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Intervención Esteban Velásquez Núñez

Sesión n°22 - Legislatura 370

ACUERDO REGIONAL SOBRE ACCESO A LA INFORMACIÓN, LA PARTICIPACIÓN PÚBLICA Y EL ACCESO A LA JUSTICIA EN ASUNTOS AMBIENTALES EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE (ACUERDO DE ESCAZÚ)

El señor VELÁSQUEZ.- Gracias, Presidenta.

Solo quiero expresar un par de consideraciones.

Una de ellas tiene que ver con cómo nos damos cuenta de la importancia de discutir los tratados y los acuerdos.

En algún momento, cuando a algunos no nos parecían buenos los tratados económicos y opinábamos en contra de ellos, recibíamos descalificaciones. Hoy día entendemos que ello es necesario, porque es debatible, como se ha dicho acá. El punto tiene que ver con visiones de mundo, incluso con visiones acerca de la convivencia.

Sin ir más lejos, recordemos lo que sucedió con las actuaciones del Presidente de Estados Unidos Donald Trump: su retiro del Acuerdo de París y su mirada en cuanto a cambio climático.

Entonces, son posiciones ante la vida misma.

Por eso este tiempo y este espacio de debate son muy importantes. Además, es un espacio de aprendizaje, Presidenta, de sensibilidad.

Recién alguien se preguntaba si este acuerdo nos puede dar garantías, si este acuerdo efectivamente va a ser confiable. Ahí yo creo que tenemos que preguntarnos si nosotros damos garantías a tratados de este tipo internamente, si nosotros los garantizamos con las leyes que emanan de este Congreso en sus distintas legislaturas.

Ha habido garantías mediante leyes en lo relativo a financiamiento electoral o al mercado del gas -podríamos seguir enumerando ejemplos-, pero igual allí encontramos espacios, como se dijo por ahí, para la trampa, para no honrar y no garantizar principios.

Finalmente, estos acuerdos representan principios. Pero los aportes de los tratados también nos apuran, nos permiten mirar un poco más allá.

Alguien dijo al comienzo del debate que, cuando esto lo aterrizamos, lo llevamos al territorio, nos damos cuenta de que, efectivamente, necesitamos que en nuestro país no solo haya tratados, sino también decisión, convencimiento y entender que de Arica a Punta Arenas tenemos lugares frágiles.

Cuando miramos el norte, nuestro desierto, da la impresión de que lo soporta todo. Antes no había marcos medioambientales; se establecieron a partir de la década del noventa, cuando se promulgó la Ley sobre Bases Generales del Medio Ambiente. Y hoy día tenemos un río Loa declarado agotado; tenemos ecosistemas frágiles, prácticamente maltratados; tenemos un salar de Atacama intervenido por dos importantes empresas privadas, con una serie de cuestionamientos medioambientales, además de las pocas herramientas de que dispone la Superintendencia del Medio Ambiente.

Entonces, es importante revisar cómo lo estamos haciendo y no estar dependiendo del titiriteo que los dueños de las empresas pretenden con el poder político.

Me parece interesante este Acuerdo de Escazú, ya que establece cuestiones elementales: acceso a la información, participación ciudadana, tribunales medioambientales, protección a los líderes defensores ambientales, que en las escuelas los llamamos ´forjadores medioambientales´. O sea, en los establecimientos de educación básica y en los liceos formamos forjadores medioambientales; luego, cuando estos niños y jóvenes se creen el cuento y lo defienden siendo adultos, como líderes medioambientales, sufren no solo atentados a su vida, sino también, en algunos casos, chantaje de las empresas respecto de su comportamiento ciudadano.

Para terminar, Presidenta, creo que nos hace bien revisar lo que estamos haciendo. Fíjese usted que, para intentar mitigar el comportamiento de las empresas en torno a los marcos medioambientales, apareció en algún momento la responsabilidad social empresarial. Pero en muchas regiones esta se vuelve un verdadero chantaje a los municipios, a los gobiernos locales particularmente, e incluso a los propios gobiernos centrales.

Las empresas y la industria minera colocan y sacan gobiernos en muchos lugares del planeta; colocan y sacan ministros en muchos lugares del planeta. No son tema para ellas.

Recordemos un poco lo que está ocurriendo hoy día en los medios de comunicación, en la televisión y en las radios. Ahí escuchamos la poesía y el verso de las empresas privadas de litio y de cobre, particularmente. Parece que están haciendo una verdadera oda a la naturaleza y al cuidado del medioambiente. Para quienes vivimos en esos lugares, la verdad es que resulta hasta ofensivo, porque esas mismas empresas luego financian hermosas exposiciones y acciones de caridad, con las cuales limpian y lavan su imagen.

Eso también debiera conmovernos cuando hablamos de estos acuerdos.

¿Nos garantiza todo este acuerdo? ¡Claro que no!

¿Nos puede traer problemas? ¡Por supuesto que sí!

¿Y qué no nos trae problemas? ¿Acaso no trajo problemas cuando en la legislatura pasada se dejó ese artículo duodécimo transitorio en la regulación del mercado del gas natural? Si no es por una investigación periodística, no habría sido tema probablemente hoy día en el debate político.

Entonces, creo que es importante revisarnos todos, en especial si profesamos ciertos valores humanistas.

Así que, Presidenta, vale esta discusión, vale este tiempo y vale esta diferencia para reconocer distintas visiones de vida. Y ojalá, sobre todo, que terminen de ser el titiritero esas empresas, que finalmente son las dueñas de los distintos países.

Gracias, Presidenta.