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Valparaíso | 03/12/2008 | Por Jaime Naranjo, integrante de la Comisión de DD.HH
Modificar la ley del Sida y emprender fuertes campañas preventivas debe ser una tarea prioritaria en Chile

El 1° de diciembre recién pasado se conmemoró el Día Mundial de la lucha contra el sidImagena, instaurado por las Naciones Unidas en 1988 como una forma de hacer conciencia en la Humanidad acerca de este flagelo que ha costado millones de vidas en los últimos 28 años.

 

Fue elegida esa fecha, precisamente porque en 1981 fue diagnosticado el primer caso de sida en el mundo. Desde ese día, según la Organización de las Naciones Unidas, esta enfermedad ha aniquilado a más de 25 millones de personas en el mundo, transformándose en la epidemia más destructiva de toda la historia de la Humanidad.

 

Solo a modo de ejemplo, en el año 2005, a pesar de los grandes avances médicos, las muertes alcanzaron a 3,1 millón de personas, de las cuales, 570 mil eran niños.

 

Es así como nos enfrentamos a la realidad de nuestro país, donde el 31 de diciembre de 2007 se había notificado con el diagnóstico del VIH-sida a 17 mil 235 personas, de las cuales, entre 1990 y el año 2005, 5 mil 288 habían fallecido, siendo el 88 por ciento de ellas,  hombres.

                  

Chile, sin lugar a dudas, ha avanzado en materia de enfrentar el Sida, y al igual que en el resto del mundo no ha sido una tarea fácil. Hemos dejado en el pasado los prejuicios, principalmente aquel que se expresaba que esa enfermedad era propia y exclusiva de los homosexuales y promiscuos sexuales, para comprender como sociedad que nadie está al margen de contagiarse.

                  

Es así como después de 7 años de ardua discusión en el Congreso Nacional, en diciembre del año 2001 se promulgó la Ley sobre el Virus de Inmunodeficiencia Humana y Beneficio Fiscal para Enfermedades Catastróficas, de la cual fui  autor, junto a otros parlamentarios.

                  

Sin embargo, debemos reconocer, a la luz de los últimos acontecimientos que causaron alarma pública, que un número importante de personas que eran portadoras del VHI no habían sido notificadas por los distintos servicios de salud de nuestro país.

                  

Es, por tanto, necesario aprender de esta dolorosa lección. No basta solo con denunciar y recriminarnos unos a los otros. Esto en ningún caso ayuda a los portadores del Sida ni a sus familias.

 

Lo correcto, es impulsar las medidas necesarias para que NUNCA MÁS suceda: Debemos garantizar que en nuestro país no vuelvan a existir casos de personas infectadas con el virus del Sida que no sean notificadas, de tal forma de asegurarles el inicio inmediato de sus tratamientos médicos. Para lo cual se hace necesario modificar la Ley del Sida, de tal forma de asegurar la notificación de todos sus portadores, estableciendo claramente las responsabilidades de aquellos funcionarios públicos o privados del ámbito de la salud que no lo hagan. Esto manteniendo -dentro de lo posible- la privacidad adecuada.

                  

Lo importante, lo decisivo, es tener conciencia de que cada vez que una persona no es notificada a tiempo de que es portadora del VH Sida, y por tanto, no inicia los tratamientos médicos necesarios, en la práctica se le está condenando a muerte. Es decir, se está violando a estas personas dos de sus derechos fundamentales: el derecho a la vida y a la salud.

                  

De igual forma,  es necesario fortalecer las medidas antidiscriminación, ya que las normas vigentes no han permitido una real protección a los infectados, especialmente en materia laboral.

                  

A raíz de la no notificación a tiempo de numerosas personas que eran portadores del VIH y el escándalo público que se generó, se ha permitido que nuestra sociedad tome más conciencia sobre esta epidemia. Los portadores han dejado de ser parte de una estadística, transformándose en rostros de hombres, mujeres y niños que sufren.

                  

Considero que esa situación, por dolorosa que sea, debe ser aprovechada para crear más conciencia sobre los verdaderos alcances de la epidemia de VIH-SIDA, y por sobre todo, de las formas para evitar su contagio, especialmente entre nuestros jóvenes.

                  

Como expresó el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon el año 2007 al conmemorarse el Día Mundial del SIDA, "Hemos de poner fin al estigma y a la discriminación que aún impiden a mucha gente saber cómo prevenir el VIH y obtener tratamiento. La necesidad de liderazgo y empoderamiento en la lucha contra el SIDA, y de cumplir los compromisos asumidos en la materia, es más real y urgente que nunca".

                  

Es en este objetivo que las autoridades de Gobierno, como asimismo los parlamentarios, debemos comprometernos a buscar los mecanismos necesarios tendientes a que nos permitan como país enfrentar de mejor forma esta epidemia. Y esto pasa no solo por implementar campañas de información, sino por modificar -como he señalado anteriormente- la Ley del SIDA. Esa es nuestra gran tarea. Espero que como parlamentarios estemos disponibles para tramitar con celeridad esta nueva ley.

                  

Ese es el compromiso que debemos asumir para enfrentar esta realidad.

        

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