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REPÚBLICA DE CHILE
DIARIO DE SESIONES DEL SENADO
PUBLICACIÓN OFICIAL
LEGISLATURA 365ª
Sesión 53ª, en miércoles 11 de octubre de 2017
Ordinaria
(De 15:22 a 19:42)
PRESIDENCIA DE SEÑORES ANDRÉS ZALDÍVAR LARRAÍN, PRESIDENTE,
Y GUIDO GIRARDI LAVÍN, VICEPRESIDENTE
SECRETARIO, EL SEÑOR MARIO LABBÉ ARANEDA, TITULAR
____________________
MODIFICACIÓN DE LEY N° 19.496, SOBRE PROTECCIÓN DE DERECHOS DE CONSUMIDORES


El señor MONTES.- Señor Presidente, yo, en general, en los proyectos de alto contenido jurídico, conceptual, trato de no intervenir: oigo y procuro aprender.
Pero me resulta sorprendente la resistencia que hay al daño moral colectivo. Porque una cosa es ver cómo se mide, cuándo corresponde y cuándo no, pero otra distinta es desconocer que existe. Por eso, me resulta sorprendente que no se identifique.
Me dicen que esto tiene mucho que ver incluso con la historia del daño moral en Chile. Costó muchas décadas poder incorporarlo en nuestra legislación.
Y el daño moral colectivo es algo bien evidente.
Mirando a tratadistas, encontré a un señor experto que dice: "Se afirma que el daño moral `es, por naturaleza, individual, esto es, ligado a la subjetividad (espiritualidad) de cada damnificado'. No obstante, aun entendiendo al daño moral como perjuicio espiritual, éste puede afectar no sólo valores aisladamente subjetivos, sino también los que se comparten con otros sujetos, ya que la sociabilidad es una dimensión de la espiritualidad de la persona humana; por eso se reconoce un `matiz social' en el daño moral".
O sea, ¡esto de acusar de colectivismo...!
Hay grupos de personas que resultan afectadas. Basta ver lo ocurrido con el terremoto. Los edificios que se cayeron no solo produjeron un problema patrimonial; también significaron un inmenso daño a un conjunto de personas.
Otra cosa -insisto- es cómo se mide, otra cosa es qué le corresponde a cada uno. Pero de que hay daño moral colectivo cuando han reventado bombas en determinados sectores, lo hay. Existe un conjunto de ejemplos que permiten afirmar que una cosa es el daño patrimonial y otra el daño moral, que una cosa es el daño moral individual y otra cuando se producen efectos colectivos.
A propósito del "matiz social" en el daño moral, el mismo tratadista sostiene: "Ello es así tanto en perjuicios individuales (como cuando se perturba la vida de relación o el equilibrio social de una persona) como en perjuicios grupales stricto sensu. La repercusión negativa en la subjetividad de los afectados no significa un necesario impacto psíquico sino, más ampliamente, un defecto existencial en comparación con la situación precedente al hecho, sea en la existencia aislada de las personas, sea en su vida comunitaria". Ambas vidas pueden ser afectadas: la individual y la comunitaria.
Y continúa: "Por consiguiente, el daño moral no se reduce a la alteración disvaliosa del bienestar psicofísicode una persona, sino que se proyecta, además, a la del bienestar espiritual y social de un grupo de personas; es decir, a un defecto existencial colectivo. Se distingue así el daño moral individual por perturbación de la sociabilidad de una o más personas, del daño moral colectivo por lesión de intereses valiosos gozados indivisiblemente por los miembros de un grupo humano".
En fin, no voy a entrar en más detalles, pero conceptualmente hay una discusión. Y la verdad es que yo no daría por hecho que esta discusión altera en lo esencial el daño moral.
Hay daño psíquico, hay daño espiritual, tanto individual como colectivo. Tienen efectos distintos.
Yo llegué a los edificios que se cayeron o quedaron ladeados después del terremoto, y en realidad era algo impresionante. No solo se advertía una pérdida de patrimonio; había personas que quedaron marcadas para toda su vida. Y los juicios no operaron como debieron haberlo hecho, significativamente.
Cuando en el Congreso Nacional se discutió la creación de las acciones colectivas, se dieron muchos argumentos en contra, exactamente en los mismos términos en que los han planteado el Senador Coloma y otros colegas.
¿Qué dijo la Cámara Nacional de Comercio? En muchas oportunidades hizo ver en el debate la inconveniencia de introducir en Chile este tipo de juicios, que solo conducirían a la llamada "industria del litigio" -tal como señaló un señor Senador-, en contra de grandes empresas, situación que ha resultado en un inescrupuloso negocio en otros países.
La experiencia demuestra que nada de ello ocurrió con las acciones colectivas y buena parte de los proveedores cumple con la ley. El problema, lamentablemente, es cuando ello no sucede y son muchas las personas afectadas. ¿Se quiere un juicio para cada una de ellas, cuando claramente el efecto espiritual, psíquico, no es solo patrimonial e individual, sino también colectivo? Cuando no hay instrumentos para defenderse en estas situaciones, se tiende a incentivar acciones que pueden terminar afectando a numerosas personas.
Estamos frente a un mecanismo que es básicamente preventivo, para inducir a que no se cometan conductas que afecten a individuos o grupos de individuos.
Se ha dicho que esto es muy central. Y es como del abecé en la defensa de los consumidores, que a veces sufren daño colectivo, además del daño patrimonial e individual.
Por eso, sería bueno que lo repensáramos.
He dicho.

El señor MONTES.- Señor Presidente, quiero responder a ciertas aseveraciones que a mi juicio no son exactas.
En primer lugar, le señalo al Senador Prokurica que a veces uno reconoce que no maneja ciertos temas y prefiere no hablar. Y pienso que otros en ciertas ocasiones tendrían que hacerse alguna autocrítica, ¡porque a veces este es un daño moral colectivo también...!
Yo siempre oigo al Senador Espina, y lo respeto. ¡Pero que venga a decir que el daño moral viene de 1800 y tantos! Averigüé, y recién en 1922 la Corte Suprema, en su jurisprudencia, reconoce y valora los daños extrapatrimoniales. O sea, ¡recién en 1922, tal como lo saben todos los especialistas en la materia!
El Senador Espina sostiene con mucha propiedad que esta figura viene de 1850. Yo por lo menos quería precisar que el colega a veces se equivoca.
En segundo lugar, en este debate sobre el daño moral colectivo claramente hay dos discusiones.
Una es conceptual: ¿existe o no el daño moral colectivo? Es evidente -y hay miles de ejemplos- que sí existe. Otra cosa es el problema y la dificultad práctica -al respecto, comparto lo que han dicho algunos Senadores- para medirlo, para cuantificarlo, para diferenciarlo.
Hay un problema práctico, efectivamente.
Sin embargo, en muchos casos existe el daño moral, especialmente en urbanismo, en cuestiones ambientales. Hay campos en los cuales esto se da con más fuerza.
Entonces, a mí me parece interesante abrirnos a este debate, a reconocer realidades, a reconocer problemas. ¡Ciento cincuenta años nos demoramos acá, en Chile, para reconocer el daño moral individual!
Ahora estamos empezando esta discusión. Me parece muy bien que se dé en el marco de este proyecto. Sé que va a ser difícil para los jueces. No es llegar y aplicarlo. Nadie ha dicho que se debe diferenciar la medición del daño moral colectivo. Pero, en fin. Ese es un aspecto más bien procesal al cual no quiero entrar.
Simplemente, quiero puntualizar que existe el daño moral colectivo. Y también hay dificultad para medirlo y establecer la indemnización correspondiente.
Esta normativa representa una manera de desincentivar la violación de los derechos de los consumidores, de evitar que se transgredan ciertas normas que protegen a los consumidores en varias dimensiones, y no una forma de castigar a nadie. Se trata de prevenir, de desincentivar.
Gracias, señor Presidente.