, ya que le ha tocado jugar un rol importante en el combate a la pobreza y a la drogadicción. No es menor escucharlo decir que este tipo de iniciativas son las que mejor han funcionado en Chile. Y si somos capaces de hacer un upgrade que opere mejor, a partir del presente proyecto, puede significar un esquema que adicionalmente, asumiendo roles comunes, nos sitúe en una nueva era en materia de donaciones particulares para fines que el Estado cataloga como relevantes. Y el Parlamento lo sanciona de la misma manera.
Por considerar que la iniciativa apunta en el sentido adecuado y que está bien formulada -aunque la gente siempre podrá decir que puede mejorarse-, no debemos desconocer el esfuerzo que hay tras esto. Por estas razones, vamos a votar a favor. Ojalá, a la brevedad, podamos crear una nueva institucionalidad sobre donaciones, que cambie para bien la historia de Chile.
El señor ESCALONA (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Gómez.


El señor GÓMEZ.- Señor Presidente, nada hay más importante e interesante que dictar una ley que permita donar, sobre todo en materias culturales y artísticas. A mi juicio, es relevante que se haga.
Por lo que he leído del proyecto, este no tiene que ver con política cultural, sino con números, con exenciones, con una serie de porcentajes. Sin embargo, para que haya una definición que logre que mucha gente y empresas donen, necesitamos que se persiga una finalidad clara y concreta.
En mi opinión, aquí se establecen criterios dentro de un conjunto de artículos y números que se refieren a platas. Pero, en definitiva, debiera ser una iniciativa que vaya no a recaudar recursos, sino que, si los capta, sea con un fin: tener mayores posibilidades de cultura, y que esta, además, se extienda hacia otras Regiones y comunas del país.
¿Cuál es el problema inicial que advierto?
Se señalan los requisitos que han de cumplir los beneficiarios: "Presentar un proyecto al Comité de Donaciones Culturales Privadas destinado a actividades de investigación, creación y difusión de la cultura y las artes, tales como construcción o habilitación de infraestructura, exposiciones de pintura, fotografía, escultura, obras de teatro, música, danza, ediciones de libros", etcétera.
¿Quiénes constituyen ese Comité?
Por una parte, el Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. También lo integra el Ministro de Hacienda. No sé por qué razón lo conformará este Secretario de Estado, a no ser porque va a contar...
El señor GARCÍA-HUIDOBRO.- Es el que pone las lucas.
El señor ESPINA.- El que coloca la plata.
El señor GÓMEZ.-... los millones que se puedan donar. Pero no sé si tiene relación directa con la cuestión que estamos tratando, excepto porque este es prácticamente un proyecto de Hacienda.
A la vez, se consideran un representante del Senado y otro de la Cámara de Diputados, siempre y cuando se encuentren en el ejercicio del cargo. En mi opinión, debemos nombrar a alguien que tenga relación con la cultura y no que un Senador o un Diputado sea partícipe solo por el hecho de ser parlamentario.
También se incluye un representante de la Confederación de la Producción y del Comercio. De nuevo me parece extraño.
El señor PROKURICA.- Son los que donan.
El señor GÓMEZ.- Quizás sea por guardar relación con los recursos. Pero, desde el punto de vista de la cultura, estimo que debiera haber una institucionalidad distinta.
Llegamos finalmente a lo correcto: un representante de las organizaciones culturales y un galardonado con el Premio Nacional de Artes Plásticas, de Artes Musicales, de Artes de la Representación o de Literatura. Esto es algo razonable.
Hablamos de donaciones. Sobre el particular, el Senador señor Carlos Larraín -mi hoy gran amigo- realizó un análisis financiero conforme al cual aquí vamos a pagar más que a recibir. Pero la iniciativa dispone lo siguiente: los contribuyentes de primera categoría (en general, empresas) que tengan pérdidas, 50 por ciento como gasto hasta tres ejercicios por su donación; los contribuyentes del impuesto único de segunda categoría (trabajadores dependientes), 50 por ciento como crédito; las personas naturales, que podrán donar con cargo al impuesto de herencia, así como las sucesiones hereditarias, 50 por ciento como crédito.
En verdad, las matemáticas son una. No es posible llegar a 120 por ciento de recursos por parte del donante.
Estudiaré con atención lo que el Honorable colega presente.
Hay algo más todavía, que considero complejo: los contribuyentes del impuesto adicional (extranjeros con actividad comercial en Chile), 35 por ciento como crédito.
¿Por qué me parece complejo? Porque es uno de los asuntos de fondo que hemos estado tratando de regular en las diversas discusiones sostenidas en materia tributaria.
¿Qué es necesario tener claro?
El Senador señor Novoa señalaba que hay que creer en las personas. Por supuesto, sería ilógico no hacerlo. Pero quiero recordar que, con motivo del terremoto del 27 de febrero de 2010, una empresa importó una cantidad de alimentos desde Argentina, y resulta que las cobró como donaciones. Y el hecho se denunció en los propios tribunales aduaneros. Se trata de una empresa grande, no pequeña. Entonces, los controles y la forma en que se establecen estas donaciones y estructuras necesariamente han de estar muy claramente definidos.
No tengo prejuicio ideológico alguno con las donaciones de los privados, o de quienes sean. Pero me gustaría que el Estado tuviera la capacidad de disponer de la estructura necesaria, a fin de que se cuente con los fondos públicos para realizar las actividades culturales que se precisan en las Regiones y comunas del país. No creo que la dádiva o la entrega de recursos por parte de los privados tenga que suplir las tareas del Estado. Me parece que este posee obligaciones, sobre todo en materia cultural, con la sociedad.
Vamos a volver a discutir el reajuste del ingreso mínimo. Y una persona que reciba 193 mil pesos -al parecer, es el monto que se aprobará-, y 154 mil líquidos, no tiene posibilidad alguna de acceder a la cultura -¡ninguna!-, porque no puede pagar ni siquiera una entrada barata.
El Estado debe cumplir roles. Y en el de la cultura tendría que ser el actor principal. Lo demás es anexo. Si llega, bien; y si hay controles, mejor.
También resulta complejo lo relativo a la calidad de beneficiarios de los propietarios de inmuebles declarados monumentos nacionales. Esto hay que analizarlo con detención. Porque, en general, no se trata de personas de escasos recursos. Son familias que han accedido a ellos. Yo no estoy en contra de la idea. Hago la observación en el sentido de que hay que tener cuidado con lo que significa esto en definitiva.
Además, el proyecto dispone que serán beneficiarias de la ley las empresas de menor tamaño que posean un exclusivo carácter artístico cultural. Esto también es complejo. Hay que tener ojo. Porque cuando, por ejemplo, viene un artista extranjero y presenta un evento cultural -entre comillas-, queda exento del pago de impuestos. Sin embargo, los chilenos, cuando llevan a cabo una actividad de esa naturaleza, tributan. Entonces, ¡cuidado con las fórmulas planteadas en la iniciativa!
También se manifestó que se iba a regionalizar. Y en lo relativo al Comité Calificador de Donaciones, una de las normas del proyecto dice: "El Comité podrá delegar sus funciones en Comités Regionales". No se establece cómo debiera hacerlo.
El señor CRUZ-COKE (Ministro Presidente del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes).- Ese es el criterio.
El señor GÓMEZ.- Puede ser, señor Ministro. Si ese es el criterio, es importante que se establezca claramente. Porque siempre creamos los comités nacionales y después los comités regionales quedan solo como posibilidades.
En mi opinión, quizás la mejor donación que podríamos efectuar en materia de cultura es que, de una vez por todas, terminemos con el IVA a los libros. Sería una gran donación para todos los chilenos. Por supuesto, entiendo que no la harán los privados, pues la tiene que hacer el Estado de Chile. Esa resultaría, de verdad, una gran medida para acceder definitivamente a la cultura.
Señor Presidente, no tengo inconveniente en que se debata el proyecto. Pero su texto debe analizarse junto con las indicaciones que se formulen durante la discusión particular.
Tenemos que preocuparnos de las donaciones. Hay que dar sanando, no con un parche curita que resuelva el problema.
El señor ESCALONA (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Espina.


El señor ESPINA.- Señor Presidente, las intervenciones anteriores de los parlamentarios de la Alianza me representan plenamente. En particular, destaco las de los Senadores Carlos Larraín -creo que apunta a un tema de fondo- y Orpis.
Para que quede constancia en la historia fidedigna de la ley, quiero aprovechar esta oportunidad para felicitar al Ministro Cruz-Coke por la notable labor que ha realizado en beneficio del desarrollo de las artes y la cultura en nuestro país. ¿Y por qué lo hago? Porque en la Región de La Araucanía, que represento, existe un importante desarrollo cultural, fundamentalmente de las tradiciones vinculadas al folclor nacional. Y pocas veces he visto que esa área se haya impulsado en forma tan equitativa, tan seria, en la que los postulantes son elegidos de acuerdo al valor e importancia social que tienen sus proyectos culturales, dejando de lado consideraciones de carácter político, muy criticadas por los propios artistas.
Si alguien criticó el uso político de los recursos del Estado en el mundo de la cultura y las artes fueron los propios artistas, que querían ganar los concursos en virtud de sus méritos, capacidades y talentos, sin tener que llevar a cabo un permanente lobby entre personalidades políticas para ver si ejerciendo alguna influencia lograban sacar un proyecto más o un proyecto menos.
Creo que lo que ha hecho el Ministro Cruz-Coke es notablemente relevante en esa materia. Además, se trata de una persona que ha estado vinculada toda su vida al desarrollo de actividades artísticas y culturales. Por lo tanto, queda demostrado que quienes realizan tales actividades lo hacen con pasión, talento y eficiencia.
Quiero hacer presente la máxima importancia que doy a este proyecto, señor Presidente.
Todos los países que han logrado desarrollar el mundo de la cultura y las artes lo han hecho sobre la base de dos conceptos complementarios. En primer lugar, la ayuda del Estado, porque es muy importante su contribución con recursos para la concreción de determinadas acciones culturales, a las que sobre todo en su etapa inicial les resulta muy complejo avanzar en función de la legítima ganancia que buscan obtener quienes las impulsan.
Sin embargo, no hay duda de que una palanca fundamental para el desarrollo de las artes y la cultura en gran parte del mundo ha sido el concepto de las donaciones.
En cuanto a esta materia, quiero hacer primero una precisión, respecto de la cual nada se ha señalado: que no se acepta cualquier donación, ni se puede financiar cualquier proyecto. Porque, según la legislación vigente y las modificaciones del Gobierno, los proyectos que se presenten deben "Ser aprobados por el Comité, de acuerdo a las normas que establezca el Reglamento".
Ahora, en cuanto a la integración del Comité Calificador de Donaciones Privadas, determinada en el artículo 1º, número 3), de la iniciativa, me parece que obedece a un sano equilibrio de visiones distintas que puede o no perfeccionarse. Pero no quisiera que ese factor terminara por retrasar la aprobación de esta normativa, más aún cuando lo que ella propone es lo correcto: ampliar los beneficiarios de las donaciones y los donantes.
En ese sentido, lo que más valor tiene para mí en esa materia es la incorporación, dentro de los beneficiarios, de las pymes culturales, es decir, las micro, pequeña y mediana empresas cuyo objeto social exclusivo sea de carácter cultural o artístico, a las que previamente el Comité Calificador de Donaciones les haya aprobado sus proyectos, tales como productoras audiovisuales, editoriales y sellos independientes.
A ellas se agregan los propietarios de bienes raíces declarados monumento nacional por el Consejo de Monumentos Nacionales, de inmuebles ubicados en zonas de conservación histórica, para poder repararlos y conservarlos, y la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos.
Asimismo, resulta muy relevante ampliar la gama de donantes. Ahora se incorpora a los contribuyentes del impuesto único de segunda categoría, que son trabajadores dependientes. ¡Por qué a ellos no se les va a permitir donar!
Fíjense, Sus Señorías, que de acuerdo a la ley vigente pueden ser donantes los contribuyentes del impuesto global complementario y los de primera categoría -que, en general, corresponden a empresas-, a los que además se les exige tener utilidades.
Al extenderse la posibilidad de donar a los contribuyentes del impuesto único de segunda categoría -esto es, a los trabajadores dependientes-, se amplía el marco de las donaciones.
Y aquí se presenta un asunto conceptual.
Entre paréntesis, deseo expresar que ojalá el Senado pueda sacar adelante este tipo de proyectos, porque de repente se empiezan a poner enorme cantidad de trabas. Todos hablan con los artistas, con el mundo de la cultura; van a visitarlos cuando realizan sus actividades y les dicen que los desean apoyar, pero, a la hora de aprobar las iniciativas que les permitirían recibir donaciones más amplias, siempre hay una traba, un obstáculo, una crítica, una queja.
Y ese es el gran reparo que a uno le hacen cuando se reúne con personas del mundo de la cultura y las artes, porque iniciativas como la que nos ocupa deberían ser despachadas mucho más rápido. Sin embargo, siempre -repito- nos quedamos llenos de trabas, de obstáculos, de observaciones, de prevenciones, con un sentido de desconfianza.
Y en esto le encuentro toda la razón del mundo al Senador Orpis en cuanto a que nosotros somos los reyes para dictar leyes de donaciones, salvo probablemente esta, donde el principio de la desconfianza en el donante es lo esencial. Por eso las donaciones deportivas terminaron siendo muy inferiores a las que propiciábamos. Porque, cuando alguien quiere efectuar una donación en ese ámbito -y probablemente pasa lo mismo en el campo de la pobreza, que quizás es mucho más relevante-, es tal el cúmulo de exigencias, trabas, requisitos que se ponen, que al final la persona decide no donar. ¡No donar, no más! Y si a eso se le agrega la obligación de tener que donar a un tercero desconocido, nunca lo hará.
Si mañana yo siento el deseo de donar a la cultura, al desarrollo artístico de mi zona, a la actividad deportiva o a la pobreza, me muestro dispuesto a entregar los recursos pertinentes y me señalan que parte de ellos no irá donde deseo, entonces no voy a donar.
Al final, el Estado tampoco dispondrá de los recursos para satisfacer como corresponde cada una de estas demandas. ¿Y quiénes pierden? Los pobres; los deportistas; quienes tienen instituciones o fundaciones que luchan contra la droga y el alcohol -como el Senador Orpis, que ha dedicado su vida a esos fines, al que siempre he felicitado por ello y con quien trabajé en muchas oportunidades en una fundación que yo dirigía, dedicada a otro ámbito de la lucha contra las drogas-, y, finalmente, los artistas.
Por lo tanto, quiero pedir -y espero no estar arando en el mar- que este proyecto se pueda tramitar entendiendo que debe ser estudiado minuciosamente, pero sin que ello implique demorarse meses y años en su aprobación. Es necesario ampliar el ámbito de las donaciones. No se puede cometer el error gigantesco de poner más trabas. Tampoco hay que obligar a realizar las llamadas "donaciones mixtas a terceros" que la gente no conoce, pues, en tal caso, sencillamente no habrá donaciones. Que no se diga que el Estado podrá cumplir porque eso no es verdad. El Estado debe atender cientos de miles de necesidades y sus recursos no van a alcanzar para lograr lo que todo el mundo aspira. Y, adicionalmente -punto que me parece muy relevante-, que se permita recibir donaciones a empresas o personas naturales -el proyecto señala, específicamente, a las pymes- que tengan una legítima ganancia.
¡Si en Chile, señor Presidente, la legítima ganancia se ha transformado en algo prohibido! En Chile, el que gana plata entregando un buen servicio o una buena prestación, ¡que Dios lo pille confesado! Porque siempre se considera algo incorrecto. Si un profesor desea iniciar una escuela particular subvencionada y obtener recursos, se dice: "¡Pero, por favor! ¡Cómo esta persona va a tener ganancias!". ¡Una legítima ganancia!
Y resulta absolutamente válido que un grupo de artistas que desea realizar una actividad cultural y cobra por el espectáculo ofrecido obtenga una legítima ganancia. ¡Por qué no lo va a poder hacer!
Por eso, felicito al Ministro Cruz-Coke.
Creo que este proyecto reviste enorme importancia y ojalá que podamos fijar una política de Estado sobre la materia.
Por todas las consideraciones anotadas, señor Presidente, votaremos gustosos a favor de la idea de legislar.
El señor ESCALONA (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Navarro.


El señor NAVARRO.- Señor Presidente, quiero felicitar al Ministro, tal como lo han hecho otros miembros de la Corporación, porque ha mostrado una voluntad que escasea, como llamar por teléfono, conversar, integrar, debatir, llegar a acuerdos.
Pero quiero decirle, teniendo presente que es necesaria una ley de donaciones culturales y que el Senado debe sacar una normativa adecuada a la realidad nacional, que me siento obligado a formular un conjunto de observaciones, que no dicen relación con su persona, ni con lo que realiza el Ministerio a su cargo, sino con aquello en lo que aún no se llega a acuerdo en este proyecto de ley.
Por ejemplo, no hemos logrado consenso en cuanto a las donaciones realizadas a instituciones que persiguen fines de lucro; tampoco en cuál va a ser la compensación fiscal respecto de lo que se deje de ganar ni en lo concerniente al aumento del límite al monto del crédito aplicable a las 20 mil UTM.
Y esto de verdad me preocupa. Porque yo no comparto lo que ha expresado el Senador Espina, quien considera como elemento fundamental para financiar la cultura en Chile lo que puedan donar los privados.
¿Dónde está el Estado? ¿Cuál es la cantidad que el Estado chileno -producto del crecimiento a 18 mil dólares en el ingreso per cápita, que nos ubica en el segundo lugar de América Latina en este rubro- destina a la cultura? ¿Y a qué tipo de cultura?
¡El Estado! ¡No la generosidad de los privados! ¡El Estado!
Pero, al parecer, la idea que involucra este proyecto de ley, de acuerdo con lo sostenido por el Senador Espina, es que el Estado nunca va a poner los recursos para cultura y que, por lo tanto, existe la obligación de recurrir a la solidaridad.
Eso es lo que dijo el colega: que el Estado nunca va a tener recursos suficientes para cultura.
Yo siento que el elemento central son los aportes estatales derivados del crecimiento económico, y de manera subsidiaria, las donaciones.
A mi juicio, las donaciones no pueden ser el eje central. Porque -tampoco nos pasemos películas- ¿a cuánto ascienden ellas? En el año 2012, a 1.600 millones de pesos. Así lo señala el informe, en la página 36: "Este conjunto de medidas implicarán una menor recaudación" fiscal de 3 millones de dólares, y después, de 10 millones de dólares.
El señor ORPIS.- ¡Nada!
El señor NAVARRO.- O sea, los 5 mil millones de pesos, que sería el aporte del Estado por lo que dejará de percibir, no es una cantidad que nos debiera llamar a felicitarnos.
El aportar 1.600 millones de pesos el 2012 -3 millones de dólares-, no es lo más adecuado.
Por lo tanto, llegado el momento de decir: "Sí, necesitamos una ley de donaciones", pienso que, efectivamente, el reglamento de retribución cultural a la comunidad va a ser importante. Y será responsabilidad del Ministro de la Cartera que ese reglamento garantice equidad y diversidad. Y tengo la convicción de que así va a ser.
Pero ¿cuál es la duda que tenemos con la Ley de Donaciones? Hemos conversado con el Senador Orpis sobre la necesidad de aumentar esta posibilidad de esfuerzo. El colega conoce bien la materia, pues en lo relativo al combate contra la drogadicción la institucionalidad que él apoya ha tenido éxito.
Sin embargo, ¿cuáles son las versiones que no queremos que se produzcan?
"De las 60 universidades que operan en el país, de acuerdo con los datos del Servicio de Información de Educación Superior (SIES), un total de 49 planteles recibieron aportes del sector privado en 2009 y la misma cifra se repitió en 2010". Esas fueron donaciones a las universidades.
"En 2009 las donaciones sumaron un monto global de $14.749 millones," -¡sobre 14 mil millones!- "pero de esa cifra más de $8.370 millones se dividieron entre las universidades de Los Andes", la Pontificia Universidad Católica y la Universidad del Desarrollo. Y en 2010 el total de donaciones escaló a 16.353 millones de pesos.
Y agrega el artículo de CIPER: "El motor de las donaciones que recibe la Universidad de Los Andes" -una universidad en particular- "es su Asociación de Amigos, la que tiene un directorio integrado por 12 personas, la mayoría empresarios de renombre". Su Director Ejecutivo, Francisco Lavín, da a conocer cómo ha sido posible allí este éxito importante en la captación de donaciones.
La publicación continúa señalando: "La Universidad de Los Andes es una de las pocas instituciones que recibe grandes sumas de dinero de personas naturales", que es el objetivo que se busca ahora. "La donación más alta que recibió el 2009 fueron mil millones de pesos aportados por Carmen Izquierdo Menéndez, hermana de Matías Izquierdo Menéndez, uno de los fundadores de la universidad y miembro del directorio de su Asociación de Amigos. Mientras que el empresario Eduardo Fernández León aportó a título personal" 549 millones, y su esposa Valerie McAuliffe, otros 338 millones.
Señor Presidente, uno debería decir "¡Bien!" y felicitar, por cierto, este espíritu solidario de quienes pueden hacer donaciones. Pero aquí surge el tema de a quién se dona.
La publicación añade:
"Sin las donaciones, Lavín reconoce que la universidad podría mantenerse perfectamente con los aranceles y matrículas. Sin embargo, lo que se perdería sería `la posibilidad de crecer', dice, y crear proyectos ambiciosos, como la clínica y la biblioteca. Es por eso que en un futuro la universidad apuesta a aumentar sus donaciones ocupando la fórmula de Harvard, cuyos egresados aportan con dinero a la universidad y mueven sus contactos laborales para conseguir recursos".
"Pese a que Lavín sabe que muchas de las donaciones se deben al entusiasmo que genera la universidad entre los empresarios, pues, según dice, la ven como un espacio donde se formarán `sus futuros ejecutivos', a su juicio hay otro componente, uno más importante, que propicia las donaciones".
Señor Presidente, la verdad es que siento que aquí tenemos, particularmente, una muestra de lo que no queremos.
Yo quisiera que las donaciones, si van a ser con descuento fiscal -es decir, involucrarán un costo para el Estado-, se distribuyeran en forma más equitativa.
La Universidad del Bío-Bío, que tiene alrededor de 76 por ciento de alumnos vulnerables, recibe apenas 16 millones de pesos anuales por concepto de donaciones, versus otras universidades, donde ellas llegan a más de 5 mil millones.
Entonces, nosotros aspiramos a que la Ley de Donaciones, que se propone modificar, corrija el punto y garantice que, en definitiva, este tipo de aportes irá también donde más se necesite.
Lo digo porque, conforme al criterio sustentado por el Senador Espina y otros colegas de la Derecha, la gente no realizará donaciones si no van con nombre y apellido. Sin embargo, esto conlleva los problemas que he señalado con relación a la Universidad de Los Andes y diversos planteles privados. Porque el foco central de las donaciones se orienta hacia universidades que en realidad no las necesitan. Ellas mismas expresan que pueden sobrevivir con sus matrículas y sus aranceles, y lo que hacen, entonces, es invertir en una infraestructura maravillosa, envidiable. Pero, en definitiva, esa no es la finalidad que se persigue. ¿O alguien cree que el sentido de las donaciones en materia de educación es para que efectivamente se construya una biblioteca del tamaño de la que el referido artículo menciona? ¿Y para que se atienda a quiénes, a qué tipo de estudiantes?
Señor Presidente, creo que podemos mejorar este proyecto sin repetir esquemas que han sido complejos. Porque es cierto lo que manifestó el Senador Orpis. En la Ley del Deporte, donde intentamos crear un fondo común, la gente no donó.
Analicemos algún sistema mediante el cual todos puedan aspirar a tener acceso a donaciones, en especial las personas más humildes y no solo la gente bien contactada. Porque yo no conozco ninguna mipyme, ninguna asociación de vecinos u organización funcional que tenga contacto con grupos de empresarios para poder acceder a este tipo de donaciones.
Las donaciones culturales son necesarias, pero hay que cuidar que también funcione la equidad. Yo no quiero que en las donaciones solidarias para la cultura opere el mecanismo de la concentración; es decir, que se concentren las donaciones; que haya, digamos, donaciones para los amigos y no para personas distantes.
¡No quiero regalones en las donaciones! ¿Y cómo garantizamos eso? Hagamos el esfuerzo.
Aquí el ánimo, señor Ministro, es sacar adelante este proyecto -seguramente va a ser aprobado, con mi abstención-, aunque advierto que todos estos elementos deben ser debatidos. Necesitamos saber cuánto está gastando el Estado en cultura; cuánto aspira a incluir este Gobierno en la Ley de Presupuestos que se debatirá este año, como asimismo la Oposición, si desea volver al poder el 2014.
Me interesa saber cuánto estamos dispuestos a gastar, como Estado, en materia cultural, y no depositar esta responsabilidad en un grupo de empresarios. Porque -seamos claros- los que más pueden donar son un grupo de grandes empresarios.
No resulta admisible depositar en el sector privado una responsabilidad que debe asumir el Estado. Y esa responsabilidad tiene que ser algo principal. Aquí todos decimos que es importante la cultura, que son importantes los artistas, pero a la hora de poner las lucas, los recursos fiscales, lo que hacemos es decirle al sector privado: "Bueno, ustedes ahora pueden donar". ¿Pero cuánto va a poner el Estado como tal? ¿Cuánto está dispuesto a gastar?
El crecimiento económico implica también una distribución de lo mayormente obtenido. Y se puede redistribuir no solo mediante el sueldo mínimo, como hemos planteado, sino también a través de la cultura. Y en esta -repito- no quiero más concentración; no quiero que exista ni el amiguismo ni los regalones, sino diversidad e igualdad, para que todos puedan postular y acceder a las donaciones, sobre todo si ellas generan descuento fiscal.
Y por si alguien pretende hacer verdadera filantropía, hay que recordar lo siguiente.
Se termina mi tiempo.
Pido un minuto más, señor Presidente.
El señor ESCALONA (Presidente).- Conforme.
El señor NAVARRO.- Se criticaba mucho a Douglas Tompkins por su filantropía. Algunos decían que era un gringo que tenía negocios. Yo creo que en cien años más no va a ser recordado por eso, sino por su contribución a la preservación de la naturaleza y el patrimonio natural de Chile.
Me gustaría que quienes desearan realizar donaciones, efectivamente demostraran su filantropía sin recurrir a los fondos del Estado. Porque si alguien quiere donar uno, dos, tres, cuatro millones de dólares, ¡para qué utiliza el mecanismo de las donaciones! ¡Podría hacer filantropía real y desinteresada!
El beneficio tributario es un incentivo -lo reconozco-, y es el incentivo que todos buscamos, pero focalicémoslo adecuadamente.
Si en definitiva se logra una focalización apropiada, que permita diversidad en las donaciones y, en particular, la no concentración de estas, la ley en proyecto contará con mi apoyo.
En esta etapa, señor Presidente, me voy a abstener, con la convicción de que podemos mejorar la iniciativa formulando las indicaciones pertinentes y trabajando en conjunto con el Ejecutivo.
¡Patagonia sin represas!
¡Nueva Constitución ahora!
He dicho.
El señor ESCALONA (Presidente).- Se han inscrito nuevos Senadores y Senadoras.
Me permito recordar a la Sala que tenemos pendiente el veto aditivo, sobre el cual debemos pronunciarnos inmediatamente después de votar en general este proyecto.
Tiene la palabra el Senador señor García-Huidobro.


El señor GARCÍA-HUIDOBRO.- Señor Presidente, el Honorable señor Orpis me ha solicitado una interrupción, la que le concedo con cargo a mi tiempo.
El señor ESCALONA (Presidente).- Tiene la palabra, Su Señoría.
El señor ORPIS.- Señor Presidente, solo para efectos del debate quisiera entregar las siguientes cifras.
La manera de comparar las distintas leyes de donaciones es a través del crédito tributario. Y, en esa materia, de acuerdo a un informe del Servicio de Impuestos Internos, voy a dar unos datos completos, en forma desglosada, porque los considero importantes para el análisis del proyecto.
En total, en materia de crédito tributario se generaron 27 mil 573 millones de pesos.
Las universidades recibieron 5 mil 766 millones de pesos, que equivalen al 20,9 por ciento; las entidades sociales, mil 380 millones, que corresponden al 5 por ciento; las deportivas, 5 mil 402 millones, que representan el 19,6 por ciento; las educacionales, 6 mil 23 millones, que llegan al 21,8 por ciento; y la cultura, 9 mil 2 millones, que alcanzan al 32,6 por ciento.
La pregunta es ¿cuáles son las dos peores? Las deportivas y las sociales. ¿Por qué? Porque no se respeta la voluntad del donante. Esa es la respuesta.
En seguida, señor Presidente, agradeciendo al Senador García-Huidobro la interrupción que me concedió, deseo referirme a otro tema.
No porque existe una ley de donaciones el Estado se va a marginar: este es irremplazable. Hay que entender que las leyes de donaciones son un complemento a su acción, porque el Estado no llega a todos los lugares, ni a todas las realidades.
De tal manera que estos incentivos deben entenderse como un complemento a la acción estatal, la cual es irremplazable.
He dicho.
El señor ESCALONA (Presidente).- Continúa con el uso de la palabra el Honorable señor García-Huidobro.
El señor GARCÍA-HUIDOBRO.- Señor Presidente, fue una pequeña interrupción, pero muy importante para este debate.
En primer lugar, quiero informar al Senador Gómez que en la ley vigente existen los comités regionales. Por lo tanto, no hay problema respecto a ese punto.
En segundo término, esta iniciativa representa un gran homenaje al Senador Gabriel Valdés, porque él, sin duda, hizo que progresara esta ley, la que necesita, hoy día, justamente por lo que ocurre, que la perfeccionemos y la pongamos adelante, debido a que se nos está quedando atrás. Es cosa de ver las cifras, por ejemplo, el 90,13 por ciento corresponde a aportes públicos en cultura, y solo el 9,87 al sector privado. Y, en Estados Unidos, actualmente, el 43 por ciento de las donaciones a la cultura proviene del sector privado.
Por lo tanto, me parece importante dar a conocer esas cifras, porque van en la dirección de lo que pretenden el Ejecutivo y el Ministro con este proyecto.
Por otra parte, señor Presidente, deseo valorar, tal como lo hizo el Senador Espina, el tremendo trabajo realizado por el Ministro Luciano Cruz-Coke. Yo soy testigo que en mi Región del Libertador Bernardo O'Higgins se han implementado y se han entregado aportes, como nunca antes, para la cultura. Tenemos teatro al aire libre. Después de cien años de impulso, de primeras, segundas, cuartas y quintas piedras, se está construyendo el Teatro Regional de Rancagua, con una inversión superior a 5 mil millones de pesos. Las obras están hoy día en plena ejecución.
Quiero informar también a mis colegas Senadores respecto al trabajo que se está realizando en el mundo popular.
La semana pasada visité Rosario, en la comuna de Rengo, y quedé impactado al ver cómo allí se crean centros culturales. Había 60 niños haciendo ballet, pintura, música. ¡Eso ocurre hoy día! Y lo menciono porque se ha utilizado, inclusive, la infraestructura de la medialuna de Rancagua para traer eventos culturales a mi Región.
El problema de este país, señor Presidente, es que todo va al centro, a Santiago. ¿Y qué queda en nuestras Regiones? ¿Qué cultura va a nuestras Regiones?
La iniciativa en debate constituye un tremendo avance para las personas, las empresas y quienes no podían donar. Ahora, incluso, los contribuyentes que tributan conforme al régimen de renta presunta, también podrán hacerlo, ya que antes habían quedado fuera de la ley. Van a poder aportar recursos para apoyar, justamente, su Región, sus comunas, los eventos tan necesarios para nuestro país.
El Senador Espina señaló claramente -no veo al Senador Navarro, en este instante- que no se le puede dejar todo al Estado. Justamente, con los aportes privados, este hace un ahorro muy importante en burocracia y en la manera de incorporar a los particulares al sistema, entregando un 50 por ciento, el cual debe pagarlo.
Por lo tanto, esa es una forma muy inteligente de conseguir recursos. Y aquí tenemos que valorar el trabajo del ex Senador Gabriel Valdés, quien se destacó en esta materia, convirtiéndose en un ejemplo de preocupación por la Ley de Donaciones Culturales.
Señor Presidente, cuando se habla de los monumentos nacionales, nos encontramos con el problema de que están botados. Cuando son de privados que carecen de recursos para reconstruirlos, ahí quedan, se deterioran y se caen. Para qué decir después de los terremotos. Es cosa de ver tantas iglesias, tantos patrimonios en la zona agrícola y en todas las comunas, incluido el centro de Santiago.
Ahora se va a poder aportar para que ese patrimonio del país no se siga perdiendo, porque muchos privados no disponen de dinero para recuperar esas construcciones.
Por consiguiente, felicito a este gran Ministro del Gobierno de Sebastián Piñera, quien ha trabajado palmo a palmo con las comunidades culturales de cada una de las regiones. Solo queda decirle: "Señor Ministro, siga adelante". Porque veo que cuando usted llega a alguna de nuestras comunas, la gente valora su trabajo. Y en cualquier evento cultural que se programe, sin duda, se llenan todos los sectores con pintura, música, arte, teatro, etcétera.
Por eso, ojalá se entienda que la cultura es un patrimonio que le pertenece no solo a los más ricos. Aquí lo importante es que el mundo popular, la gente sin recursos, tenga acceso a ella. Y esta es una manera real para que los chilenos más vulnerables puedan alcanzarla, porque, hasta el día de hoy, en muchos casos, les ha sido imposible.
He dicho.
El señor ESCALONA (Presidente).- Tiene la palabra el Senador señor Rossi.


El señor ROSSI.- Señor Presidente, estoy muy de acuerdo con que hay que fomentar las donaciones, porque es importante incorporar a las personas, al sector privado, en el desarrollo de la cultura y, en fin, en el progreso de Chile.
Aunque no pensaba hablar, no dejan de llamarme la atención muchas intervenciones que se han olvidado de un tema bien relevante. Es cierto que por intermedio de una ley que establece incentivos tributarios se fomenta que el sector privado contribuya a determinadas causas, pero también lo es que si alguien está realmente inspirado para aportar al país en una causa noble, ya sea la cultura, el arte, el desarrollo social, la lucha contra la pobreza, en fin, puede hacerlo perfectamente siguiendo la lógica que establece el Evangelio: "no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha". Incluso, respecto a la donación de órganos -que es otro tipo de donación- se señala expresamente que debe ser absolutamente gratuita, sin ningún tipo de presión y totalmente voluntaria, solo vinculada a un afán altruista, un acto de amor, de solidaridad.
Entonces, seamos claros.
Aquí todo el mundo quiere que haya más recursos para la cultura y para obras sociales. El tema de fondo es que cuando el Estado, mediante sus instituciones -que son electas de manera democrática por la ciudadanía-, decide el destino final y la focalización de los recursos de todos los chilenos que se recaudan a través de los impuestos, evidentemente, se trata de una política pública. Porque uno elige autoridades para que definan una política pública y decidan en qué se gasta y en qué no, y que prioricen. Asimismo, hay una Ley de Presupuestos en la que participa el Congreso Nacional.
¡Esa es la esencia de la democracia!
Pero, ¿qué pasa en este caso? Que eso se desvirtúa y, si no media un adecuado proceso de evaluación, una focalización correcta y transparente, se puede prestar para abusos en los cuales un gasto tributario, recursos de todos los chilenos, se focalice en ciertos proyectos, incluso, ideológicos.
El Senador Navarro dio ejemplos muy claros.
¿Por qué el Estado de Chile debe contribuir a fomentar una determinada ideología a nivel universitario o inclusive un credo religioso? ¿Por qué? Insisto: no estamos hablando de un empresario dadivoso que coloca recursos sobre la mesa sin pedirle nada al Estado.
Esto me suena un poco a lo que ocurre con los taxibuseros cuando el Estado les dice: "Ustedes no deben cobrarles a los alumnos con pase escolar". Todos estamos de acuerdo en ello, porque los estudiantes deben ir a la escuela y carecen de recursos. ¿Pero quién paga la cuenta? Es fácil donar y hacer caridad con la plata ajena.
Por ello, nosotros debemos garantizar que los dineros de todos los chilenos se inviertan en proyectos que tengan que ver con el bien común, con el bien público y no con iniciativas particulares que, muchas veces, van en defensa de ciertos intereses corporativos.
Ese es el tema de fondo.
Insisto: la verdadera solidaridad no se hace con plata del Estado. Se mete la mano al bolsillo y se hace la donación. ¡Eso es lo correcto!
Ahora, evidentemente que el Estado no puede renunciar -el Senador Gómez decía que muchas veces lo hace- al rol que debe cumplir en la cultura. Esto no tiene que ver con la gestión del Ministro de la Cultura, sino que es un problema crónico la falta de recursos para la cultura, para el fomento del arte, aspectos que son muy relevantes para el alma humana, el desarrollo del espíritu, en fin, el alma nacional.
Por esas razones, me voy a abstener.
Creo que este proyecto hay que analizarlo muy bien. No pensaba intervenir en el debate, pero quise hacer presente que ese es el punto de fondo. La generosidad y el altruismo deben practicarse con plata propia y, si se van a involucrar recursos de todos los chilenos, entonces para eso están las instituciones que los electores ratifican y legitiman en las urnas.
Así funciona la democracia.
He dicho.
El señor ESCALONA (Presidente).- Tiene la palabra el Honorable señor Ignacio Walker.


El señor WALKER (don Ignacio).- Señor Presidente, de manera muy breve explicaré por qué voy a concurrir, con mucho gusto, a la aprobación de este proyecto.
Quiero recordar que don Gabriel Valdés estaría muy contento de saber que estamos llevando a cabo esta discusión. El año pasado lo despedimos. Yo sé de una carta que él envió al Ministro de la Cultura haciendo algunas observaciones mediante una minuta a esta iniciativa sobre donaciones con fines culturales.
Los fines culturales, educacionales o deportivos conforman los tres sistemas de donaciones que tenemos en Chile y ojalá fuera uno solo.
Hace poco se publicó en la prensa nacional un artículo donde figura una entrevista a Ricardo Paredes, ex Director de Impuestos Internos, quien sugería tratar de armonizar, sistematizar el modelo de donaciones tanto para la cultura como para la educación y el deporte. Porque, al final, cuando existen tantas normas dispersas, más que un sistema o subsistema, los aportes terminan transformándose en situaciones muy disímiles y diversas.
Si uno analiza la forma de financiamiento de la cultura, llega a la conclusión de que existen tres niveles.
El primero, por cierto, es el nivel del Estado como garante del bien común que debe contribuir al desarrollo de la cultura y de las artes, que son los intangibles, relacionados con el espíritu. Nos hemos acostumbrado en Chile, y sobre todo en nuestra cultura económica, a medir todo en metros cuadrados, en PIB per cápita, todo tangible -está bien; esa es una dimensión fundamental-, pero quién financia y cómo se financia lo intangible: el ámbito de la cultura, el desarrollo de las artes en sus distintas manifestaciones.
Obviamente, el Estado tiene una responsabilidad sobre el particular y debemos reconocer que históricamente en Chile los recursos públicos que se destinan a la cultura o al desarrollo de las artes son muy residuales: es lo que quedó, lo que sobró, la última categoría.
Nuestros programas de Gobierno -de Izquierda, de Derecha o de Centro- generalmente dedican el último capítulo a la cultura como algo casi de menor importancia, en circunstancias de que debieran ser el primer capítulo de cualquier verdadero proyecto de Gobierno el rol, el compromiso del Estado para financiar con recursos públicos el desarrollo de la cultura y de las artes.
Asimismo, tanto el principio de subsidiariedad como el de solidaridad, que son las dos caras de esta moneda en el rol del Estado, justifican una política en este sentido. La subsidiariedad en cuanto a que el Estado no haga, por sí mismo, aquello que una unidad menor -la persona, la familia, la sociedad civil- puede realizar; y solidaridad en lo que respecta a aquello que el Estado, proactiva y directamente, debe hacer, esto es, por ejemplo, dedicar recursos públicos al financiamiento de la cultura y de las artes.
Es más. A mí no me gusta mucho -la verdad es que no me gusta nada- la propuesta que se ha formulado en el sentido de avanzar hacia un nuevo Ministerio de la Cultura. Hemos conversado al respecto con el Ministro. Nosotros discutimos en la década de los noventa durante dos o tres años, en el Gobierno del Presidente Eduardo Frei Ruiz-Tagle -yo formé parte de esa Comisión que, justamente, dirigió don Gabriel Valdés-, si convenía más un Ministerio de la Cultura o un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Al final, se optó por este último porque, en primer lugar, para cualquier Gobierno de turno siempre está la tentación de tratar de manipular las políticas que se refieren a la cultura y, en segundo término, porque el Consejo Nacional de la Cultura no es un órgano gubernamental, sino una instancia que incorpora representantes de los sectores público y privado.
Me parece una idea dudosa esta de avanzar hacia un Ministerio de la Cultura -quiero decirlo desde ya-, aun cuando entiendo que median razones de administración financiera y de institucionalidad que, ciertamente, dan cuenta de algunos vacíos que se registran en la actualidad. Sin embargo, no me parece que la solución sea crear un Ministerio del ramo. Más bien, soy partidario de un Consejo Nacional de la Cultura y las Artes.
En consecuencia, ese es un primer nivel: el insustituible rol del Estado para destinar recursos públicos, financiamiento fiscal, al desarrollo de la cultura y las artes.
Una segunda dimensión también muy importante dice relación con la industria cultural. No debemos temerle a la existencia de una industria cultural basada en el financiamiento tanto público como privado, por cuanto el sector privado es un actor fundamental en su desarrollo. Por ejemplo, países como Estados Unidos, Gran Bretaña y otros que practican un régimen de libertades fomentan una tremenda industria cultural que ayuda a financiar, en el campo de la música, del teatro, de las artes, de las artes plásticas, etcétera, un importante esfuerzo social en el desarrollo de esas áreas.
Este segundo nivel de la industria cultural, que constituye una expresión de un régimen de libertades, ciertamente es responsabilidad principal del sector privado.
En tercer término, aparece el nivel de las donaciones que estamos analizando en este momento, cuya responsabilidad principal recae en la sociedad civil sobre la base de normas legales relativas a los beneficiarios y donantes. Y hay que tener siempre mucho cuidado en tratar de aplicar incentivos -dígase, por ejemplo, créditos, deducción o imputaciones al gasto- que contribuyan al financiamiento del desarrollo de la cultura y las artes en el caso de universidades, institutos profesionales, bibliotecas, corporaciones o fundaciones (personas jurídicas de derecho privado que no persiguen fines de lucro), organizaciones comunitarias, museos, consejos de monumentos nacionales -es decir, todos aquellos que se indican en el artículo 1º del proyecto-, porque, claramente, esto es responsabilidad principal de la sociedad civil y del sector privado. Y, como el ser humano desgraciadamente no actúa motivado solo por un fin altruista, deben contemplarse incentivos materiales que permitan dirigir recursos privados al desarrollo de la cultura y las artes.
Por eso, la mayoría de las normas de la iniciativa versan sobre los créditos, las reglas aplicables a personas jurídicas y naturales, y también apuntan a cómo rebajar de los gastos aquellos dineros que no se imputen como créditos.
En fin. Hay muchas razones para propender al financiamiento privado de la cultura y las artes.
Quiero terminar, señor Presidente, recordando una reflexión que me hizo alguna vez don Ramón Griffero, un gran dramaturgo chileno, con relación a las dudas que suscita el financiamiento privado a las artes. Porque ¿hacia dónde deben destinarse esos recursos particulares? Don Ramón Griffero se preguntaba qué pasa con el arte de vanguardia, que, por definición, es transgresor; qué sector privado; qué empresa; qué persona jurídica de derecho privado o qué persona natural del sector privado estará dispuesta a financiar el desarrollo de las artes, que se encuentra en la vanguardia, en el límite de lo social o comúnmente aceptable. Como dije, por definición, el arte es transgresor.
Hay muchas dudas, por supuesto. Pero a mí no me parece bien que en un régimen de libertad y de libertades, como el de la democracia, solo el Estado tenga la función de financiar, a base de recursos públicos, la cultura y las artes. De hecho, eso podría transformarse en algo muy dudoso, que tendiera a cierta manipulación y a evitar que el desarrollo de esas actividades fuera la expresión libre del espíritu humano, como muchos creemos que debe ser.
Por esa y por diversas otras razones, voto, con mucho gusto, a favor de este proyecto.
El señor LABBÉ (Secretario General).- ¿Algún señor Senador no ha emitido su voto?
El señor ESCALONA (Presidente).- Terminada la votación.
--Se aprueba en general el proyecto (29 votos favorables y 3 abstenciones) y se fija como plazo para presentar indicaciones el lunes 13 de agosto, a las 12.
Votaron por la afirmativa las señoras Alvear, Pérez (doña Lily), Rincón y Von Baer y los señores Bianchi, Cantero, Chahuán, Coloma, Espina, García, García-Huidobro, Gómez, Horvath, Kuschel, Lagos, Larraín (don Hernán), Larraín (don Carlos), Muñoz Aburto, Novoa, Orpis, Pérez Varela, Pizarro, Prokurica, Sabag, Tuma, Uriarte, Walker (don Ignacio), Walker (don Patricio) y Zaldívar (don Andrés).
Se abstuvieron los señores Navarro, Quintana y Rossi.