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Valparaíso | 07/10/2009 | Departamento de Prensa
La sociedad chilena le debe mucho a la influencia de Edgardo Boeninger
Intervención del senador Jaime Gazmuri en nombre de la bancada socialista

Señor Presidente, estimados colegas, querida Martita y familiares de Edgardo, don Patricio, enImagen nombre de los Senadores Socialistas, me sumo al homenaje al ex Rector de la Universidad de Chile, al ex Ministro del Gobierno que realizó la transición democrática en el país y al ex Senador institucional que trabajó incansablemente entre nosotros por ocho años, Edgardo Boeninger.

                  

Rindo homenaje a un gran servidor público, a uno de los políticos más notables de la historia reciente del país, que tuvo una influencia determinante en el rumbo que ha seguido Chile en los últimos veinte años.

                  

La sociedad chilena, tal como es hoy día desde el punto de vista político, económico y social, le debe mucho a la influencia de Edgardo Boeninger. Y pocos pueden discutir que la sociedad chilena hoy día es más libre, más próspera y más justa que la de veinte años atrás.

                  

A pocos políticos se les puede rendir este homenaje. El de haber contribuido sustantivamente a moldear las características de la sociedad de su tiempo.        No dudo, por ello, que Edgardo formara parte de la galería de los grandes estadistas del país.

                  

Rindo homenaje también hoy día a un ser humano excepcional, a quien conocimos en veinte años de estrecho trabajo, político, desde el Gobierno, nosotros desde el Parlamento. En ocho años de intenso trabajo, más el suyo que el nuestro, porque la verdad es que Edgardo estaba en todas las Comisiones y participó prácticamente en todas las grandes discusiones que hubo aquí mientras nos acompañó, y a quien también, por distintas razones, pudimos compartir, por la existencia de íntimos amigos comunes, momento también de camaradería y de conversación con Martita.

                  

A un ser humano excepcional. Se ha señalado acá excepcional es la vida familiar y personal de Edgardo. Entiendo que por primera vez en su larga vida, en el libro notable que le hizo escribir y él quiso escribir, Margarita Serrano, abrió sus recuerdos de niñez y juventud. Hijo del abandono y el descuido tuvo que forjar su propia vida y su familia. Y lo hizo con tesón y con trabajo. Y lo notable es que también lo hizo con generosidad, con humanidad y con alegría.

                  

Excepcional su inteligencia y la amplitud de sus intereses intelectuales y vitales. Se ha dicho acá economista, ingeniero, estudió ciencias políticas, amante de la literatura, del cine, de la historia, así como también de la hípica y aficionado al baile.

                  

Excepcional su hermosa historia de amor y de comprensión con Martita, de la cual también hay emocionantes relatos en libro que he comentado.

                  

Se han dicho muchas cosas de Edgardo desde el momento de su muerte, y son pocas las que se pueden añadir. Lo que más se ha dicho es que fue un político de altura, pragmático, moderado, un gran constructor de acuerdos y de consensos.

                  

No voy a discutir, porque creo que son dos características notables de Edgardo, su moderación y su capacidad de construir acuerdos. Quisiera solo matizar lo de pragmático.

                  

Porque muchas veces en política se tilda de pragmático a quien no tiene convicciones sólidas, a quienes entienden la política solo como el arte de lo que es posible en el estrecho mirar del día a día. Y Edgardo es lo contrario de aquello. Porque fue un hombre de profundas convicciones, de profundas convicciones morales y políticas.

                  

Fue un demócrata, probado en los tiempos más duros.

                  

Fue un acérrimo opositor al Gobierno de Salvador Allende, que nosotros desde estas bancadas apoyamos también con igual fuerza de intensidad.

                  

Pero en septiembre del año 1973 renunció a la Universidad de Chile cuando comprendió lo que venía en ese tiempo. Y ante el horror del asesinato de colegas, de profesores universitarios, como el profesor Enrique París, que, estando en sus antípodas, tenía todo el respeto de un rector que quería hacer de la universidad un centro de reflexión libre y de pensamiento crítico.

                  

Un hombre de sólidas convicciones también para influir en los acontecimientos del país. Lo dice el mismo Edgardo, refiriéndose a la influencia que en él tuvo el pensador y teórico inglés Rawls: "La democracia es un ejercicio de la libertad. La libertad política es, por naturaleza, igualitaria. Todos los seres humanos tienen el derecho a la misma libertad. De allí derivé" -decía Boeninger- "al concepto de igual libertad, que incluía la libertad de conciencia en el sentido que cada uno cree lo que le parece. Por eso me resultó natural creer en la libertad económica.

                  

Sin embargo, "concluí que la igual libertad no se producía en la libertad económica..., ya que la libertad política es igualitaria constitucionalmente; la económica tiende, por muchas razones, a... generar diferencias mayores.

                  

 "Si la libertad económica tiene un elemento de desigualdad intrínseco, no puede resolver el tema de la igual libertad. Por ello llegué a la convicción de que era necesario "una mano correctora para que la libertad económica no tuviera como efecto la mayor desigualdad. Había, por consiguiente, que cambiar el rol del Estado" como instrumento regulador de los excesos del mercado. La libertad económica produce excesos que causan daños. Supongo" -añadía Boeninger- "que por lo anterior llegué a ser" -como él se autodefine- "un liberal socialdemócrata".

                  

 Esa es su última definición.

                  

Es un hombre de principios, un hombre de principios sólidos, que tiene un norte. Y creo que ese es un elemento central que hoy día quisiéramos rescatar en este homenaje que se le rinde.

                  

Los aportes de Edgardo a la transición creo que aquí se han dicho. Yo solamente quisiera resaltar que fue de los primeros, entre nosotros, que llegó a la conclusión de que el término de la  dictadura tenía que realizarse utilizando los instrumentos de la propia Constitución de 1980.

                  

 Ese fue un debate que desgarró durante muchos años a la oposición democrática al Gobierno de Pinochet, y que finalmente esa estrategia, que fue el primero en anunciar, se nos impuso a todos, la asumimos todos, también los que están en estas bancadas. Y eso permitió efectivamente que Chile transitara a la democracia por la vía política y en paz.

                  

Fue, sin duda, también un gran constructor del tipo de desarrollo económico-social que hemos tenido en estos años. Se mantuvo la apertura de los mercados y se introdujo un rol más activo del Estado.

                  

Yo quisiera recordar -es un tema que estará en la polémica de este tiempo- que con don Patricio Aylwin, Edgardo y Alejandro Foxley -también participa en ese Gobierno el Ministro Carlos Ominami- fueron impulsores, como una de las primeras medidas del Gobierno de don Patricio, una reforma tributaria que permitiera enfrentar la deuda social que nos dejaba la dictadura.

                  

Fue pionero en advertir la importancia que para Chile y América Latina tenían las economías emergentes del Asia. Y fue incansable en abrirnos una perspectiva que en las relaciones internacionales de Chile ha tenido un profundo desarrollo durante los últimos años.

                  

En fin, podríamos hacer largo recuento de sus aportes.

                  

No siempre, por cierto, estuvimos de acuerdo. Formaba parte del arco iris, que es la Concertación. Nuestras diferencias -las mías, por lo menos- normalmente tuvieron que ver con el tema de la profundidad y del ritmo de las reformas, más que con su orientación general y con distintas cuestiones, por cierto, de la contingencias política en años tan intensos de la política chilena, como han sido estos últimos años.

                  

Nos deja una herencia póstuma: "Chile rumbo al futuro", que estará, sin duda, presente en nuestros debates.

                  

No podremos ya comentar con él nuestros profundos acuerdos con su obra, como también nuestras diferencias, como, por ejemplo, sus opiniones sobre la cuestión constitucional. Pero, en fin, lo haremos entre nosotros, y lo haremos con el pueblo de Chile.

                  

¡En nombre de los Senadores del Partido Socialista, querido Edgardo, Senador Boeninger, recibe el respeto, la gratitud y el cariño de los socialistas chilenos!

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