Por primera vez, tendremos un Ministerio de Defensa organizado integralmente en base a criterios
modernos ampliamente consensuados, con claras estructuras de mando, responsabilidades, mecanismos de control y transparencia, regulación de la integración civil-militar y un Estado Mayor Conjunto a la altura de las necesidades de la defensa de Chile en un mundo globalizado altamente tecnológico y complejo.
Chile, a mi juicio, a la altura de su desarrollo se merece y necesita un Ministerio así.
Chile se ha modernizado e integrado al mundo a niveles nunca vistos y difíciles de percibir para muchos. Las esferas de interés de nuestro país llegan mucho más allá de nuestros límites terrestres, marítimos y aéreos. Necesitamos paz, democracia y progreso en América Latina y en el mundo entero.
Los barcos que llevan nuestros minerales, nuestras frutas, nuestro vino, nuestra celulosa y cientos -por no decir miles- de otros productos a todos los rincones de la tierra deben navegar por mares seguros y llegar a puertos y mercados donde el respeto a las leyes, las costumbres y la palabra permitan establecer relaciones de largo plazo en interés mutuo de chilenos con extranjeros.
Hemos optado en los últimos años por ser un actor en un mundo global; mantenemos relaciones y vínculos con países con los que nos unen diversos intereses económicos, políticos y culturales en todo el mundo.
Ello trae consigo múltiples responsabilidades, entre otras, contribuir en razón de nuestras posibilidades al mantenimiento de la paz, no solo dentro de nuestras fronteras, sino donde las circunstancias lo ameriten.
La participación de nuestras Fuerzas Armadas en operaciones de paz viene de muchos años. Pero con la presencia en Haití, por primera vez, adquirió unas dimensiones y complejidad altas y desafiantes. Lógicamente, hay que felicitar a nuestras Fuerzas Armadas por el trabajo que allí han realizado. No tengo duda que esta experiencia será clave para futuras operaciones de paz que necesariamente vendrán para Chile.
Creo que el proyecto que moderniza el Ministerio de Defensa es un paso más. Ya hace quince años, cuando el Ministro Edmundo Pérez Yoma lideraba la cartera, hicimos el primer libro de la Defensa y muchas otras cosas. Hoy todos dentro y fuera de Chile reconocen como un gran logro de la política de defensa las relaciones cívico-militares conducidas por los Gobiernos de la Concertación en gran armonía con nuestra propias Fuerzas Armadas y lógicamente también con la participación de la Oposición.
No es casualidad que nuestras Fuerzas Armadas aparezcan sistemáticamente entre las instituciones más apreciadas por la ciudadanía. Ellas se han ganado esa confianza en el proceso de cambio, reconciliación y profesionalización, donde cada sector ha puesto su colaboración para hacer de nuestras instituciones una causa de orgullo y garantía de nuestra seguridad.
La modernización de la Defensa es un tema complejo. Incluye la reforma y dignificación del servicio militar, que hoy cumplen en forma cien por ciento voluntaria jóvenes que ven allí una oportunidad de aprender, de servir y de formarse. Muchos terminan su cuarto año medio.
También se ha iniciado la modernización de la carrera militar con la Ley de Tropa Profesional. Se han abierto las instituciones militares a las prácticas de diversos cultos religiosos. Se ha actualizado la formación y entrenamiento por rama, conjunto y combinado, a nivel nacional e internacional.
No es casualidad que un destacado Presidente latinoamericano haya señalado que las Fuerzas Armadas de Chile son las más profesionales de este continente. Es el fruto de un largo y sistemático trabajo.
Esta modernización también ha requerido una actualización del material de guerra. Eso era indispensable hacerlo porque nuestras Fuerzas Armadas, nuestros sistemas de armas estaban obsoletos, eran caros de mantener y hasta peligrosos de operar. Chile no está ni estará en una carrera armamentista. No la queremos ni la necesitamos. Chile se ha ganado una altura político-estratégica internacional en base a nuestra democracia, respeto al Derecho Internacional, apoyo al multilateralismo y confianza en los medios jurídicos y diplomáticos para resolver los conflictos, lo que nos permite encarar el futuro con tranquilidad.
Nuestra vocación de paz interna, vecinal e internacional es a toda prueba. No vivimos hoy día amarrados a temores, a inseguridades o a rencores, sino confiados en que el Derecho, la fraternidad, los intereses económicos, sociales y culturales compartidos, la racionalidad de nuestros líderes y de nuestros vecinos nos llevarán a encontrar los caminos de un futuro de armonía e incluso de más integración, profunda, con Argentina, con Bolivia, con Perú, así como con el resto de los países latinoamericanos y como lo estamos haciendo en el mundo entero.
Mucho se ha logrado. Pero mucho también falta por hacer.
Falta modernizar, por ejemplo, profundamente la justicia militar, seguir profesionalizando la carrera militar, corregir errores e injusticias en los sistemas previsionales; establecer un sistema de financiamiento de las inversiones en defensa transparente, democrática y técnicamente controlado y con visión de largo plazo que permita derogar la Ley del Cobre, que produce severas distorsiones, que terminarán por dañar más que ayudar a la defensa y a las propias Fuerzas Armadas.
Este proyecto de ley de de Modernización del Ministerio de Defensa que estamos por aprobar en el Senado, es un paso importante, en un largo camino con el que estoy personalmente comprometido. Este proyecto es mucho más que estructuras y funciones. Es una visión para el siglo XXI de lo conjunto, de la transparencia y la eficiencia, de nuestra responsabilidad internacional y de protección de nuestros derechos y de nuestra soberanía. Es el instrumento para planificar un futuro de paz y seguridad para todos los chilenos.











