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Valparaíso | 07/10/2009 | Departamento de Prensa
Fue un gran impulsor de la compleja idea de derrotar políticamente a una dictadura en su propia cancha.
Intervención del senador Carlos Ominami

ImagenSeñor Presidente, estimados colegas, querida Martita, don Patricio, amigos y familiares de Edgardo que nos acompañan:

                  

Yo he querido asociarme -y la verdad lo hago muy sinceramente- a este merecido homenaje.

                  

Soy de las personas que compartió con Edgardo Boeninger muy diversos momentos de la historia de nuestro país. Yo lo conocí hace más de cuarenta años.

                  

 

Como joven, tuve ocasión de conocerlo en su condición de Decano de la Facultad de Economía de la Universidad de Chile, y luego, de Rector de la Universidad.

                  

De más está decir que fui tenaz opositor y protagonista de duros cuestionamientos a su gestión desde las trincheras universitarias de esa época. Quiero decir que más de alguna vez tuve ocasión también de memorar esos episodios duros con Edgardo cuando compartimos el gabinete del Presidente Aylwin y, también, cuando compartimos aquí en este Senado.

                  

Yo en esta oportunidad quiero entregar un triple testimonio, porque creo que ya muchas de las cosas fundamentales ya se han dicho.

                  

En primer lugar, quiero decir que me consta personalmente que, a pesar de haber sido un muy tenaz opositor al Gobierno del Presidente Allende, desde el mismo día 11 de septiembre, él hizo lo que estuvo a su alcance para proteger a muchos estudiantes y profesores que estaban siendo brutalmente perseguidos. Puedo dar testimonio personal de ello.

                  

En segundo lugar, creo que es evidente que fue unos de los grandes constructores de esta mayoría social y política que pudo derrotar al régimen militar en el plebiscito del 88.

                  

Creo que fue un gran impulsor de esta idea compleja, incomprendida en su momento, de derrotar políticamente a una dictadura en su propia cancha.

                   En honor a la verdad, uno no pudiera decir que fue el único que estuvo en esa idea. No fue el único, pero creo que fue uno de sus más sólidos impulsores.

                   Quisiera, en tercer lugar, destacar su sobriedad, su desprecio al protagonismo y su enorme compromiso con el servicio público. Trabajé con él en el Gobierno del Presidente Aylwin.

                   Debo testimoniar, con cierta nostalgia, de sus desvelos para que ese Gobierno pudiera en un primer momento instalarse, consolidarse y transformarse finalmente en un gran gobierno.

                   Yo no siempre estuve de acuerdo con él, pero debo decir que Edgardo Boeninger nunca usó de malas artes para imponer su punto de vista. Fue siempre alguien que luchó denodadamente, con su inteligencia, con la fuerza de sus argumentos, para sacar adelante las posiciones que estimaba justas, las posiciones que estimaba correctas.

                   En un gabinete con muchas personalidades con legítimas aspiraciones políticas, Edgardo fue siempre un gran articulador, un gran constructor de acuerdos, un gran solucionador de problemas. Cada vez que surgía, y créanme que surgían dificultades, puntos de vista distintos, al interior del Gobierno, ahí estaba Edgardo para buscar acercar posiciones para garantizar la coherencia, la consistencia de ese Gobierno, que me parece a mí que fue una de las características básicas de la gestión que encabezó el Presidente Aylwin. Fue, como decía, un gran resolvedor de problemas; no abusó nunca de su poder.

                   Creo que hay aquí, en estos tiempos difíciles por los que atraviesa la política, un ejemplo señero para las generaciones presentes y también futuras.

                   He dicho, señor Presidente.

                              

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