Lo ha reconocido públicamente la propia Ministra de Educación, Mónica Jiménez: no ha sido fácil en la historia de nuestro país lograr y avanzar en reformas educacionales de carácter sustantivo. Cuando se ha hecho, cuando se ha logrado, ello ha exigido grandes acuerdos políticos de este Congreso Nacional.
Así fue el año 20, cuando se aprobó la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, una ley fundamental dentro de lo que ha sido el proceso educacional de nuestro país. Y así fue también en los años 60, durante el Gobierno de don Eduardo Frei Montalva, cuando se aprobó ampliar o extender la cobertura educacional a la mayor cantidad de jóvenes en nuestra patria.
Hoy día, nuestro Senado está enfrentado a un gran desafío: el poder consolidar en el proyecto de Ley General de Educación, LGE, el Acuerdo Nacional suscrito hace un año atrás por los presidentes de todos los partidos político con representación parlamentaria, y poder así avanzar en el desafío o en el problema que hoy día tiene nuestro sistema educacional, que es precisamente la calidad de la enseñanza que hoy día estamos entregando a nuestros jóvenes.
Este es el problema de hoy, un problema profundo, un problema absolutamente real y un problema ético, porque sin duda alguna que la mala calidad de la enseñanza está incidiendo o ha incidido fuerte y determinantemente en la construcción de una sociedad como la del Chile de hoy, que presenta grandes desigualdades sociales.
Sobre este punto yo quisiera dar un ejemplo.
La prueba SIMCE tomada a los cuartos años básicos. Si comparamos los resultados en 10 años: en el área lenguaje y comunicación, el sector municipal el año 1996 obtuvo 241 puntos. Diez años después -y luego de casi triplicarse el presupuesto del Ministerio de Educación-, el año 2006, se mantuvo en 241 puntos. Es decir, absolutamente estancado.
En el área matemáticas: el año 1996 el sector municipal obtuvo 239 puntos; el año 2006, en cambio, bajó a 234 puntos.
Y esto que pueden ser solo cifras para demostrar el estancamiento o el empeoramiento de nuestro sistema educacional, llevado esto a contenidos significa que, en materia de lenguaje y comunicación, durante 10 años en nuestro sistema educacional los niños de cuarto básico no alcanzan a comprender lo que leen. Y los niños de cuarto básico de nuestro sector municipalizado, en el área matemáticas, no alcanzan a desarrollar con fluidez las cuatro operaciones básicas. Es decir, hemos reprobado el curso en materia de calidad de la educación en diez años, habiendo triplicado el presupuesto del país en esa materia.
Por esto, que el Acuerdo sobre Calidad de la Educación que se celebró hace un año es tremendamente importante.
Obviamentente que este acuerdo que se refleja en el proyecto de ley sobre Ley General de Educación no es suficiente por sí mismo ni es el único instrumento para efectos de mejorar la calidad de la educación en Chile. que eso no es así, que tiene que ir acompañado de muchos otros factores. Pero esta ley, no siendo suficiente, resulta completamente indispensable.
El académico José Joaquín Brunner, cuando concurrió a la Comisión de Educación, ilustró muy bien este aspecto cuando, al hacer referencia a los estudios internacionales, señalaba que lo que más incide, lo más preponderante en materia de calidad de la enseñanza, está en primer lugar -y lejos- la familia y su condición sociocultural; en segundo lugar, la escuela, la calidad de gestión de la escuela a la cual se envía a los niños, y en tercer lugar -y a bastante distancia- los sistemas o diseños institucionales.
Bueno, esta Ley General de Educación a lo que se refiere es, precisamente, a los sistemas o diseños institucionales, pero, sin duda alguna -y así lo afirmaba José Joaquín Brunner-, que el tener un buen diseño institucional es tremendamente importante para efectos de generar los incentivos a que las escuelas puedan desarrollar su condición o su capacidad de aprendizaje.
Tampoco creo, que vale la pena detenerse a detallar aquello que la ley no incorporó o aquello que incorporó de una manera distinta, o matizada, o diferente a aquello que yo pienso o creo que debiera haber sido la incorporación de una materia.
Todo acuerdo -y es bueno recordarlo- exige generosidad, exige comprensión y exige renuncias mutuas.
Por lo tanto, en eso consiste un acuerdo para efectos de qué. De poder avanzar. Y la pregunta no es qué me faltó o de qué discrepo, sino que, visto en su conjunto, si significa o no un paso adelante. Y en eso, estoy convencido de que estamos dando un paso importante para mejorar la calidad de la educación.











