La verdad es que los hechos políticos, muchas veces, sorprenden y ocurren de manera inesperada. Digo esto porque en este Congreso Nacional, durante varios años, casi dos décadas, no ha habido acuerdo en relación al reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas.
Y por eso que me llama profundamente la atención que personas que, en su momento y tempranamente, estuvieron por el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas estén en contra de la aprobación de este proyecto. No le encuentro la explicación a una posición de esa naturaleza.
Esto porque votar abstención es votar en contra. Porque significa que ponemos en riesgo los votos necesarios para alcanzar el quórum constitucional que una reforma de esta naturaleza significa. Y el argumento que se esgrime, como el argumento principal, que sería la falta de consulta, es un argumento que contradice toda la discusión pública de los últimos años. Es un argumento enteramente formal.
Lugar donde yo he participado, como Diputado de la provincia de Arauco o como Senador en la Décima Región, o participando en muchos debates en la Novena Región, o incluso en mi actividad política en la Primera y Segunda Regiones con los pueblos originarios allí establecidos, este es un tema que ha estado presente en la demanda y en el debate durante todos estos años, durante todo este tiempo. Es decir, ¿quién hoy día podría decir que el tema del reconocimiento constitucional no ha sido parte del debate público? Es como intentar tapar el sol con un dedo.
Si los pueblos originarios han tenido dos grandes demandas planteadas al proceso de reconstrucción de la democracia en nuestro país desde los años 90 hasta la fecha: uno, la suscripción del Convenio 169 de la OIT, y segundo, el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas.
Esas han sido sus dos grandes materias conceptuales. Hay otras, por ejemplo, que también debemos analizar como la eficiente o ineficiente aplicación del Programa Orígenes, el buen o mal trabajo de la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena, la correcta o incorrecta decisión respecto de los predios que se adquieren con el Fondo de Tierras de esa Corporación. Ha habido discrepancias, incluso fuertes. En muchas ocasiones, dirigentes de comunidades han acusado de mal uso de los recursos cuando se favorecen a unas comunidades y a otras no.
Hay materias que son enteramente opinables, pero desde el punto de vista conceptual, de los grandes temas que ha abordado el tema indígena en nuestro país, dos grandes banderas han sido las que lo han constituido: la aprobación del Convenio 169, y el reconocimiento constitucional.
¿Podría yo, en este caso, por el hecho de que el Ejecutivo ha puesto urgencia al proyecto que lleva la firma esencialmente de parlamentarios de Oposición, los senadores Andrés Allamand, Carlos Cantero, Alberto Espina, José García y Sergio Romero, votar en contra? Creo que caería en una incongruencia muy grande. Y no solamente en una incongruencia, sería una mezquindad enorme.
Esta aprobación general dará paso a la discusión particular con el objeto de encontrar una redacción final que sea capaz de involucrar las diferentes visiones.
¿Sería lo lógico y lo correcto congelar este proceso rechazándolo? Yo creo que ahí tendrían que hacernos un monumento al absurdo que después de 20 años de estar hablando del tema, lo rechazáramos porque los senadores de Oposición en estas últimas semanas tuvieron la decisión de tomar la iniciativa. Esa sería una incongruencia enorme.
Yo, claro, entiendo que la búsqueda de protagonismo político en toda persona que se dedique a esto es una cuestión esencial. Pero creo que la búsqueda de protagonismo político no nos puede poner en una situación ridícula.
Esta es una de las demandas esenciales del pueblo mapuche y de los pueblos constitutivos de la nación chilena en el curso de los últimos años, desde que en los años 80, en la ciudad de Temuco comenzaron a reunirse como tales y a presentar una plataforma que los ha unificado durante todos estos últimos años.
Segunda y última reflexión sobre la relación entre pueblos indígenas y nación.
Yo creo que es imposible pensar que el reconocimiento constitucional se pueda hacer sobre la base de desconocer lo que somos. Somos la nación chilena. Hay personas como que se avergüenzan, como que entienden que ser -por así decir- progresista, de Izquierda o radical lo entienden como contradictorio con defender el concepto de nación.
Y yo quisiera subrayar que ese es un razonamiento profundamente equivocado.
La más importante transformación progresista de la historia nuestra es precisamente nuestra constitución como nación próxima a cumplir 200 años. Si lo miramos en términos más amplios de la historia, nos constituimos primero, como pueblos originarios que habitaban por sí solos y autónomos, en muchos casos con un sistema de producción muy precario, con una subsistencia muy limitada, y como grupos autónomos, nos constituimos como parte de la monarquía española hace ya más de 500 años.
Y, luego, nos constituimos como nación.
Son dos grandes momentos históricos de lo que nosotros constituimos como civilización y como individuos. Y dentro de este proceso en que fue un avance histórico portentoso el que nos hubiéramos constituido como nación ahora, lógica y naturalmente, que pasamos a poder reconocernos también como parte de una comunidad indivisible, pero que tiene un carácter multicultural. Y eso, en consecuencia, nos lleva a reconocer en nuestro ordenamiento constitucional a los pueblos originarios.
NUNCA SERA UN ESTADO DENTRO DE OTRO
Si quisiéramos violar el primero, no sería posible el segundo. O sea, yo entiendo que cualquier persona que piense que el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas tiene como perspectiva su constitución como un Estado diferente al Estado de Chile comete una violación enorme, no solamente al sentido común, porque simplemente eso no es posible, sino que además comete un error histórico garrafal.
La superación de la pobreza, los avances que nuestro país ha ido obteniendo, las posibilidades de crecer y de ocupar un espacio en la civilización humana actual existen sobre la base de la existencia de Chile como nación y no sobre otra ninguna. Lo otro es una quimera que no existe simplemente como una realidad político-institucional, ni económica ni social.
De manera que desde mi perspectiva, el Congreso Nacional está avanzando en el sentido del reconocimiento constitucional de los pueblos originarios de nuestro país, de los pueblos indígenas como parte de una nación única e indivisible, pero que es multicultural, ese reconocimiento significa un hito histórico de enormes y amplísimas dimensiones, y de potencialidades, que los críticos de este avance desafortunadamente no logran percibir porque constituirá un instrumento que le dará a los pueblos indígenas las posibilidades de efectivamente afirmar su cultura y el espacio que le corresponde en el desarrollo futuro de la nación chilena.











