Desde hace varios años he estado planteando mi falta de satisfacción con las políticas sociales hacia la discapacidad.
Reconozco el tremendo avance que significa la creación del Servicio Nacional de la Discapacidad que recientemente aprobamos, en segundo trámite legislativo en el Senado. Sin embargo, junto con saludar la creación de esta nueva institucionalidad, junto con valorar que se establezca el concepto de la discriminación positiva para con los discapacitados, junto con buscar políticas de integración, de accesibilidad, como lo consagra la nueva ley, no puedo menos que señalar en este punto que es curioso lo que le pasa a miles de familias como la de Andrés Trincado Vergara.
Personas como Andrés Trincado Vergara, que tiene una hija de trece años que tiene una disfasia y es autista, una persona que no se puede comunicar con la sociedad, hasta ahora FONADIS decía que no es discapacitada. Una persona que le falta una mano, es discapacitada. Una persona que es autista, que no se puede comunicar con el mundo exterior no es considerada así. Esto demuestra que tenemos un problema en las calificaciones y si no lo remediamos vamos a estar con tremendas dificultades.
Me explico. En nuestro país, con la reforma previsional logramos un tremendo avance. Las personas que tienen más de 50 por ciento de discapacidad tienen derecho a una pensión a partir de los 18 años. Pero si uno tiene un hijo que es autista, que tiene algún tipo de disfasia, que el FONADIS no lo considere una discapacidad; si uno tiene un hijo cuadrapléjico, no tiene ningún derecho a una política de subvención y de apoyo. Tenemos a cientos, a miles de mujeres y de familias que se empobrecen si es que tienen un hijo discapacitado que no es autovalente.
Había un compromiso del Ministerio de Hacienda de reparar, de corregir esta realidad en el marco de la nueva institucionalidad que consagra esta ley. Solo los enfermos siquiátricas, que son menores de edad tienen derecho a una pensión. Pero un autista no es un enfermo siquiátrico; es otro tipo de patología. Una persona que tenga un tipo de disfasia, de lo que sea, es otro tipo de patología. Y en esta materia seguimos sin dar cuenta de un problema que debería ser parte de una política nacional de la discapacidad.
Una situación que si logramos reparar, pero en la Ley de Presupuestos es el financiamiento de los talleres para discapacitados mas allá de los 24 años.
Recordemos que aquellos niños que están en talleres protegidos o que participan de estas actividades en diferentes tipos de instituciones especiales debían abandonarlos a los 24 años por haber llegado a la edad límite de su financiamiento. Y quedan abandonados a la suerte de la madre, normalmente, que es la que está siempre en primera fila cuidando a su hijo mayor de edad con problemas.
Yo apruebo firmemente la Creación del Servicio Nacional de la Capacidad y lo destacó como un avance, pero tengo que representar que hay decenas de miles de familias que quedan en la absoluta desprotección. Si tienen un hijo que no es autovalente -y quiero usar ese como concepto; no es que tenga una discapacidad solamente, sino que no es autovalente- esa familia se empobrece brutalmente, porque están brutalmente abandonados. Y no puede ser, a esta altura de nuestro nivel de desarrollo, que por una lectura de lo que es el sistema previsional, que más bien debería ser de seguridad social, no incorporemos a los menores de edad.
Insisto, yo estoy muy contento con la creación del Servicio Nacional de la Discapacidad. Entiendo la superación de lo que significa FONADIS, que estaba bien en los 90 durante los 90, pero que es insuficiente a esta altura de desarrollo. Estoy conteste con el esfuerzo que hace FONADIS con las ayudas técnicas, y estoy seguro que este nuevo Servicio va a seguir eso, pero quiero indicar que aun falta.











