| Por Andrés Zaldívar, Presidente del Senado
UN BALANCE NECESARIO
Por Andrés Zaldívar, Presidente del Senado
Publicado el: 30/12/2017

Estamos cerrando un año complejo, difícil, lleno de noticias, expectativas y cambios. Un año de intensa labor en el Senado, que debemos valorar principalmente por la aprobación de importantes proyectos. Un año de críticas y de lecciones que nos han hecho aprender y mejorar nuestros procesos. Un año de elecciones, cuyos resultados obligaron a replantear la forma en que cada sector busca responder a las demandas y aspiraciones de la ciudadanía.

 

En el ámbito legislativo, temas largamente esperados se transformaron en ley, gracias a un trabajo sostenido y a la disposición de todos para lograr acuerdos que permitieron avanzar en la tramitación de los proyectos. Ese espíritu de diálogo y capacidad para ceder en beneficio del bien común es algo que se agradece y que debe hacernos sentir orgullosos del Senado que tenemos.

 

Así, fue posible aprobar iniciativas como la despenalización del aborto en tres causales, que ayuda a quitar un sufrimiento adicional a miles de mujeres en situaciones per se muy dolorosas; la elección directa de los gobernadores regionales, que significa un gran paso hacia una descentralización efectiva de nuestro país; la equidad tarifaria, que establece cobros justos y proporcionales al consumo de electricidad en las distintas ciudades del país; el seguro de acompañamiento a los padres de niños con enfermedades graves; y la posibilidad de que institutos profesionales y centros de formación técnica se transformen en entidades sin fines de lucro y con ello incorporarse a la gratuidad, lo que abre una puerta para que jóvenes de menores recursos accedan a la educación superior.

 

A estos proyectos emblemáticos podemos sumar varios otros, que representan un aporte relevante a la construcción de un Chile más justo, solidario e inclusivo. Entre ellos destacan la creación del Sistema de Educación Pública, la normativa para la tenencia responsable de mascotas, la inclusión de personas con discapacidad al mundo laboral, la calificación del trabajo pesado, las garantías de seguridad a los trabajadores en situaciones de riesgo y emergencia, el permiso laboral para quienes contraen el Acuerdo de Unión Civil, la creación de la Defensoría de los Derechos de la Niñez y tantos otros.

 

Todavía hay mucho camino por avanzar, por ejemplo, en materia de educación superior o protección de la infancia. Pero estoy cierto que tanto el Gobierno que asumirá en marzo próximo, como las personas que se incorporarán al Congreso y aquellos legisladores que continúan en sus escaños, sabrán actuar con la seriedad que corresponde y dar a estos proyectos la relevancia que merecen, con la mirada puesta en el país más que en las propias ideologías. Algunas iniciativas que han culminado su proceso legislativo están hoy en manos del Tribunal Constitucional, instancia de la cual también esperamos una resolución a la altura de los tiempos y de las necesidades de la gente.

 

A nivel general, las elecciones presidenciales y parlamentarias marcaron un hito muy significativo. Más allá de la inesperada contundencia del resultado, los últimos comicios fueron la prueba fehaciente de que Chile consolidó su democracia y de que hemos madurado como sociedad. Esto quedó de manifiesto en gestos y situaciones que parecen simples, pero que tienen un gran trasfondo y que incluso han sido comentadas en otros países: la rapidez en la entrega de los cómputos, el reconocimiento inmediato del candidato derrotado, las felicitaciones de la Presidenta Bachelet al mandatario electo, la coincidencia de temas en las agendas de ambas candidaturas, la legitimación de fuerzas nuevas en la política nacional, los llamados a la unidad y a conformar una oposición constructiva.

 

En este escenario, nos preparamos para comenzar un nuevo año, en el que todos los actores de la sociedad deberán abocarse a resolver en conjunto aquellas brechas que los ciudadanos hicieron ver con su voto y que seguirán siendo una prioridad transversal. Temas como las pensiones, la seguridad ciudadana, el financiamiento de la educación superior y la oportunidad en la atención de salud, entre otros, deberán ser asumidos como políticas de Estado, en que todos aporten con sus fórmulas para dar las respuestas que los chilenos y chilenas merecen.

 

En la medida en que esas respuestas lleguen y las cosas se hagan bien, con transparencia y rectitud, avanzaremos también en la recuperación del prestigio de la función pública, que hoy la gente percibe tan lejana de sus necesidades y expectativas. Tenemos los cimientos para hacer esa construcción colectiva; sobre ellos debemos aplicar convicción, honestidad, espíritu de servicio y amor por este país que quiere seguir creciendo y mirando con optimismo el futuro. 

 

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