Click acá para ir directamente al contenido
REPÚBLICA DE CHILE
DIARIO DE SESIONES DEL SENADO
PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 365ª
Sesión 72ª, en miércoles 13 de diciembre de 2017
Ordinaria
(De 11:16 a 14:32)
PRESIDENCIA DE SEÑORES ANDRÉS ZALDÍVAR LARRAÍN, PRESIDENTE,
Y GUIDO GIRARDI LAVÍN, VICEPRESIDENTE
SECRETARIO, EL SEÑOR MARIO LABBÉ ARANEDA, TITULAR
____________________
ESTABLECIMIENTO DE NUEVA INSTITUCIONALIDAD PARA EDUCACIÓN SUPERIOR


El señor MONTES.- Señor Presidente, quiero partir diciendo que este es un debate grande y muy significativo. Y creo que el enfoque que le da el Senador que me antecedió se dirige a aspectos muy particulares, pero no ve el conjunto de la discusión en que estamos.
¿De qué envergadura es? Esto es muy parecido al debate que tuvimos a fines de los sesenta, cuando cuestionamos el sistema universitario por su desvinculación con la realidad y sus procesos. Y es parecido también al de los años ochenta, al interior de la dictadura. Quien quiera conocerlo debe leer el libro del periodista Juan Guerra -que anda por acá-, en que relata la manera en que se decidió privatizar la educación entera, y particularmente la educación superior.
¡Chile necesita cambios profundos en su sistema de educación superior!
¡Hay que pensar mejor el presente y el futuro!
La universidad, antes que nada, es un lugar de encuentro para conocer, para pensar. Y debemos formar profesionales, una generación dirigente para los tiempos que vienen.
Tenemos una base, sin lugar a dudas, y yo no quiero cuestionar todo lo que ha dicho el Senador Hernán Larraín.
Efectivamente hay una base. Sin embargo, obviamente, estamos insatisfechos por lo que la realidad chilena requiere y por lo que viene por delante.
Lo decía de alguna manera el Senador Girardi: hay que pensar en la energía renovable, pero no como una perspectiva de un pequeño negocio.
¡Le están diciendo a Chile que es la Arabia Saudita del tiempo actual por el desierto de Atacama!
Nosotros debemos repensar la matriz productiva y no podemos seguir con un debate económico tan pequeño, aludiendo a que son factores internos o externos los que la determinan. Tenemos que repensar nuestras potencialidades hacia delante.
Es probable que en el futuro de nuevo digamos que Chile es un caso de desarrollo frustrado, porque no contamos con la inteligencia ni con la educación superior ni con la política requeridas para enfrentar estos temas.
Yo creo que este es un debate demasiado importante, demasiado trascendente.
A lo mejor comparto muchos de los aspectos circulares. Sin embargo, el tema global hay que pensarlo.
Chile requiere formar una nueva generación dirigente, y ese es uno de los roles fundamentales de las universidades. ¡Una nueva generación dirigente! Y no podemos seguir con buena parte de la generación dirigente formándose arriba de la cota mil. Tenemos que modificar la manera de hacerlo.
¿De qué sistema disponemos? Aquí hubo un sistema que creció aceleradamente, que se masificó, que se transformó, que se diversificó. Y quiero decirles que en toda América Latina ocurrió algo similar, en grados distintos, porque era una necesidad de la sociedad del conocimiento. En nuestro caso estuvo protagonizado por el mercado y por el sector privado. Por lo tanto, fue desigual, segmentado, segregado.
Nuestro sistema posee miles de problemas, que no voy a describir. La política pública, sobre todo desde el 2000, intentó corregirlos, y generó un sistema de aseguramiento de la calidad como condición para acceder a recursos, pues se veía que era baja y que necesitaba mejoras.
¿Qué nos dijo la Derecha? "No hay que acreditar", "el mercado es el único que acredita".
¡Eso está en actas!
Afortunadamente, Germán Becker y cinco parlamentarios más de Renovación Nacional dijeron: "No. Aquí hay que asegurar ciertos estándares".
¡Y se expandió mucho!, por las becas, por el CAE, en el 2006. ¿Por qué? Porque además las instituciones públicas, las tradicionales, eran muy selectivas y no permitieron la incorporación de más estudiantes.
Obviamente, uno de los grandes problemas de la actualidad es que no sean tan selectivas, que exista calidad. Pero también es importante que cuenten con la posibilidad de incorporar a otros sectores, porque bastante gente vio la igualdad de oportunidades a través de la educación particular subvencionada y a través de las universidades privadas, que vinieron a jugar el rol que en el pasado desempeñaron la educación pública escolar y las universidades del Estado.
Quiero ser muy claro: en 1990 el 15 por ciento de los jóvenes que egresaban de la educación media ingresaba a la universidad, cifra que ascendió el 2015 al 53 por ciento. Es verdad que el nivel de cobertura está por encima del promedio de la OCDE. El problema es la calidad. Y estoy tomando en cuenta el estudio que, a partir de la CASEN, hace Víctor Orellana.
El ser profesional en este país convierte a las personas en algo distinto. Es la aspiración de mucha gente -sin lugar a dudas, es valioso- que quiere tener posibilidades de acceder a mayores conocimientos, mayor estatus, a hacer su aporte a la sociedad y acceder a otros bienes y servicios.
Hasta ahora el rol del Estado se ha centrado en canalizar las fuerzas del mercado a través de la Comisión Nacional de Acreditación con el fin de verificar el nivel de las instituciones.
¡Ese ha sido el patrón de calidad!
¿Qué cambio de fondo queremos hacer? Eso es bien importante.
Al respecto, en mi opinión hay tres cuestiones fundamentales.
La primera es que en la estructura de la educación superior tenemos que contar con un sistema de universidades estatales que sea la columna vertebral del modelo, que permita a estas universidades investigar sobre los grandes temas nacionales y formar profesionales. Otros también lo harán, pero Chile tiene que volver a contar con un sistema de universidades públicas que cumplan ese rol y entreguen ese aporte.
Que habrá otros que lo van a hacer, ¡fantástico!
Que hoy día en Atacama estén la Universidad de Chile y la de Atacama estudiando las características de la radiación de nuestro desierto, ¡fantástico!
Que a eso se pueda incorporar la Universidad Católica, ¡muy bien!
Sin embargo, debemos tener un impulso con una visión de país, una visión de desarrollo y no de negocios parciales.
El segundo cambio fundamental -esto lo vamos a ver en otro proyecto de ley, no lo discutiremos ahora- dice relación con el acceso. La gratuidad es relevante valóricamente, no es solo un problema instrumental. Se trata de que los talentosos de este país tengan la posibilidad de acceder a la universidad, de formarse, de aspirar a ser parte de la clase dirigente y de los constructores de este país con un rol mayor.
La educación superior debe transformarse en un derecho social y no en un factor de diversificación y de exclusión.
Esta demanda, que se instaló a partir del movimiento estudiantil, es fundamental: que la educación superior sea un derecho.
Yo quisiera que la salud, como discutíamos ayer, también fuera un derecho. No puede ser que en Chile los que no tienen plata estén liquidados. Debemos tener ciertos derechos universales, ciertos pisos, ciertas bases.
Por otro lado, el tercer cambio, que es muy importante, apunta a que necesitamos un nuevo sistema regulatorio del sector privado para que sea un colaborador, para que lo reconozcamos, para que haga su propio aporte, tenga su propia forma de actuar.
¿Y esto con qué objetivo? Para garantizar calidad, transparencia y solidez institucional.
No me parece aceptable que sigan existiendo universidades de las que el Estado tenga que hacerse cargo porque no son sólidas. No puede ser oscuro lo que en ellas ocurre. Con Laureate mi problema mayor -y lo he conversado con sus directivos- es que no es transparente. Ese grupo tiene una manera de generar lucro que debemos transparentar y enfrentar.
Pero, sobre todo lo anterior, calidad.
Para eso hagamos los ajustes necesarios en la Subsecretaría, la Superintendencia.
Yo no estoy por sobrerregular, pero tampoco por subregular. Tenemos que disponer de un sistema que asegure tres elementos: calidad, transparencia y solidez.
En cuanto el tema del financiamiento, que aquí se ha planteado, discutamos en serio. El Estado tiene que hacerse cargo de las universidades estatales -el modelo para asignar es otra cosa- y asegurar una columna vertebral.
Antes eran dos universidades; ahora son dieciocho. Todas están estructuradas como una red y deben fortalecer su capacidad de trabajar en red para cumplir su rol y relacionarse con otro tipo de universidades.
El Estado tiene que financiar a las universidades estatales y también contar con un sistema de financiamiento estudiantil, al igual que el que se viene delineando con la gratuidad, como concepto fundamental e ir avanzando de distinta manera.
Por último, una palabra sobre el CAE.
Perdónenme, colegas, pero el CAE en los cuatro primeros deciles -se lo digo a Alejandro Guillier quien está aquí presente- ya está pagado, porque lo compró el Estado. Todos los años el sistema del CAE le vende a la Tesorería aquella parte que tiene menos posibilidades de recuperar.
Por lo tanto, buena parte de los cuatro primeros deciles ya está pagada.
Entonces, no empecemos a generar imágenes distorsionadoras en los foros. Esa deuda ya está pagada. Lo que pasa es que hay que renegociarla con los estudiantes -como se ha propuesto- para ver su nivel de responsabilidad al respecto.
Asimismo, quiero puntualizar que, además de regionalizar -pues es muy importante tener una visión de territorio y pensarla ligada al Ministerio de Ciencia y Tecnología-, el financiamiento ha de considerar que la publicidad no es legítima.
No puede ser que la Universidad San Sebastián gaste en una, dos o tres páginas semanales en El Mercurio, con todo lo caro que es eso.
¡Y además financia a El Mercurio...!
Yo estoy de acuerdo en que las universidades hagan publicidad de sus conocimientos, de lo que producen, pero no en vender su nombre como un fetiche.
Ojalá la Universidad San Sebastián sea muy buena y muestre sus productos; sin embargo, no me parece que haga comercio y ponga los gastos publicitarios como parte de los costos que, además, se le cubren a través de todo el sistema.
Finalmente, ya termina mi tiempo, quiero apoyar totalmente este proyecto.
Creo que hay que perfeccionar muchos de los temas que ha planteado acá la Oposición, pero necesitamos un sistema de educación superior para los tiempos actuales, para pensar Chile y para encontrarnos hacia delante con la diversidad que tengamos.
¡Formar profesionales con más valores, con más espiritualidad, con más conocimientos para el tiempo que estamos viviendo y para el que viene en el futuro!
No podemos seguir con los ojos vendados cuando nos hablan de los niños y no sabemos nada; o cuando nos hablan del cambio climático y no sabemos nada, y de bastantes otros temas que...
El señor ZALDÍVAR, don Andrés (Presidente).- Concluyó su tiempo, señor Senador.
Dispone de un minuto más.
El señor MONTES.- Gracias, señor Presidente.
Necesitamos un mejor sistema de educación superior para hacer un Chile mejor, más integrado, menos desigual, y para que toda la riqueza y la potencialidad del país y de sus habitantes puedan expresarse en perfeccionar nuestro proyecto.
Lo peor es decir "Llegué a presidir la nación y todo se va a resolver", porque eso no es verdad, ni en lo económico ni en ninguna otra dimensión.
El Presidente de la República tiene que convocar a la nación, a las universidades, a los partidos y a sus organizaciones para construir un mejor país.
¡Ese es el tiempo en el que estamos!
Muchas gracias, señor Presidente.