Hace un par de días fui invitado por "El Mercurio" de Antofagasta, a un desayuno que este diario organiza mensualmente y al que llaman "Visión Regional". Esta actividad no es otra cosa que un fantástico espacio de conversación donde los actores gravitantes de la región, sean estos artistas, religiosos, políticos o empresarios, se reúnen en torno a las presentaciones (o provocaciones) de un expositor invitado.
Como es de suponer, mi tiempo es escaso; no obstante, no dudé un segundo en la necesidad de organizar mi agenda y estar presente. Como es sabido, represento en el Senado a la Undécima región, una zona donde la naturaleza es extremadamente generosa en cuanto a recursos hídricos y en consecuencia "lo verde" florece en cada rincón. Pues bien, La Segunda Región de Antofagasta es el contraste absoluto y por eso siempre me apasiona visitarla y compartir con su gente.
El desierto es abundante en recursos naturales, la riqueza asoma desde cada cerro, pero la vida no es fácil allí; cuesta ver crecer una plantita por pequeña que sea y se requiere un coraje especial para tomar la decisión de echar raíces en estas tierras amarillas que contrastan tan bruscamente con el océano pacifico.
En ese contexto, estando allí, cuesta mas todavía entender la razón por la cual el gobierno central pareciera ignorar deliberadamente la necesidad ya no de "avanzar" en la descentralización, sino de descentralizar derechamente y entender que este centralismo asfixiante es ni mas ni menos que una falta de respeto diario a los hombres y mujeres que de Norte a Sur, de Mar a Cordillera, trabajan en condiciones muchas veces durísimas para mejorar sus condiciones de vida y engrandecer al país.
Hombres y mujeres que, se supone, tienen los mismos derechos. Como sabiamente decía un pequeño empresario participante: en Chile todavía gobiernan los agricultores porque hasta en eso el gobierno central ha sido ineficiente, las leyes que ordenan el territorio son anacrónicas, el derecho a disponer del borde costero lo define el Ministerio de Defensa en Santiago y la planificación de los caminos la hacen ingenieros o arquitectos cómodamente sentados en sus oficinas de Isidora Goyenechea. Está mal pelado el chancho Don Adolfo, me decía una señora dueña de un kiosco de diario, y esa simple frase encierra una verdad del porte de una Catedral.
El problema es que el chancho se pela en Santiago y a las regiones se las visita cuando se necesita plata para financiar el Transantiago. Sólo una pregunta para terminar: ¿saben cuánto cuesta un pasaje de micro en Antofagasta o Calama? ¿O saben cuanto les quieren cobrar de peaje a los Antofagastinos por circular en las carreteras concesionadas? Amigos de la Segunda Región, escuché muy bien sus demandas y las hago mías.











