En el último tiempo en el país se ha realizado un intenso debate sobre el sistema de educación que se aplica a nuestros jóvenes estudiantes. Algunos proponen profundos cambios al actual sistema y en este aspecto deseo ser enfático y claro: debemos terminar con la educación municipalizada. Así entiendo el problema.
He reconocido y estoy abierto a valorar medidas hechas en un período anterior, pero en materia de educación, así como de salud, creo que los resultados son malos. Y el costo lo han pagado varias generaciones de jóvenes de nuestra patria. Ojalá que empecemos a revertir la situación de una vez por todas y por ello es preciso encarar tal tarea con decisión y responsabilidad en el Congreso Nacional.
A mi juicio, lo que debemos hacer, es colocar a la educación como el motor de desarrollo del país, así como de la equidad. Eso no es fácil. La maduración de todo ello va a ser lenta. Pero es algo que debe enfrentarse de una vez por todas como corresponde.
Ha llegado el momento de actuar y hay que hacerlo con parsimonia y dedicación porque lo que se decida en esta materia tan importante para el desarrollo del país tiene que ver con el futuro real y concreto de nuestros jóvenes.
Pero, es importante que en esta serie de cambios que se buscan para mejorar la educación tengan una activa participación nuestros profesores. No creo que vaya a haber ningún cambio, ninguna transformación positiva en la educación chilena, si no nos abrimos a reconocerlos como actores relevantes. No será posible hacerlo sin su concurso.
En la discusión del proyecto de la Ley General de Educación, los hemos visto que son tratados como figuras de segundo nivel. Hoy vemos que los docentes, para ejercer5 y entregar su labor, deben multiplicar sus esfuerzos. Y eso no puede ser. Hay que partir por entender que tenemos que remunerarlos como corresponde.
Además sigue penando en nuestra sociedad y al cual pocos le dan importancia que es la deuda histórica con el magisterio. La deuda con el profesorado parte en el Régimen Militar, cuando se paga una de cuatro cuotas y en los 20 años en el poder que lleva la Concertación no solo no paga, sino que, además, frente a maestros que ya no pueden siquiera reclamar y reciben pensiones de 100 u 80 mil pesos- actúa diciéndoles-: ¡Vayan a los tribunales¡.
De igual forma, soy partidario que los profesores deben ser evaluados regularmente para así asegurarnos una formación idónea de los jóvenes de nuestra patria.
n el último tiempo en el país se ha realizado un intenso debate sobre el sistema de educación que se aplica a nuestros jóvenes estudiantes. Algunos proponen profundos cambios al actual sistema y en este aspecto deseo ser enfático y claro: debemos terminar con la educación municipalizada. Así entiendo el problema.
He reconocido y estoy abierto a valorar medidas hechas en un período anterior, pero en materia de educación, así como de salud, creo que los resultados son malos. Y el costo lo han pagado varias generaciones de jóvenes de nuestra patria. Ojalá que empecemos a revertir la situación de una vez por todas y por ello es preciso encarar tal tarea con decisión y responsabilidad en el Congreso Nacional.
A mi juicio, lo que debemos hacer, es colocar a la educación como el motor de desarrollo del país, así como de la equidad. Eso no es fácil. La maduración de todo ello va a ser lenta. Pero es algo que debe enfrentarse de una vez por todas como corresponde.
Ha llegado el momento de actuar y hay que hacerlo con parsimonia y dedicación porque lo que se decida en esta materia tan importante para el desarrollo del país tiene que ver con el futuro real y concreto de nuestros jóvenes.
Pero, es importante que en esta serie de cambios que se buscan para mejorar la educación tengan una activa participación nuestros profesores. No creo que vaya a haber ningún cambio, ninguna transformación positiva en la educación chilena, si no nos abrimos a reconocerlos como actores relevantes. No será posible hacerlo sin su concurso.
En la discusión del proyecto de la Ley General de Educación, los hemos visto que son tratados como figuras de segundo nivel. Hoy vemos que los docentes, para ejercer5 y entregar su labor, deben multiplicar sus esfuerzos. Y eso no puede ser. Hay que partir por entender que tenemos que remunerarlos como corresponde.
Además sigue penando en nuestra sociedad y al cual pocos le dan importancia que es la deuda histórica con el magisterio. La deuda con el profesorado parte en el Régimen Militar, cuando se paga una de cuatro cuotas y en los 20 años en el poder que lleva la Concertación no solo no paga, sino que, además, frente a maestros que ya no pueden siquiera reclamar y reciben pensiones de 100 u 80 mil pesos- actúa diciéndoles-: ¡Vayan a los tribunales¡.
De igual forma, soy partidario que los profesores deben ser evaluados regularmente para así asegurarnos una formación idónea de los jóvenes de nuestra patria.
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