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REPÚBLICA DE CHILE
DIARIO DE SESIONES DEL SENADO
PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 359ª
Sesión 66ª, en martes 8 de noviembre de 2011
Ordinaria
(De 16:14 a 21:7)
PRESIDENCIA DE LOS SEÑORES GUIDO GIRARDI LAVÍN, PRESIDENTE,
Y JUAN PABLO LETELIER MOREL, VICEPRESIDENTE
SECRETARIO, EL SEÑOR MARIO LABBÉ ARANEDA, TITULAR
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ESTABLECIMIENTO DE MEDIDAS CONTRA LA DISCRIMINACIÓN


El señor LETELIER (Vicepresidente).- Tiene la palabra la Senadora señora Rincón.
La señora RINCÓN.- Señor Presidente, estimados colegas, en estos 21 años de democracia nuestro país ha avanzado de manera muy decidida para terminar con las discriminaciones en general. Y digo...
--(Manifestaciones en tribunas).
La señora RINCÓN.- Señor Presidente, pido que se me reponga el tiempo perdido.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- No se preocupe, señora Senadora.
Si alguien más en las tribunas desea hacer alguna manifestación, que la efectúe al tiro y después abandone la Sala para no interrumpir, porque aquí debe existir tolerancia respecto de la diversidad de opiniones.
Tiene la palabra la Honorable señora Rincón.
La señora RINCÓN.- Señor Presidente, solicité la reposición del tiempo perdido.
El señor LETELIER (Vicepresidente).- Así se hará.
La señora RINCÓN.- Como lo expresaba, señor Presidente, en estos 21 años de democracia nuestro país ha avanzado de manera decidida hacia el término, en general, de las discriminaciones. Y digo que han sido avances porque se ha ayudado a superarlas y a abrir puentes de acercamiento entre todas y todos.
Muchas de estas luchas constan en las actas del Senado de la República, siendo un fiel reflejo de un intento de los legisladores por poner fin a acciones que denigran a las personas y que, más que afectar a los discriminados, afectan el alma del discriminador y de toda nuestra sociedad.
Ejemplos de lo anterior tenemos varios. Ya se han señalado. Durante el Gobierno del Presidente Frei Ruiz-Tagle, concluimos con la odiosa discriminación entre hijos legítimos e ilegítimos. Asimismo, dictamos la ley Nº 19.638, denominada "de Cultos", que igualó y garantizó la libertad religiosa y de culto. En el Gobierno de la Presidenta Bachelet acabamos con la discriminación entre remuneraciones de hombres y de mujeres. Todos esos fueron progresos significativos en la materia.
Ahora bien, teniendo en consideración lo anterior, es justo preguntarnos, en nuestro rol de legisladores, qué significa discriminar. ¿Qué definiciones encontramos en el Diccionario de la Real Academia Española? Ahí aparece lo que me hace apoyar con más fuerza el proyecto: se expresa que es "Seleccionar excluyendo" y "Dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc.".
Al revisar la norma que se contempla, es justo preguntarse qué estamos aprobando hoy. ¿Por qué ha generado tanto revuelo público una disposición que debiera ser apoyada por todos y todas, y con mayor razón por los que han sido objeto de discriminación en el pasado? Lo que ella hace es prevenir y eliminar la discriminación arbitraria; crear una acción que permita recurrir a un tribunal para restablecer el imperio del derecho ante toda forma injustificada de distinción, exclusión, restricción o preferencia; sancionar al responsable del acto u omisión arbitrarios, y promover el estudio de la materia en los diversos niveles de la educación.
Hace pocos días vimos en Talca una brutal agresión a casas de transgéneros, las cuales fueron quemadas. Sin lugar a dudas, a esas personas las persiguieron y discriminaron.
En esto quiero ser clara, señor Presidente. Me parece que la norma representa un avance positivo en materia de igualdad y respeto a los derechos humanos y al Estado de Derecho. La discriminación que padecen cotidianamente miles de personas en el país carece de la protección jurídica a la que el Estado de Chile se encuentra obligado. La Constitución y numerosos tratados internacionales sobre derechos humanos consagran la igualdad de derechos entre ellas y el Estado se encuentra obligado a adoptar todas las medidas necesarias -legislativas y de política pública- para garantizarlos, protegerlos y promoverlos.
De ahí que se requieran -y así se viene debatiendo desde el año 2005- una legislación que materialice los principios de igualdad y de no discriminación mediante el establecimiento de una clara y categórica prohibición de discriminar para el conjunto de actores públicos y privados; una definición de las obligaciones correspondientes a los diversos órganos y Poderes Públicos para prevenir, sancionar, eliminar y reparar la discriminación; unas medidas de acción afirmativa que corrijan situaciones de desigualdad, y un recurso judicial para enfrentar la discriminación que, pese a todo, pueda ser cometida.
En la tramitación del proyecto de ley que establece medidas contra la discriminación, la Comisión de Constitución ha decidido incluir solo dos categorías relativas a la sexualidad humana: sexo, referido a hombres y mujeres, y orientación sexual, aplicable a todos los homosexuales, lesbianas, gays y bisexuales. Sin embargo, se ha dejado fuera la identidad de género, relativa a personas trans: transexuales, transgéneros e intersex.
Al respecto, es necesario expresar cuatro argumentos que me parecen importantes para no dejar de lado el tema y recoger la indicación que hemos presentado un conjunto de Senadores:
1º. La diversidad sexual no solo abarca la categoría de la orientación sexual, sino también la de identidad de género.
2º. El Estado de Chile ha recibido prevenciones y suscrito declaraciones y resoluciones internacionales que recomiendan y establecen medidas contra la discriminación por identidad de género.
3º. Las personas trans forman parte de una de las comunidades más discriminadas en el país, por lo que resultaría incomprensible no incluirlas en una normativa tendiente a luchar contra la discriminación.
4º. La agravante penal que contempla el proyecto de ley sobre antidiscriminación se aplicará con dificultad a estas últimas si no se incluye de manera expresa la identidad de género.
Chile ha dado muestra de avances en estas materias. Gracias a lo anterior, miles de evangélicos, judíos, musulmanes, católicos ortodoxos y, en general, religiones distintas de la católica pueden predicar hoy libremente sus creencias, sin temor a que el Estado o los particulares puedan afectar la libertad que el legislador entregó por una amplia mayoría; celebrar cultos; acceder a hospitales, y desarrollar su actividad religiosa en libertad.
Lo mismo se extiende a la situación que nos ocupa. Me parece de justicia avanzar en evitar todas las formas de discriminación en contra de las minorías, no solo de las sexuales, sino también de las raciales, las étnicas, las religiosas y las de género.
Estoy convencida, señor Presidente, de que lo que estamos aprobando hoy en el Senado es un progreso para terminar con la discriminación en el país y construir todas y todos juntos una mejor sociedad, más inclusiva, solidaria y menos excluyente.
Por eso, voto a favor.