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Valparaíso | Por Sergio Romero, senador por la Región de Valparaíso y presidente de la Comisión de Defensa
Hacia una real Cancillería del S. XXI

Chile requiere de una Cancillería eficiente, capaz de dar respuesta oportuna a los desafíos del panorama internacional, con una prudente distancia de las presiones internas de la política nacional, poniendo en marcha prácticas modernas de gestión y de  seguimiento de resultados.

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La modernización del Ministerio no encuentra su fin ni su solución en cambios legales, y desde luego que tampoco en el proyecto recientemente ingresado a tramitación con ese propósito por el gobierno, sino que también en la voluntad para avanzar mejorando presupuestos, procedimientos y organización interna, en aras de una implementación eficaz de la política exterior.

 

Evidentemente que sin perjuicio de la evidente utilidad de contar con una capacidad de reacción rápida y eficaz, esa cartera debe orientarse a operar sobre la base de una fuerte y profunda planificación estratégica, anticipando escenarios internacionales, dirigiendo negociaciones, y velando por que exista aplicación de los acuerdos internacionales en el ámbito interno.

 

Retomando las reformas legales que deben catalizarse en el marco que rige al Ministerio y su personal, es cierto que el sistema acusa una  falta de adecuación de su actual estructura jerárquica a las responsabilidades que en forma creciente asume nuestra política exterior. No obstante, innovaciones en este aspecto, como la propuesta para introducir una nueva Subsecretaría sobre asuntos de comercio internacional, no pueden implantarse sin establecer al mismo tiempo, por sobre las subsecretarías, un órgano coordinador. No hacerlo implicaría separar aún más los aspectos económico-comerciales de los relacionados con la política exterior debilitando la acción diplomática, donde uno de cuyos ingredientes más importantes son precisamente los económico-comerciales.     

 

Es necesaria también una nueva modalidad de gestión de personal, regida por objetivos y en la que exista espacio para nuevas responsabilidades en quienes forman parte del Servicio Exterior y de la Secretaría y Administración General del Ministerio. Asimismo, son esenciales los espacios para que sus funcionarios puedan especializase: la oportunidad para la detección de los intereses nacionales es esencial, y en ello incide determinantemente la especialización de la Cancillería.

 

 

 

 

 

Sin embargo, la profesionalización del servicio exterior debe plantear el aumento del número de embajadores de carrera, y un razonable límite en el tiempo de ejercicio de dicho cargo, sólo como el punto de partida, pues debe ello comprender también incentivos acordes y una objetiva evaluación de desempeño, siguiendo una estructura simple y  con mayores espacios para la horizontalidad en la estructura de la Cancillería, incrementando las responsabilidades para el Servicio Exterior hacia niveles inferiores, alivianando la excesiva concentración en la toma de decisiones del Ministerio.

 

En relación con el proyecto de ley enviado por el Ejecutivo, su momento es complejo, pues ya su propio mensaje niega tanto un diagnóstico crítico de los problemas al interior del Ministerio, como la magnitud que se requiere en la voluntad de cambios, espíritu opuesto al que inspiró el trabajo del documento "Cancillería del Siglo XXI", que en anos anteriores pensó en términos amplios y ambiciosos, las herramientas del país para desenvolverse en un nuevo mundo.

 

Sin  embargo, siguiendo nuestra línea de entender  lo internacional como política de Estado, hemos dado a conocer al Ministro del ramo nuestro aporte en ideas,  para una real Cancillería  del siglo XXI, las que distan claramente de las propuesta en el Proyecto  del Ejecutivo recién ingresado al Congreso.

 

 

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