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Valparaíso | 29/10/2009 | Por Jaime Naranjo, senador por la Región del Maule
Con la píldora de emergencia está en juego la tolerancia entre nosotros

ImagenEl debate en el Senado del proyecto de ley que regula la fertilidad más conocida como "Píldora del día ha trascendido los aspectos meramente políticos  y sociales. Incluso más, diría que se ha ampliado a otros campos como el de la moral, el religioso y el científico. Y en este aspecto, lamentablemente, me ha traído al recuerdo la discusión sobre el divorcio con disolución de vínculo.

                       

Porque se ha pretendido de alguna u otra forma satanizar a quienes están en una u otra posición. Y yo recuerdo bien que cuando legislamos sobre el divorcio,  quienes hicimos una opción eran contra la familia que queríamos su destrucción.

 

                       

Y hoy día lamentablemente veo sesgos de la misma naturaleza para abordar el tema. Los que tienen determinada posición estarían contra la vida.

                       

Yo creo, que este tema hay que abordarlo de una manera distinta. Lo que está en juego aquí es la tolerancia de cada uno de nosotros. Y por muchas convicciones religiosas que cada uno de nosotros pueda tener en el plano personal, Yo voté a favor de la ley de divorcio, pero - lo dijo- entendía  lo señalé en la ley del divorcio: yo voté a favor de esa ley y - lo dije- que como católico yo no podía hacer uso de esa ley, porque yo me regía por la ley natural y no por la ley positiva. Y, por tanto, si yo asumía un compromiso religioso, por mucho que este Parlamento aprobara una norma legal en tal dirección, yo tenía que ser consecuente con los principios y valores de esa opción religiosa que yo había asumido.

                       

Con la píldora del día después estamos, hoy día,  frente a lo mismo. Pero eso es una opción personal. Yo no  puedo traspasar mis dudas a otros que tienen una opción distinta a la mía. O mi opción personal yo no puedo endosársela a otras personas. Eso queda en el plano personal.

                       

Debemos considerar que el Parlamento está en una situación de discutir, desde el punto de vista científico, acaso esto es preaborto o no es aborto. Creo que no es papel del Parlamento entrar en una discusión científica sobre esta materia.

                       

Nosotros tenemos que tener una mirada de largo aliento.

                       

Y, en ese aspecto, veo mucha intolerancia. Me han molestado las descalificaciones. Creo que la iglesia católica, como cualquier institución religiosa o filosófica o de cualquier naturaleza, tiene el legítimo derecho a dar su opinión. Y yo luché por recuperar la democracia justamente para que cualquier persona o cualquiera institución tuvieran el legítimo derecho a expresar su opinión. Y no escuchar por ahí, como leí en algunos artículos: los frailes de la República quieren nuevamente imponer sus posiciones al resto de la sociedad. No. Yo creo que es respetable la opinión de la iglesia. Quienes adscriben y se suman a su posición, por cierto, que, como ocurre con la ley del divorcio, tendrán que tener la misma conducta en esta materia.

                       

                       

Y por eso que yo respeto la posición de la Iglesia, me parece legítima, justa, como la puede tener el día de mañana un sindicato o cualquier organización que expresa su opinión sobre determinada materia.

                       

Pero sabe donde me incomoda la situación. Que estimo que tanto el fallo del Tribunal Constitucional, como la resolución de la Contraloría  han sido absolutamente discriminatorios. Porque uno se puede preguntar legítimamente ¿cuándo esta píldora se toma en una clínica privada, de acuerdo a la resolución de la Contraloría y del Tribunal Constitucional, no es abortiva?  Si se toma en, como se dice popularmente en Chile, "de la Plaza Italia para arriba", Lo curioso, de acuerdo al Tribunal Constitucional y a la Contraloría,  que cuando  la toman de la Plaza Italia para arriba, no tiene efecto abortivo. Pero si  lo es si la toman las residentes  "de la Plaza Italia para abajo", es decir, las mujeres de San Miguel,  Conchalí, La Pintana, La Pincoya, Cerro Navia.

 

Curioso, por decir lo menos. Curiosamente.  Por eso me encantaría que el Tribunal Constitucional me pudiera explicar, ¿por qué en los sectores populares es abortiva y en los sectores acomodados no tiene ese efecto?

                       

Creo que eso es justamente lo que demuestra que en el debate que hemos tenido en el Senado se ha  actuado sesgadamente. La gente es madura, es responsable y tiene el legítimo derecho a tener una posición sobre esta materia.

                       

Se ha dicho, reiteradamente, que ni siquiera los científicos ni el mundo académico tienen una sola posición sobre esta materia. Pues bien, siendo eso así es una decisión madura, responsable que cada persona en su sana conciencia tomará. Pero me parece preocupante, como lo señalé en la ley del divorcio, que haya esta tendencia sesgada de querer imponerle al resto de la sociedad nuestras propias posiciones valóricas, o de cualquier naturaleza.

                       

Creo que ese tipo de posturas, son extraordinariamente dañinas a la sociedad. Debemos tener tolerancia,  confiar  en la responsabilidad, en la madurez de las personas.  Yo no me imagino a ninguna mujer tomando una decisión de consumir esta píldora en un acto de irresponsabilidad, en un acto de inmadurez. Si lo hace es porque su sana conciencia, su pensamiento más íntimo le dice que debe hacer esa opción y ese camino. Y yo, aunque pueda tener una opinión discrepante, diferente, tengo que aceptar esa opción distinta a la mía.

                       

Nosotros tenemos que legislar para el país, tenemos que legislar para todos los chilenos, con su diversidad y sus diversas expresiones. Es un tremendo error querer imponer  nuestra visión filosófica o  religiosa al resto de los chilenos.

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