Yo creo que después de esta semana y quizás meses de debate sobre el problema de la deuda histórica del magisterio, algunas cosas han quedado en la reflexión de nosotros y, ojala tal vez, de la opinión pública.
En primer lugar, yo creo que se ha perdido en buena forma el valor de ciertos principios, el significado de ciertas palabras. Una de ellas es el honor, porque qué queda del honor, qué queda del significado de esta palabra cuando una autoridad se comprometió en el Senado, en nombre del Gobierno, a cumplir un compromiso determinado, para que un año después ese mismo Gobierno formalmente se desdiga y rechace esos conceptos.
Así, las recurridas palabras del Ministro Viera-Gallo cuando el 25 de noviembre nos dijo en el Senado: "cuando el Gobierno concurrió a dar el aval para que se conformara una Comisión en la Cámara de Diputados, lo hizo porque se reconoce la existencia de dicha deuda y porque se buscará alguna fórmula, dentro de lo que sea económicamente razonable, a fin de resolver este gravísimo problema".
Cuando esos conceptos, cuando esos compromisos de Gobierno, son desconocidos, son desdichos, uno dice ¿hay honor en las autoridades que así actúan? ¿Qué queda de los acuerdos tomados unánimemente en este Senado y en la Cámara de Diputados? ¿Qué queda de los acuerdos promovidos por todos los Senadores que al final exigía que el Gobierno solucionara la deuda histórica? ¡Nada, señor! Queda tan poco como el significado del honor.
¿Qué queda de la justicia y su sentido cuando los profesores que son acreedores a un pago que tiene antecedentes judiciales, legales y morales no se les reconocen? ¿Qué queda del sentido de la dignidad cuando los profesores piensan que merecen un reconocimiento a su labor, un respeto a su dedicación, cuando han sido tramitados, engañados y mal tratados públicamente por defender sus convicciones?
Yo he aprendido que quienes hemos buscado mecanismos de presión institucional para generar un dialogo entre el Gobierno y los profesores, que es lo que queríamos hacer se nos dice que queremos dejar a los niños sin alimento; por querer buscar un dialogo, por querer sentar al Gobierno con los profesores, nos acusan de querer dejar a los niños sin becas de alimento.
He aprendido, que la nueva forma de dialogo que propician algunos consiste en darle portazos a los que supone se deberían sentar a conversar. Porque esta semana, para que la Comisión Mixta pudiera llevar a cabo su labor, suponía la intención, el respeto a los profesores, buscando algún diálogo.
Nada de eso ocurrió...
He aprendido que si se paga una deuda de profesores que mayoritariamente están jubilados, se va a afectar la calidad de la educación hacia el futuro, como han señalado algunos.
He aprendido que la presión que se ejerce sobre los parlamentarios es más fuerte para algunos, que seguir sus propias convicciones o su compromiso con quienes representan.
He aprendido, que por defender una causa que considero justa, que llevo trabajando en ella hace más de 12 años, cuando la conocí -a propósito de un fallo favorable a los profesores de Cauquenes, para que se les reconociera y se les pagara esta deuda, que hasta el día de hoy no ocurre-, por hacer esto soy considerado un demagogo.
Probablemente, se han cometido errores y equivocaciones. Yo creo que la movilización de los profesores indefinida lo fue. Así se los dije desde el primer día. Tal vez nosotros hemos cometido otros errores.
Sin embargo, a pesar de que en estos momentos se siente la pérdida de una batalla; a pesar de ese sentimiento de indignidad y de baja consideración y estima que tienen los profesores por estos hechos, hay algo que yo quiero rescatar. Porque pase lo que pase, aunque ya sabemos que este Gobierno y los anteriores de la Concertación no fueron capaces de reconocer ni sacar adelante esta deuda con los profesores, el próximo Gobierno, quien quiera que sea, no va a poder eludir, enfrentar y asumir el pago de la deuda histórica. Y eso tiene valor.
Por todo esto es que rechacé la partida de Educación, incluso más allá de los errores y equivocaciones que se han cometido, me quedo con un voto que en consciencia me lleva a solidarizar con los profesores, me lleva a solidarizar con la justicia y la dignidad de su causa, me lleva a rechazar la demonización que se ha hecho de los profesores y a quienes los hemos defendidos.
Por eso, aunque fue algo que no pensé que iba a ocurrir, pero que, por la forma como se ha desarrollado esta situación, no me quedó más que dar un testimonio a aquellos profesores que han sido humillados en todo este proceso, votando que no la Partida de Educación.











