Hace exactamente 10 años, cuando por primera vez asumí la Presidencia del Senado, le propuse al gobierno de entonces, que estaba presidido por Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que avanzáramos hacia el voto voluntario y la inscripción automática.
Hoy, después de la aprobación por parte de la Sala, de la reforma constitucional que consagra la voluntariedad del sufragio y un sistema de inscripción que evite la concurrencia a las oficinas inscriptoras, quiero expresar que debe haber coherencia y consecuencia con los principios, que son algunos de los atributos que debiéramos tener en la política chilena.
La inscripción automática y el voto voluntario es una consecuencia de los conceptos libertarios y son claves en lo que va a ser el desarrollo político electoral. Esta reforma será una etapa histórica que va a marcar un antes y un después en la vida democrática de nuestro país,si los diputados confirman este trascendental cambio .
La aprobación que prestó la Sala del Senado, por una mayoría amplísima a esta iniciativa, es coherente y decisiva para entender el proceso de ir liberalizando, en términos bien entendidos, la relación del Estado con el individuo.
No podemos seguir siendo inconsecuentes al seguir exigiendo a las personas el desarrollar ciertas obligaciones. A nuestro juicio, tiene que haber cierta confianza y madurez para con las personas, y los jóvenes en particular.
Desde esa perspectiva, la consagración como derecho, de la libertad que tenga cada chileno de optar, si es convocado o no, para emitir su voto, y no tener que hacer largas filas, en horas y días determinados, para inscribirse, interpretará a muchos. Y el día que avancemos a la votación electrónica, estaremos a la altura de lo que hoy somos como país.
Esta reforma que se ha iniciado en el Senado, podría ser comparable con la creación de la cédula única que le da seguridad al voto. Así lo expresó con autoridad el Presidente del Senado, lo que es cierto.
No obstante, se han planteado dudas acerca de la confiabilidad que tendría el nuevo sistema de inscripción.
Creo que a eso hay que prestarle una atención preferente y prioritaria cuando se discuta la respectiva Ley Orgánica, para que Chile tenga un registro indubitado, que sea cierto, que tenga seguridad y que sea confiable, pero no podemos prejuzgar que no vaya a ser así.
Además, la reforma constitucional recién aprobada radica en el Servicio Electoral la responsabilidad de incorporar, por el sólo ministerio de la ley, a los ciudadanos que cumplan con los requisitos para votar. Y es en dicha institución en la que hemos confiado en los últimos procesos electorales.
En suma, la Libertad está ganando un nuevo espacio.











